Por: Juan Carlos Sánchez 22 noviembre, 2015
 Columna Scientia: Innovación emprendedora
Columna Scientia: Innovación emprendedora

Según el Banco Mundial, una economía basada en el conocimiento es aquella en la cual el conocimiento es creado, adquirido, transmitido y usado más efectivamente por empresarios, organizaciones, individuos y comunidades, para alcanzar un mayor nivel de desarrollo económico y social.

Las empresas de hoy se diferencian y compiten cada vez más por su capacidad de innovación, la cual se deriva del conocimiento. ¿Puede un país como Costa Rica incorporarse en la economía basada en conocimiento?

Hace 13 años, una obra editada por Ricardo Monge y Oswald Céspedes exploró diversas facetas del grado de preparación que tiene Costa Rica para que el conocimiento se convierta en el principal factor de la producción y de los elementos de la calidad de vida de sus ciudadanos.

Allí se propuso un marco para la formulación de políticas públicas que favorezcan el desarrollo de una economía basada en el conocimiento en Costa Rica, así como el planteamiento de acciones estratégicas conducentes al desarrollo económico y social del país, donde el conocimiento, la tecnología, la apertura económica, la equidad y la competitividad sean factores cruciales.

Para transformar su economía hacia una basada en el conocimiento, Costa Rica debe aprovechar sus logros del siglo 20 en educación y salud, que le dan algunas características de calidad de vida comparables con las de países desarrollados.

El impulso de cobertura de la educación debe acompañarse con uno de perfeccionamiento de la calidad que dé orientación estratégica a la formación postsecundaria. Hoy tenemos claras brechas en cantidad, diversidad y calidad de personas con estudios en carreras tecnológicas y científicas.

Sin una reforma educativa, que tome en serio la formación del joven en alguien que desarrolle plenamente sus capacidades intelectuales y creativas no habrá sociedad del conocimiento. Sin cacao no se hace chocolate.