Por: Manrique Blen Font.   6 agosto

Hemos sido testigos directos de una metamorfosis tecnológica, gracias a la cual sectores completos de la economía han sido rediseñados de pies a cabeza en cuestión de meses. En la mayoría de los casos, esta disrupción del mercado no se debió a una extinción del nicho que satisfacían las industrias, sino simplemente a que la innovación dio lugar a una alternativa mejor.

La industria de asesoramiento legal y fiscal está a las puertas de una disrupción en el statu quo, como nunca antes lo ha visto. No existe margen para la duda, el rol como asesor migrará de aquella eminencia casi divina que solucionaba el mundo desde su escritorio a cambio de una ofrenda, a uno que ofrezca un enfoque multidisciplinario y con la tecnología como estandarte.

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La razón es sencilla: porque el mercado así lo exige. Según un estudio realizado en el 2016 por Deloitte Legal, un 55% de las empresas trasnacionales revaluará en los próximos años la continuidad de su actual asesor, dado la necesidad de una visión mucho más holística que la que actualmente ofrecen.

La academia también ha tomado en cuenta este cambio en el enfoque del profesional legal y tributario. La Universidad de Manchester y Sydney, por ejemplo, ofrecen cursos para abogados en los cuales plantean un problema legal y desarrollan una aplicación como solución.

Específicamente para el tema fiscal, no es solo un requerimiento del lado del cliente, sino que también una reacción a las acciones que han tomado las Administraciones Tributarias en el mundo.

En Brasil, por ejemplo, se implementó el primer método de recaudación electrónica en la región hace más de 20 años y al día de hoy es obligatorio que las empresas reporten cada operación fiscal y contable detalladamente en un sistema público.

Si la Administración Tributaria va a tener un status similar a un Gran Hermano (y Costa Rica no va a ser la excepción, como puede dar fe la Factura Electrónica), entonces más que apagar incendios, el asesor fiscal debe de ser capaz de ofrecer una visión interdisciplinaria que resuelva el problema de fondo para su cliente.

Por lo tanto, el término de asesor fiscal va a migrar a uno más parecido a experto en impuestos y tecnología. Veámoslo en la práctica: Ante la eventual reforma fiscal en Costa Rica, podríamos optar por el enfoque tradicional (reporte y presentación detallada sobre los alcances del proyecto de ley, obsoleta con cada moción aprobada) o el enfoque tecnológico mediante una herramienta analítica que de forma automatizada cuantifique el impacto para el cliente, y en donde se pueda reflejar el tiempo real cualquier cambio al texto en discusión.

¿Cuál sería más útil para las empresas y la toma de decisiones? En la respuesta está la justificación de esta disrupción. Bienvenidos a la nueva era.