Auge, la incubadora de la UCR, se abre camino en el sistema de emprendimiento del país

Aún no tienen oficinas propias, pero eso no ha sido obstáculo para que la incubadora de la Universidad de Costa Rica, Auge, haya presentado 12 proyectos al primer concurso por capital semilla, cuando apenas supera sus primeros siete meses de operar.

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Marianela Jiménez

La convocatoria al primer concurso por capital semilla del Sistema de Banca para el Desarrollo, mostró los primeros frutos de la más reciente incorporación universitaria a la Red Nacional de Incubadoras y Aceleradoras, con la presencia de 12 proyectos avalados por Auge, la incubadora de la Universidad de Costa Rica (UCR), que se aplicó para tener listas las iniciativas a pesar que apenas en noviembre pasado inició funciones.

“Que las otras universidades lo hayan hecho empezó a generar cierta presión de los estudiantes que también querían  esa opción”, comentó a Pymes El Financiero, Luis Alonso Jiménez, director de la Agencia Universitaria para la Gestión de Emprendimientos (Auge).

Explicó que la UCR dio un primer paso en 2005 con Proinnova, una unidad creada para apoyar la investigación mediante la identificación de propiedad intelectual “valiosa”, que procedía a proteger y a encontrar posibles interesados en adquirir el producto. Sin embargo, cuando el creador de ese producto quería desarrollar su propia empresa, no tenía opción.

Entonces la universidad comprendió que el siguiente paso natural era abrir la incubadora, lanzada en noviembre del año pasado iniciando con 20 proyectos “de forma experimental, porque queríamos probar nuestra propuesta de organización, para ver si funcionaba como nos imaginábamos”, recordó Jiménez.

La visión va más allá, pues la idea es fomentar una red llamada UCR Emprende y para la cual algunas escuelas ya van adelantadas, como la de Administración de Empresas, así como  Agronomía y Tecnología de Alimentos.

“Vamos orientados a un cambio, ya que los emprendimientos actuales son muy unidisciplinarios y no son tan profundos, por eso queremos propiciar relaciones multidisciplinarias. La ventaja que es ahora hay conciencia institucional del emprendimiento interno, ya sea tecnológico, social, lo que sea, pero es sea interesante para cualquier unidad académica”, resaltó el director de Auge.

Con la convocatoria al concurso por capital semilla, que abrió en abril y cerró el 11 de junio, Auge decidió participar y “acelerar” varios proyectos que ya tenían en incubación y otros “más maduros” que aceptaron específicamente para optar por los fondos. Al final, lograron presentar 12 iniciativas, entre esas Topotrip.co, del ingeniero industrial Omar Castillo y, “Circo de Pulgas”, de Studio Flex (animación digital).

Con ese paso cumplido, ahora Auge se prepara para abrir sus puertas de forma pública en agosto, cuando además estarán recibiendo proyectos de forma permanente, no por convocatoria o concurso pero si bajo el requisito de que deben estar vinculados a la universidad, ya sea que son ideas de estudiantes, funcionarios, profesores, graduados y hasta de las escuelas o centros de investigación de la UCR. 

Las oficinas de la incubadora operan en convenio con el centro de negocios Intus en Curridabat y también por convenio con Fundevi de la UCR, manejan sus recursos financieros.

“La UCR pone personal fijo y Fundevi el presupuesto, eso permite un manejo más ágil de los recursos” que en este momento alcanzan unos ¢50 millones, dijo Jiménez, al resaltar que algunos estudiantes de sedes regionales que han estado en la incubadora, pasarán a convertirse en los representantes de Auge en alguna de las casi 10 sedes que tiene la UCR por todo el país.

Aparte de su personal, la agencia cuenta con un Consejo Consultivo formado por cinco miembros de la UCR y cuatro que son externos, quienes son los encargados de decidir qué proyectos avanzan a la incubación intramuros.

Auge ofrece cuatro fases, representadas por distintos colores y donde las dos primeras son extramuros:

Fase Azul: es la fase de clarificación de la idea, para lo cual ejercitan el presentar en un minuto de qué trata el proyecto, para eso además la explicación de cada proyecto se hace en un “tweet”, por ejemplo, Topotrip.co, la idea de Castillo se resumen en: una plataforma web para turismo alternativo vivencial, que permite reservación de estancias y actividades auténticas en comunidades rurales.  En esta etapa mantienen seis proyectos.

Fase Amarilla: se desarrolla la capacitación para que el emprendedor sea capaz de desarrollar un modelo de negocios, donde usan la metodología Canvas. Luego presentan la idea a una triada conformada por un asesor externo y otro interno del Consejo y el director de Auge. En esta fase hay 11 proyectos.

Al concluir esta fase y seguir a la siguiente, los planes deben pasar por otra evaluación del Consejo Consultivo, donde presentan un plan de trabajo para el año que tardaría esa fase. “Esto es como decir: manos a la obra, se crea un prototipo del producto y se prueba para mostrar que el asunto tiene mercado y se puede presentar ante empresas o inversionistas”, detalló Jiménez.  

Fase Verde: si se determina que el proyecto va bien, se firma un contrato para la incubación intramuros que otorga al menos $3.000 para producir un prototipo o producto viable, aunque Jiménez indicó que el monto dependerá de las características de cada proyecto. “Tratamos de acelerar el emprendimiento para saber si el asunto funcionará, que si va a fallar, que falle rápido”, agregó. En esta etapa Auge mantiene otros 11 proyectos.

Fase Roja: es la última y establece una futura retribución a Auge que y no necesariamente será en dinero, sino que se podría negociar incluso donando servicios a la incubadora, por ejemplo, si una empresa de animación digital como Studio Flex terminó su incubación, luego podría ayudar con la elaboración de un animado para algún servicio de salud que se está incubando. “Es crear una relación entre las empresas, una comunidad, porque no queremos que los planes incubados se vayan, sino que sigan por ejemplo como mentores o que incluso generen nuevas ideas de negocios”, apuntó Jiménez.

Auge pretende funcionar de una forma muy práctica, “construyendo lo que el emprendedor necesita” que además ofrece la posibilidad de una “vía rápida” cuando el proyecto llega “más maduro, no tendría sentido hacerlo pasar por las fases azul y amarilla”, acotó el director, quien resaltó que el objetivo de la incubadora es que haya una vinculación permanente entre los estudiantes, los funcionarios y los egresados.

Aunque el programa de mentores estará abierto a partir de agosto, los interesados pueden solicitar información a los teléfonos 2511-1334 o 2527-5101.

Las historias de Studio Flex y Topotrip.co

Estos dos casos muestran los diferentes tipos de emprendimientos que recibe Auge. En el caso de Studio Flex, se trata de una empresa establecida que ideó la serie animada “Circo de Pulgas”. Ese es su emprendimiento, que ingresó a Auge por la llamada “vía rápida” ya que el objetivo era preparar la propuesta para concursar por capital semilla, explicó Roberto Guillén, uno de sus socios.

“Circo de Pulgas” sería la segunda serie animada de Studio Flex, pero la primera propia pues sus productos por lo general son encargos para clientes. El piloto de la serie fue presentado en el Kidscreen 2013 en Nueva York y recibió mucho interés de distribuidores interesados en colocar el producto final. Entonces la empresa busca fondos para poder realizar los 52 episodios que requerirán un año de trabajo y unos 2 a 40 profesionales involucrados.

“Somos artistas, informáticos, diseñadores, y no empresarios. Por eso necesitábamos esa guía, por ejemplo en el tema de propiedad intelectual y en el financiamiento, porque nosotros hemos buscado y no encontramos y hasta hemos sido torpes de recurrir a algunas como las tarjetas de crédito”, reconoció Guillén.

Al contrario, Topotrip.co es un emprendimiento que arrancó de cero y que espera atraer a viajeros mundiales que se interesan por tener experiencias vivenciales en comunidades campesinas. “Entendimos que no hay una oferta aunque existe en algunas comunidades, pero sin salir al mercado”, resaltó Omar Castillo, su impulsor.

El empezó a gestar su empresa tras visitar la comunidad de Providencia, en la zona sur del país, donde una sola señora, que posee una una finca que produce cientos de productos para autoconsumo, ya ha recibido la visita de unas 3.000 personas en tres años.

Este emprendimiento es calificado como una empresa social, ya que genera lucro a partir del beneficio de un sector o comunidad, donde la gente incluso también se vuelven empresarios, con su oferta de servicios.