Monedas digitales sirven para evitar reglas de enriquecimiento

En varias partes del mundo muchos emprendedores crean sus propias monedas para financiar proyectos, incluso mucho antes de que exista un producto o servicio concreto para ofrecer a los eventuales inversionistas

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Una nueva cosecha de emprendedores en tecnología está renunciando a las formas tradicionales de recabar fondos. Los empresarios no están exponiendo sus proyectos a capitalistas de riesgo, vendiendo acciones en ofertas públicas iniciales ni recurriendo a sitios web de financiamiento masivo como Kickstarter.

Más bien, antes incluso de tener un producto funcional, crean su propia divisa digital y venden “monedas” en la Web, con lo que a veces recaudan decenas de millones de dólares en cuestión de minutos.

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La idea es que, una vez que los productos estén listos, las divisas –con nombres como BAT, Mysterium y Siacoin– podrán cambiarse por servicios como almacenamiento de datos y acceso anónimo a Internet, además de que podrían apreciarse entre tanto.

¿Sin regulación?

Llamada oferta inicial de moneda, esta reciente tendencia en recaudación de fondos en línea ha hecho más fácil que nunca que los emprendedores obtengan grandes sumas de dinero, sin tener que vérselas con las molestias de reguladores, protecciones de inversionistas y contadores.

Desde principios de año, 65 proyectos han recabado $522 millones en estos productos, según Smith & Crown, firma de investigación dedicada a la nueva industria.

Es una forma superficial, descontrolada y sin ninguna regulación de financiar emprendimientos, lo que ha dejado atónitos incluso a veteranos observadores de la industria.

“Es como cuando eras niño y de algún modo sabías que te ibas a salir con la tuya”, comenta Chris Burniske, analista de la industria en ARK Invest. “No va a durar para siempre pero mientras tanto es divertido. El espacio está aturdido por ahora.”

En mayo, un pequeño equipo de ingenieros en computación de Lituania recaudó $14 millones en 45 minutos, vendiendo una moneda, llamada Mysterium, que les dará a sus dueños acceso a un servicio de datos cifrados en línea que todavía se está construyendo.

Al día siguiente, un grupo de programadores del área de la Bahía de San Francisco obtuvo $35 millones en menos de 30 segundos de recaudación en línea. Los programadores estaban ofreciendo “vales de atención básica”, que algún día funcionarán en un nuevo tipo de navegador web libre de anuncios.

En junio, un equipo de Suiza recabó unos $100 millones para una moneda que se utilizará en un programa de chat en línea que todavía no ha sido publicado, llamado Status.

Los proponentes de las ofertas iniciales de divisas las consideran una innovación financiera que les da poder a los desarrolladores y a los primeros inversionistas, la oportunidad de participar en las ganancias de una empresa nueva y exitosa.

Sin embargo, donde algunos ven una nueva forma de financiamiento colectivo para proyectos en línea, los críticos ven un fenómeno que se presta a abusos y que, en muchos casos, viola las leyes de valores de Estados Unidos.

“Explota y abusa la gente inversionista”, comentó sobre las ofertas Preston Byrne, abogado de tecnología especializado en divisas virtuales.

El año pasado, la primera oferta gigantesca de monedas, la Organización Autónoma Descentralizada, recaudó rápidamente más de $150 millones. Pero el proyecto fracasó pues un pirata manipuló el código y robó más de $50 millones en monedas digitales. Desde entonces, muchos otros proyectos han sido llamados fraudes.

Entre la gente que ha puesto su dinero en este fondo está Pete Sussman, de 27 años de edad, desarrollador de software de St. Louis Missouri, en una compañía llamada Fusion Marketing.

Pete Sussman, desarrollador de software, (al frente) y sus compañeros en la empresa Fusion Marketing en la ciudad de San Louis, Missouri,se dedican a analizar posibilidades de inversión en monedas virtuales. Sussman inició con un aporte de $800 y ahora maneja más de $200.000 . ( WHITNEY CURTIS/NYTMK PARA EF)

Sussman empezó con unos $800 en Bitcoin, que ganó vendiendo arte y artículos de blog en línea. Usó sus Bitcoin primero para invertir en un proyecto llamado BitShares. Después compró la divisa virtual de Ethereum, llamada Ether. El año pasado, a medida que se disparó el valor de Ether, Sussman obtuvo una ganancia de 1.000% respecto de su dinero original.

En marzo usó su dinero en Ether para comprar una nueva moneda virtual llamada GNT, que fue creada como parte de un proyecto llamado Golem. En los últimos meses, el valor de GNT se ha disparado en 3.000%, lo que pone el valor de las divisas digitales de Sussman en más de $200.000.

Además de GNT, otras de las nuevas monedas, como Ark, Antshares y Spectrecoin, se han apreciado en más de 6.000% desde su emisión.

Sussman también ha pasado malos tragos en esta jornada, como la vez en que le envió monedas Ether, que ahora valdrían $100.000, a un estafador que inventó una falsa dirección digital de una oferta de otras divisas.

“Yo estaba trabajando. Fui al baño y traté de vomitar la bilis pero no pude”, revela Sussman. “Después de poco tiempo me fui a casa a estar de malas.”

Cuando les comentó su experiencia a sus compañeros de trabajo, estos no trataron de desanimarlo de sus inversiones. Más bien se entusiasmaron por esta nueva tendencia. Ahora, una media docena de sus colegas, e incluso su jefe, tienen una sala de chat donde analizan posibles inversiones en monedas virtuales.

Forma de financiamiento

Los proyectos en que se venden monedas vienen de muchas formas. Algunos son emprendimientos directos, que diseñan su moneda como acciones, con la promesa de pagar dividendos si le va bien a la compañía. Otros son imitaciones de Bitcoin y Ethereum, divisas que los inventores venden en forma anticipada, antes de lanzarlas al público.

Pero la mayoría de los proyectos más prominentes no son emprendimientos tradicionales. Más bien, los programadores están creando servicios en línea similares a Wikipedia, que tienen la intención de ser código abierto sin ser propiedad de nadie.

Las monedas serán la forma de pago interno de esos servicios una vez que estén en marcha: pagar por potencia de cómputo en caso de Golem, por almacenamiento de archivos en un proyecto llamado Storj. La venta de las monedas sirve para compensar a los programadores.

Pero por ahora, hay varios proyectos que han recabado millones de dólares sin siquiera tener una línea de código para probar. Y debido a la falta de protección de los inversionistas, los proyectos son vulnerables a los caprichos de los emprendedores, que podrían desaparecer con las divisas digitales recogida tan rápidamente.

Al menos para algunos inversionistas, como Sussman, la posibilidad de sufrir grandes pérdidas es el otro lado de las grandes ganancias y es parte del atractivo.

“Esto muy como en el Viejo Oeste”, asegura. “Es muy fácil meterse en situaciones en las que le podemos enviar cosas a un timador muy fácilmente, y no tenemos ningún recurso. Pero eso es también parte de su belleza.”.

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