MUJER EMPRESARIA

Ella creó su propia empresa, tras el cierre de aquella en la que trabajaba

En el 2012 fundó el negocio Grapas San José.



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Mercedes Valverde Zúñiga trabajó varios años como gerenta financiera de una empresa industrial que se dedicaba a la producción y venta de alambres y grapas.

Sin embargo, por una serie de problemas financieros, la empresa cerró y los empleados –muchos mayores de 40 años- se quedaron en la calle, sin recibir sus prestaciones laborales, incluida ella.

Por meses, la situación económica no pintaba nada bien para esta trabajadora y sus compañeros.

“Hubo mucho desconcierto, además de los años, uno tiene compromisos económicos,  no solamente eso, yo también tengo a mis hijas, tengo una hija pequeña...”.

“Yo tenía tres meses de salarios caídos, de vivir solo con tarjeta y mis compañeros también, cero prestaciones de nada”, recordó.

Aunque tenía la experiencia y los conocimientos, ¿a dónde se iría a trabajar? ¿Quién la iba a contratar con 47 años de edad, en un mercado laboral que tiende a restringir las oportunidades para personas mayores de 40?

Estas fueron algunas preguntas que se hizo Valverde.

Su respuesta fue contundente: usar lo que le quedaba de dinero y pedirle préstamos a amigos, a familiares, acudir a prestamistas particulares y crear su propia empresa de grapas y alambres.

Con el apoyo de todas estas personas y con mucha determinación, la compañía se ha ido construyendo.

El camino no ha sido nada llano: Mercedes ha tenido que enfrentarse a la burocracia, a la tramitomanía y a los altos costos de emprender.

“La vida del empresario es que usted empieza a las seis de la mañana y no sabe a qué hora va a terminar y es corrido: sábados y domingos. Es saber que probablemente esta semana usted pagó sueldos y a usted no le quedó nada, esa es la realidad. Los primeros años son muy duros”, contó.

Luego de tres años de existencia, su empresa sigue en pie y hasta exporta a América Central  y a República Dominicana, gracias a la incorporación de un socio con conocimientos en exportaciones.

El inicio de la aventura

La empresa se estableció en el 2012 con el nombre Grapas San José y contrató a algunos empleados de la anterior compañía en la que Valverde trabajaba.

Inició sus operaciones en Pavas, pero decidió trasladarse hasta Guápiles, donde los costos para funcionar son menores que en otras áreas del país, según comprobó. Sus oficinas administrativas se ubican en Heredia.

En Guápiles,  con el dinero que pudieron prestarle  (no en una entidad bancaria, pues no ha logrado que le den financiamiento) adquirió un terreno y allí se construyó la planta de producción.

“Guápiles es una zona que se perfila con alto crecimiento y de las cosas que yo creo que me da más satisfacción es pensar que, aunque sea un granito de arena, uno está dando trabajo en una zona donde realmente el trabajo es muy escaso”.

La empresa vende grapas, clips y alambres para uso industrial, semi industrial y en oficinas.

Algunos de sus clientes son Irex, Mabe, Fesa y empresas que exportan productos agroindustriales, así como mueblerías.

El principal reto de esta empresa es obtener financiamiento bancario para poner en marcha una serie de proyectos, que les posibilitaría contratar a más empleados y llegar a tener hasta 60, según proyecciones de la propietaria.

Uno de los planes es darles trabajo a más mujeres, especialmente a jefas de hogar.  Actualmente,  de 15 trabajadores, ocho son mujeres, incluida ella y su hija Lucía Alfaro, quien es su asistente y representa a la empresa en algunas de sus actividades.

Existe un proyecto que le daría empleo a las privadas de libertad de la cárcel El Buen Pastor para que empaquen clips y otros productos.

“Nosotros daríamos el producto, dejamos el empaque, recogemos y pagaríamos lo que cada una hizo. Eso les generaría ingresos para sus familias”, vislumbró Valverde.

Otro de sus planes es certificar a la empresa según normas de calidad internacionales, para la cual cuentan con la asesoría de un ingeniero.

Son muchos los sueños e iniciativas de esta empresaria, pero ella insiste en que requiere el apoyo bancario para que su negocio siga creciendo.

Por ahora, sigue tocando las 'puertas, ventanas y techos' de diferentes bancos, a la espera de que alguno la escuche y responda afirmativamente a su llamado.