Por: Juan Carlos Sánchez 19 abril, 2014

Ciencia y tecnología son dos campos en los que el país no debe fallar; constituyen los fundamentos de la nueva economía, de sus procesos de producción y de la cadena de valor de las más avanzadas empresas. En ellos se gestan oportunidades de encadenarse en las redes globales de valor de las multinacionales y de participar con ventaja en esta nueva articulación internacional de la producción. Es vital ofrecer talento, bienes y servicios en ciencia y tecnología.

Muy recientemente el país conoció, con una especie de shock, la decisión de Intel de trasladar la manufactura de la planta en Belén a Asia, buscando competitividad global. Como lo dijo el gerente general: “No había nada que se pudiera hacer”. Ciertamente, las causas de la decisión no son nacionales.

A la par del trágico desempleo causado, ha ocurrido algo importante, que hace que esta sea también una prueba de competitividad nacional. Intel también decidió continuar en Costa Rica con las divisiones de servicios globales e ingeniería, que incluye el diseño. Estas nuevas divisiones en la planta de Belén se crearon porque el país pudo ofrecer el talento necesario, superior al que requiere la manufactura. Vemos que la calidad de nuestros ingenieros es crucial para la competitividad del país frente a Asia, Latinoamérica y Europa del Este. Sólo Intel y HP emplean a más de mil ingenieros en labores de investigación.

Debemos mejorar esta ventaja competitiva. La formación, calidad y especialización de nuestros ingenieros, másteres y doctores para investigar en ciencia e ingeniería es la ruta. Cada vez más, en los años venideros, veremos las oportunidades y sentiremos las presiones para ofrecer el talento competente para labores de investigación científica en ciencia e ingeniería. La demanda ya emergió y su empleabilidad actual es muy alta, dada su escasez mundial. La decisión de Intel retrata de cuerpo entero esta oportunidad.