Telemedicina en Isla Caballo, el pueblo olvidado

Poblado del Golfo de Nicoya experimenta con nuevo sistema electrónico de salud


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Heisy Peralta tiene un lunar cerca del párpado izquierdo que le preocupa. Tiene 21 años y vive en isla Caballo, un pequeño cúmulo de tierra y roca al que un médico general llega un miércoles cada quince días y se va después de unas horas de consulta.

Eso pasa cuando hay buen tiempo, porque a veces las olas golpean tan fuerte que pasan semanas sin que llegue el médico. Mucho menos llegará, en cualquier caso, un especialista.

Hasta ahora, ningún dermatólogo le ha revisado ese punto café con pequeños vellos que ella detesta– “me los saco con la pinza”, dice.

Es 28 de febrero y un grupo de voluntarios en salud visita la isla para atenderlos, darles consejos e iniciar con ellos un proceso de registro digital de sus expedientes y telemedicina.

Dentro de la iglesia cristiana del pueblo, único salón lo bastante grande como para atenderlos, Heisy se acomoda en una silla de plástico y deja que un voluntario le tome fotografías con el celular a su epidermis.

Desde algún centro médico en Perú, la dermatóloga Yoyce Revollar mira las imágenes en alta resolución y determina que el lunar no es peligroso, pero que la muchacha debe cuidarlo del sol.

En una tablet , el médico voluntario Edén Galán, que sirvió como interlocutor entre paciente y especialista, anota los datos de Heisy y las recomendaciones en el expediente digital “Salud a un clic”, desarrollado por un grupo privado de costarricenses que lo implementará en poblaciones de difícil acceso.

Galán y Revollar, además, están inscritos a la app MediRed (ganadora el año pasado del concurso Yo Emprendedor). Este es un sistema que aglomera a médicos y especialistas de Latinoamérica que atienden, en sus tiempos “muertos”, a pacientes cuyo acceso a la salud es limitado, pero que sí se pueden conectar a Internet y realizar consultas con médicos al otro lado de la pantalla.

Para los pobladores de isla Caballo, los especialistas médicos son seres lejanos que viven en tierra firme, a cinco millas náuticas de aquí, y solo atienden en hospitales o clínicas. Hoy, eso cambió.

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Sin agua pero con Internet

Al pueblo de 270 personas no ha llegado el agua potable ni la electricidad, pero sobre los techos brillan unas portentosas antenas parabólicas de Claro y Sky.

Entre paneles solares y plantas que funcionan con gasolina, los pobladores se las arreglan para encender la televisión por las noches, usar la lavadora y cargar el celular, que casi siempre está conectado a Internet.

Usan Facebook, WhatsApp, videollamadas... a los isleños, la era de la información los atrapó igual que a cualquier otro terrícola, aunque ellos tengan que viajar media hora en panga para ir a pagar las cuotas del aparato.

“Viven en el monte, pero no tienen el monte en la espalda”, se ríe el pastor de la iglesia.

Aunque están conectados con el mundo por las tecnologías, incluso tratar un resfrío sin asistencia médica se vuelve complicado.

“Si tuviéramos a quien preguntarle, aunque supiera un poquito, pero ni eso”, se queja María del Carmen Campos, dirigente comunal de la isla.

Si hay una emergencia, deben salir en panga a la clínica y cada viaje cuesta ¢35.000.

Mientras tanto, problemas como la alta incidencia de hipertensión arterial y el embarazo adolescente carcomen el progreso de la isla, cuya única fuente de ingresos es la pesca.

Antón Zamora, asesor del ministro de Salud y líder de la expedición, dirige la plataforma de “Salud a un clic”.

En junio, el proyecto también instalará en la isla un sistema de telemedicina que transferirá directamente datos al expediente, por medio del cual los especialistas de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) podrán monitorear los signos vitales y cardiacos de la población.

“No es posible tener un centro de segundo nivel en una isla, pero sí acercar a los especialistas por medio de la tecnología”, dijo.

Zamora espera que el hospital Monseñor Sanabria dé el visto bueno para que sean sus especialistas quienes atiendan a los pacientes vía Internet.

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La tecnología es medicina

En la tableta, el Dr. Galán rellena una fórmula en línea del expediente electrónico “Salud a un clic”, que ahora tiene los datos personales de Heisy.

En su celular, la paciente podría descargar la misma aplicación y conectarse a su propio expediente. Ella, usuaria final, es la única dueña de sus datos.

Unas 1.400 personas ya utilizan el expediente, pero esta es una de las primeras experiencias con poblaciones de difícil acceso.

Aunque ya existe un expediente digital para los servicios que brinda la CCSS, expertos en protección de datos han criticado la forma en que el sistema maneja la información de los usuarios.

De hecho, el Ministerio de Salud desarrolla en este momento una política nacional de información de salud, que creará un estándar bajo el cual deberán regirse todos los expedientes digitales del país, tanto estatales como privados.

Heisy, entonces, podrá consultar sobre su lunar en cualquier centro médico sin que se pierda el registro de sus citas: sin que el expediente sea un obstáculo.

Los sistemas

Salud a un clic: es un expediente electrónico en salud que se adapta a estándares internacionales en manejo y protección de datos clínicos. Por el momento, es utilizado por 1.400 personas y lo han adoptado algunas clínicas de empresa. Fue desarrollado por cuatro costarricenses.

El sistema permite que sea el usuario final quien decida sobre sus datos.

MediRed: aplicación ganadora del concurso Yo Emprendedor en el 2014 que conecta a médicos y pacientes alrededor del mundo. Es de descarga gratuita, pero se compran diferentes paquetes para hacer consultas médicas vía Internet.

Fuente Desarrolladores.

Sostenbilidad y financiamiento