Por: Jane Perlez, Paul Mozur y Jonathan Ansfield.   16 noviembre, 2017
Empleados de una fábrica en Foshan, China, ensamblan equipos de aire acondicionado. Bajo un ambicioso plan llamado Made in China 2025, Beijing espera dominar tecnologías de vanguardia como microchips avanzados, inteligencia artificial y automóviles eléctricos, entre muchos otros.
Empleados de una fábrica en Foshan, China, ensamblan equipos de aire acondicionado. Bajo un ambicioso plan llamado Made in China 2025, Beijing espera dominar tecnologías de vanguardia como microchips avanzados, inteligencia artificial y automóviles eléctricos, entre muchos otros.

Los funcionarios de Washington y las empresas más importantes a nivel mundial están cada vez más preocupados respecto de una nueva generación de acuerdos que podrían dar un control más firme a China sobre la tecnología del mañana.

Según un plan ambicioso que se desveló hace dos años llamado “Hecho en China 2025”, Pekín cuenta con proyectos para dominar las tecnologías de punta dentro de una década: los microchips avanzados, la inteligencia artificial y los autos eléctricos, entre muchas otras más.

Además, para esta iniciativa, el gigante asiático está reclutando a algunos de los actores más importantes del mundo en el ramo de la tecnología.

En ocasiones, el país exige crear sociedades o propiedad intelectual para que las empresas puedan ser admitidas en la segunda economía más grande del mundo. A veces, atrae a los gigantes extranjeros con dinero y acceso al mercado por medio de fórmulas que eluden las regulaciones comerciales de Estados Unidos y el planeta.

El año pasado, cuando los funcionarios consternados de Washington comenzaron a bloquear la capacidad de China para comprar tecnología de punta, una empresa estadounidense encontró el modo de ayudar a su socio chino a sortear esos límites. La empresa, Advanced Micro Devices (AMD, por su sigla en inglés), evitó el escrutinio otorgando licencias para sus exclusivos diseños de microchips, en lugar de venderlos.

Su socio chino tuvo acceso a la tecnología para hacer sus propios productos. Advanced Micro Devices obtuvo un jugoso pago.

Las reglas del comercio mundial están cambiando y tanto China como Estados Unidos están en una carrera por crear un futuro que se alinee con sus propias y distintas visiones. El resultado podría ser un ajuste de las regulaciones comerciales del siglo XX para el orden económico global del siglo XXI, en el que el dinero, las ideas y la influencia podrían ser vigilados tan de cerca y regulados de una manera tan estricta como los productos no perecederos que se envían al extranjero en barco.

“Hay algunas empresas estadounidenses que han ido demasiado lejos al momento de compartir tecnología con países que son nuestros enemigos potenciales”, aseguró en setiembre Wilbur L. Ross Jr., secretario de Comercio de Estados Unidos.

Incluso antes de la Revolución Comunista, a China ya la obsesionaba absorber la tecnología extranjera para terminar un siglo de humillaciones y restaurar su soberanía nacional. No obstante, Hecho en China 2025 es un proyecto más ambicioso que cualquier otra iniciativa que haya hecho el gobierno: una política industrial de la nación que busca proyectar un nuevo tipo de poderío e influencia global.

China está dirigiendo miles de millones de dólares a las inversiones en investigación dentro del país, así como a la adquisición de tecnología innovadora del extranjero. Se piensa que un fondo para semiconductores dirigido por Pekín tiene más de $100.000 millones a su disposición, mientras que otro plan busca expandir las empresas de inteligencia artificial de esta república para que se conviertan en una industria de $150.000 millones para el 2030.

Reglas más duras

Este tipo de medidas han provocado que en Estados Unidos los funcionarios del gobierno y los líderes empresariales quieran repensar la manera en que el país norteamericano debe abordar el comercio. Los legisladores están presionando para que haya reglas más duras en las compras tecnológicas, las cuales no suelen cubrir el tipo de acuerdos que interesan cada vez más a China.

Los funcionarios también están investigando si China roba propiedad intelectual. “Hay algunas empresas estadounidenses que han ido demasiado lejos al momento de compartir tecnología con países que son nuestros enemigos potenciales”, aseguró en setiembre Wilbur L. Ross Jr., secretario de Comercio de Estados Unidos.

En general, se consideró que China era el blanco de sus comentarios respecto de la tecnología de la información. “No creo que sea una muy buena idea. En mi opinión, regalar tecnología de la información altamente valiosa para tener algunos trimestres o años de buenas ventas es el colmo de la visión a corto plazo”.

China tiene en la mira a Occidente para conseguir una buena parte de su tecnología. Incluso algunos de los sistemas más delicados dentro de las computadoras, los bancos y los laboratorios gubernamentales utilizan chips de Intel y Qualcomm, así como software de Microsoft u Oracle: el Estado percibe esta dependencia como una vulnerabilidad a largo plazo.

El gobierno espera dar un giro a la situación y está apoyando la medida con dinero: $45.000 millones en préstamos baratos para sus empresas, $3.000 millones para iniciativas de manufactura avanzada y miles de millones más en otros tipos de apoyos financieros, según el Instituto Mercator de Estudios sobre China, un centro de investigación alemán.

Hecho en China 2025 “va a recibir recursos sustanciales y mucha atención, en especial a nivel de los gobiernos locales”, explicó Kai-Fu Lee, un prominente capitalista de riesgo en Pekín. La meta no solo es vencer a Estados Unidos. China se está preparando para el día en que la manufactura barata ya no haga funcionar a su economía. Quiere aceptar industrias que ofrezcan trabajos especializados y que no ensucien sus cielos y enturbien sus ríos.

Robots chinos

El plan por sí mismo tiene metas y cuotas específicas. De acuerdo con este, para el 2025 China logrará cubrir casi tres cuartas partes de su propia demanda de robots industriales y más de un tercio de la demanda de chips para teléfonos inteligentes. Otros objetivos son autos que funcionen con energías nuevas, como los eléctricos, y dispositivos médicos de alto rendimiento.

Donde no se pueda comprar tecnología, el gobierno quiere que las empresas chinas la extraigan de firmas extranjeras por medio de acuerdos o nuevas leyes estrictas. China pronto solicitará a las automotoras extranjeras que fabriquen vehículos eléctricos en el país asiático si quieren seguir vendiendo autos impulsados con gasolina en el mercado de automóviles más grande del mundo que hay en la actualidad.

Para lograrlo, General Motors, Volkswagen y otras automotrices se han estado peleando para crear empresas conjuntas con socios chinos. Las leyes sobre ciberseguridad que se promulgaron este verano otorgan al Ministerio de Seguridad del Estado el poder de llevar a cabo revisiones de seguridad de la tecnología que se venda o se utilice en China, afirmó James A. Lewis, vicepresidente sénior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

Esta medida podría exigir a las empresas dejar al descubierto sus secretos más valiosos. En algunas empresas que se encuentran en territorio estadounidense, los funcionarios chinos encargados de la seguridad, que viajan a ese país con visas de negocios, llevan a cabo las inspecciones en “cuartos limpios” corporativos, aseguró Lewis.

Las empresas argumentan que el acceso ocurre en circunstancias controladas que limitan lo que podrían aprender los funcionarios chinos. “Si las empresas estadounidenses tienen un gran mercado en China, se ponen en contacto con el Ministerio de Seguridad del Estado y le dicen: ‘Adelante, venga acá’”, señaló Lewis. “Todo el mundo teme las represalias. Nadie quiere perderse el mercado chino”.