Columna Scientia: Identidad humana


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El tratar de responder una pregunta aparentemente sencilla como ¿quién soy? puede convertirse en un asunto complejo, por las consideraciones filosóficas, biológicas o religiosas que pueden entrar en juego, de acuerdo con las creencias o el modo de pensar de cada uno de nosotros.

Este es un tema que un brillante comunicador de la ciencia, Martin Bonfil, trata en una de sus interesantísimas columnas (“La ciencia por gusto” ) y que tituló “Crisis de identidad”.

El cuestionamiento de Bonfil tiene como origen los resultados del Proyecto del Microbioma Humano, de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, cuyo objetivo es estudiar el conjunto de los genes de todos los microorganismos (el microbioma) que viven en nuestro cuerpo y que nos son indispensables para vivir.

Las razones de por qué darle importancia a estos microbios con los que convivimos son asombrosas. Bonfil destaca que hay diez veces más células microbianas que humanas en lo que denominamos “nuestro cuerpo”, y que representan de uno a dos kilos de nuestro peso.

Esto nos indica que lo que pensábamos, que seres humanos estamos formados solo por miles de millones de células provenientes de un único óvulo fertilizado y que comparten el mismo material genético, no es correcto. A estas se les suman las de esos microbios con los que convivimos.

Es importante recordar que nacemos libres de microbios, pero rápidamente somos colonizados por ellos, cuando entramos en contacto con nuestra madre y la leche que nos provee, con otras personas, el aire que respiramos, alimentos y otros seres vivientes de nuestro entorno.

El estudio indica también que ese “microbioma” varía de un individuo a otro, cambia con el tiempo y puede ser alterado por varios factores. Y sin él, simplemente no podríamos vivir. ¿Qué somos entonces los humanos?

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