Por: Juan Carlos Sánchez 21 diciembre, 2013

El neologismo ‘nini’ designa a aquellas personas jóvenes que, por decisión propia, ni estudian ni trabajan; ahora incluye a los que han terminado estudios y no consiguen trabajo. En Costa Rica hay muchos jóvenes que desearían estudiar y (o) trabajar, pero que no lograron admisión a las universidades públicas (con beca) o carecen de medios para costearse la educación superior o de las cualificaciones para trabajar.

El desempleo juvenil es una de las mayores preocupaciones contemporáneas. Costa Rica ha comenzado a atender el problema frontalmente: la administración de Laura Chinchilla ha creado el programa Empléate, que otorga becas para que jóvenes puedan prepararse en carreras cortas que les cualifican laboralmente, ha negociado con empresas privadas la apertura de opciones laborales y ha creado, como ningún gobierno precedente, más Colegios Técnicos Profesionales (CTP) que ofrecen especialidades de alta demanda laboral.

Necesitamos trabajar más el lado de la demanda: crear un sistema de formación profesional dual que emule al de los países germánicos, más allá de las prácticas de los CTP, el TEC, Cenfotec e INA. Esto requiere que los empleadores ofrezcan espacios para aprendices, con la guía responsable de mentores. Son estudiantes que experimentan de manera incremental el trabajo en empresas, pero no son empleados asalariados normales.

Esto implicará crear o adecuar las leyes de trabajo y seguridad social: registrar la categoría del ‘sí-sí’, el joven que trabaja y estudia simultáneamente, con jornadas parciales de trabajo-aprendizaje, que se intercalan con sesiones de estudio formal en instituciones de educación superior. Un tiempo en la empresa, un tiempo en la U. El estudiante-aprendiz no debería tener las cargas sociales de un empleado normal, pero sí estar cubierto por seguros de salud y riesgos laborales. Les dejo el reto.