Los robots saldrán al rescate

Helicópteros autónomos evitarían poner en riesgo a seres humanos

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Tener una Robotina made in Costa Rica está cada vez más lejos de ser ciencia ficción.

El laboratorio de investigación en robots autónomos y sistemas cognitivos (Arcos-Lab) quiere crear prototipos que puedan hacer desde actividades domésticas hasta acciones de rescate.

No es la primera iniciativa de este tipo que la Universidad de Costa Rica (UCR) implementa: el físico Jorge Díaz dio a conocer en el 2011 su avión robótico no tripulado, cuyo objetivo es estudiar las erupciones volcánicas del país.

Los que planean desarrollar en el laboratorio Arcos, en cambio, están más dirigidos a realizar acciones que faciliten la vida de los seres humanos, tanto para quienes tienen alguna discapacidad y requieren ayuda con sus tareas diarias, como para quienes deben enfrentarse a situaciones riesgosas, de forma tal que el robot asuma ese rol en su lugar.

Actualmente, están trabajando en uno que pueda ser usado en situaciones de emergencia (búsqueda y rescate), inspección industrial (para evitarle a los trabajadores tareas peligrosas), y otras actividades riesgosas.

“Estamos dándole al robot aéreo capacidades de estabilización fundamentales para que pueda mantenerse en un lugar y en una orientación, sin importar las influencias externas”, explicó el investigador líder, Federico Ruiz, quien, luego de realizar un doctorado en Alemania, donde participó en la construcción de diversos robots, decidió impulsar una iniciativa similar en el país este año.

Para lograr la estabilización que el robot requiere, están implementándole odometría visual y mapeo y localización simultánea (SLAM). Estas son técnicas que permiten al robot escanear el lugar y ubicar puntos que le sirvan de referencia después, para saber si se ha movido o no.

Luego de esa estabilización, deberán lograr que pueda evadir obstáculos, con el fin de que pueda recorrer una ruta previamente establecida de forma exitosa.

Afinados los algoritmos más primitivos, trabajarán en “cosas de más alto nivel, como la toma de decisiones autónomas”.

“Queremos que el robot logre tareas difíciles, desde el punto de vista cognitivo, que requieren algoritmos inteligentes y adaptables para su solución. Esto es un reto científico fuerte en estos momentos”, reconoció Ruiz.

Estos avances deberán generarle la inteligencia suficiente para que pueda hacer las acciones para las que fue programado, reaccionar ante imprevistos, e, incluso, predecir eventualidades.

Y todo eso solo al robocóptero. Tienen que crear, además, una base móvil que pueda llevarlo lo más cerca posible de la zona que debe sobrevolar y más adelante, esperan que esa base tenga un brazo que pueda realizar otras acciones de motora fina. “El proceso tomará años”, asegura.

Limitaciones

De acuerdo con Ruiz, la principal limitación que enfrentan es económica porque no hay suficientes recursos, no solo para la compra de equipo, sino también, para la contratación de estudiantes que se involucren más tiempo con el proyecto.

“Aquí tenemos cero desempleo: las empresas se llevan a los estudiantes antes de que se gradúen y esa alta rotación nos impide avanzar más rápido con el proyecto, porque tengo que volver a empezar la capacitación desde cero, constantemente”.

Hasta ahora, las carencias materiales las han compensado utilizando software libre, adaptando algoritmos existentes y echando mano de herramientas como el Kinect, que tiene cámara y detector infrarrojo. “Si algún inversionista se interesa en este tema, la puerta está abierta”.

Sostenbilidad y financiamiento