Columna Scientia: ¿Somos suicidas?


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Hablando de la seriedad del problema ambiental que enfrenta la humanidad y de la debilidad de las reacciones para abordarlo, a pesar del abundante conocimiento y evidencia científica de sus causas y consecuencias, el papa Francisco expresa en la encíclica Laudato si (Art. 55): “Si alguien observara desde afuera la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida”.

Esa preocupación de que seamos suicidas es vieja. En 1993 el destacado biólogo Edward O. Wilson publicó un ensayo titulado “¿Es la humanidad suicida?” Su conclusión es que no.

Es claro que para poder hacer los complejos cambios que se requieren en el modelo de desarrollo y evitar males mayores, debemos vencer problemas técnicos formidables. También, y sobre todo, es un enorme problema ético, de comportamiento. La encíclica es enfática en este punto.

En una reciente publicación (MAHB, feb. 2015), Gerald Aldry analiza cómo ciertas tendencias de comportamiento humano a las que nos aferramos han bloqueado los esfuerzos para encauzarnos hacia un futuro sostenible.

Aldry considera que hemos fallado en reconocer que nuestros propios patrones de comportamiento son la raíz del dilema al que nos enfrentamos, creyendo erróneamente que “montañas” de evidencia científica harían la diferencia. En otras palabras, el mensaje de “peligro” no ha sido enviado de manera que incida en los propulsores del comportamiento humano.

La raíz del problema parece estar entonces en el cerebro. Tenemos tendencias de comportamiento subconscientes que nos sirvieron muy bien en los períodos tempranos de nuestro desarrollo como especie.

Ahora esas tendencias que nos atan, entre otras cosas, al modelo de desarrollo basado en el capitalismo y el crecimiento económico, son las que nos impiden enfrentar los serios problemas ambientales que ya estamos viviendo en todo el mundo.

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