Por: Krisia Chacón Jiménez 16 septiembre

La industria automotriz está al frente de una agitada carrera en la que su apuesta es cambiar o dejar que el mercado lo arrastre al abismo.

La economía colaborativa que invita a compartir vehículos y las políticas cada vez más estrictas para el uso de combustibles fósiles, le están provocando dolores de cabeza a un sector que tiene la etiqueta de ser uno de los más contaminantes del mundo.

El Salón del Automóvil de Fráncfort, Alemania, estuvo marcado en el 2015, por el llamado “dieselgate”, el escándalo de los motores diesel de Volkswagen que estaban diseñados para fingir que contaminaban menos. Dos años después, la industria automotriz intenta hacer cambios y los motores diesel pasaron a un segundo plano, sobre todo en Europa, por la pérdida de confianza de los consumidores.

Presión. En Francia, por primera vez desde el año 2000, las ventas de autos diesel cayeron en lo que va de 2017 un 47,8%. Este país también analiza la declaratoria de la prohibición de estos vehículos para antes del 2040. De igual forma en Alemania la caída es importante, ya que en agosto las ventas de carros con gasolina bajaron a un 37,7%, frente al 45,3% del año pasado.

China también está sobre esta caravana y estudia prohibir la producción y la venta de vehículos que funcionen con combustibles fósiles. Este país asiático fabricó y vendió en el 2016 más de 28 millones de vehículos, según la Organización Internacional de Constructores de Automóviles; de ellos, 500.000 fueron eléctricos, un 50% más que el año anterior.

Mientras que el Tecnológico de Costa Rica (TEC) afirmó a través de un estudio que el país reúne las características ideales para cambiar su flotilla vehícular a una eléctrica, pues ya tiene una red eléctrica alimentada en un 99% por fuentes renovables, que es estable y con cobertura del 99% de la población.

Estos cambios pueden abrir paso a una nueva era de transporte.