Columna Scientia: Cooperación y naturaleza humana


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¿Qué determinó que los humanos nos convirtiéramos en la especie que por primera vez en la historia de la Tierra llegara a dominar el mundo?

Hace unos 70.000 años éramos una especie casi insignificante, por el tamaño de su población y su influencia en el entorno. Un pequeño grupo de cazadores-recolectores que luchaba por sobrevivir en un rincón de las sabanas de África. Para la naturaleza, muchos otros seres vivientes –como los insectos o las aves– eran en realidad más importantes que el Homo sapiens . Ahora somos la especie que controla el mundo, y de ella depende el futuro de la vida en este planeta, incluida la nuestra.

Autoridades científicas como Yuval Noah Harari o Michael Tomasello han llegado a la conclusión de que el factor determinante es que somos la única especie animal capaz de cooperar con gran flexibilidad y en grandes números, aún sin conocernos. Pero la cooperación no es una característica únicamente nuestra. En la naturaleza existen numerosos ejemplos de cooperación entre grupos numerosos de individuos, como las hormigas y las abejas. No obstante, sus patrones son muy rigurosos, poco flexibles. La cooperación entre orcas, lobos o chimpancés es más flexible pero más limitada a individuos, pues depende de cuán bien se conozcan entre ellos, sea individualmente o en manadas.

Además, la cooperación entre animales tiene la particularidad de girar sobre asuntos objetivos, tangibles, no abstractos. Por ejemplo, la obtención de comida o la defensa. Eso lo hacemos también los humanos.

La diferencia, según Harari, es que solo los humanos podemos crear ideas o conceptos intangibles, como leyes o religiones , y divulgarlas ampliamente, convenciendo a miles o millones de individuos que no se conocen entre sí pero que pueden compartir esa creencia. En la medida en que todos crean en esa idea o ficción, obedeceremos las mismas leyes y, por lo tanto, podremos cooperar eficazmente.

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