Desconfianza: un daño irreversible para el Micitt

Discordia avivió crisis en el Micitt

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La voz de Gisella Kopper se escucha reposada al teléfono. La todavía ministra de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones será jerarca durante unos pocos minutos más. “Estoy escribiendo la carta de renuncia de inmediato”, dice sin titubear.

Es viernes 10 de abril y hoy, Kopper comienza a pagar la factura política que le dejaron meses de tensión entre ella y el viceministro de Telecomunicaciones, Allan Ruiz.

El desgarro se abrió en carne viva esta semana, a raíz del proyecto de ley de radio que el Micitt está comprometido a presentar en julio ante la Asamblea Legislativa.

“¿Había perdido usted la confianza en Allan Ruiz?”, pregunto. La ministra guarda silencio un par de segundos y responde que sí, que desde hace meses, pero que estaba intentando arreglarlo. No lo logró.

Ese fracaso culminó la semana pasada en Casa Presidencial, con Allan Ruiz aceptando que no leyó el documento de la ley de radio antes de enviarlo a consulta pública.

Ella sí lo leyó, acepta ahora, pero no se fijó “en los detalles técnicos” porque “el experto era él (Allan Ruiz)” y ella confiaba en que él lo había leído.

Ese río de desaveniencias, resentido también por los integrantes del sector, desembocó en un cisma que le costó el puesto a ambos.

Es, también, la culminación de un año de pequeños incendios que alzaron llama desde el inicio de la administración y se esparcieron durante 11 meses.

El recuento

Las fisuras entre ministra y viceministro se evidenciaron en una dinámica de indecisión.

Para Luis Amón, vicepresidente de la Cámara de Tecnologías de la Información y la Comunicación (Camtic), y Elías Soley, especialista legal en telecomunicaciones, existía apertura por parte de ambos jerarcas, pero al final del día no se tomaban resoluciones concretas.

“Allan Ruiz no solo tenía buenas intenciones, sino el conocimiento, pero no podía aprobar nada que no pasara por la jerarca, y ahí se pegaban los proyectos”, comentó Amón.

Hannia Vega, exviceministra de Telecomunicaciones, también reclama la falta de liderazgo.

El ejemplo más evidente sucedió en junio del 2014, cuando la Superintendencia de Telecomunicaciones (Sutel) promovió una controversial propuesta de cobro por descarga para Internet móvil pospago.

Allan Ruiz dijo a los medios de comunicación que el Micitt apoyaba la propuesta, pero el proyecto recibió tal aluvión de críticas, que fue Kopper quien tuvo que comparecer ante la Sala Constitucional para aclarar la posición del Ministerio.

También debieron salir a aclarar su intención cuando el documento borrador del Plan Nacional de Desarrollo de las Telecomunicaciones, establecía 2 mb de velocidad como “banda ancha” y a los especialistas les pareció una medida demasiado tímida.

Ese plan recibió 135 observaciones desde las diferentes cámaras. Debía quedar listo desde febrero, y hoy sigue a la deriva.

Con la ley de radio, la salsa se bailó al mismo ritmo: enviaron un documento a consulta que unió a todos los sectores en su contra y luego debieron salir a retractarse. Esta vez, sin embargo, ya era demasiado tarde para tratar de apagar el polvorín.

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