Por: John Markoff.   26 diciembre, 2018
Apple, como muchas compañías en Silicon Valley, había comenzado a subcontratar su manufactura desde el principio.
Apple, como muchas compañías en Silicon Valley, había comenzado a subcontratar su manufactura desde el principio.

Nueva York. En 1988, cuando Jean-Louis Gassée analizó de cerca la fábrica de Macintosh “altamente automatizada” de Apple en Fremont, California, no le gustó lo que observó.

Gassée, un especialista francés en automatización de oficinas, recién había sido ascendido a presidente de la división de productos de Apple por John Sculley, quien en ese entonces fungía como director ejecutivo de la compañía, y era responsable de la ingeniería y la manufactura. Cuando comenzó, Gassée decidió pasar dos días aprendiendo cómo la compañía fabricaba sus productos y para ello trabajó en una línea de ensamblaje de la empresa.

Su experiencia al ensamblar el monitor de una computadora Macintosh y, posteriormente, colocar los circuitos en la tarjeta madre es una parte importante de la historia detrás de la ingeniosa leyenda en la caja del iPhone: “Diseñado por Apple en California. Ensamblado en China”.

Después de que Apple anunció un nuevo y gran campus en Austin, Texas, que crearía hasta 15.000 empleos, ninguno de ellos relacionado con la manufactura, vale la pena observar los coqueteos de la compañía con la manufactura avanzada en Silicon Valley en la década de los ochenta.

Fracasos

Steve Jobs, cofundador de Apple, tenía una fascinación permanente con la tradición de Henry Ford y la fabricación en masa original de automóviles en Detroit, así como las capacidades de fabricación local de alta calidad de compañías japonesas como Sony. Sin embargo, sus esfuerzos para replicar cualquiera de las dos en California ahora son ejemplos de las raras ocasiones en las que fracasó.

En 1983, Jobs supervisó la construcción de una planta con las instalaciones más modernas en donde la nueva computadora Macintosh sería fabricada. A los reporteros que la visitaron anticipadamente les dijeron que la planta, localizada justo del otro lado de la bahía de San Francisco de donde se ubica la sede de Apple, era tan avanzada que la mano de obra representaría solo el 2% del costo de fabricar una Macintosh.

“Steve tenía convicciones profundas sobre los procesos de manufactura japoneses”, recordó Randy Battat, quien fue contratado en Apple como un joven ingeniero eléctrico y supervisó el lanzamiento de algunas de las primeras computadoras portátiles de la compañía. “Los japoneses fueron considerados como los magos de la manufactura. La idea era crear una fábrica con entrega justo a tiempo de partes sin defectos. No era grandioso para el negocio”.

Lo que Gassée descubrió varios años después de que Jobs había sido obligado a salir de la compañía fue que la realidad de la manufactura era diferente al sueño original del pionero de las computadoras personales.

“Me avergoncé al fijar una pantalla al marco de la computadora con un desatornillador”, recordó Gassée en una entrevista reciente. Al final de su turno, Gassée tomó una escoba y barrió las partes que se habían caído de la línea de ensamblaje. “Fue realmente vergonzoso”, dijo del proceso notoriamente fallido.

Finalmente, la fábrica de Macintosh cerró en 1992, en parte porque nunca consideró el volumen de producción que Jobs había imaginado (tales cifras de ventas para la Mac solo se lograrían posteriormente).

Así que la historia del éxito de Silicon Valley resultó ser la habilidad de una compañía como Apple para planear cadenas de suministro que se extiendan alrededor del mundo, para lo cual aprovecha tanto la mano de obra barata como las regulaciones ambientales laxas.

“No tenemos la cultura de la manufactura”, dijo Gassée sobre el corazón de la alta tecnología del país, “lo que significa el sustrato, la enseñanza, los aprendices, los subcontratistas”.

Sin embargo, a Jobs le tomó un poco más de tiempo entender ese concepto.

En 1990, a tan solo un poco más de 2 kilómetros de donde había construido la fábrica Mac original, construyó otra de $10 millones para manufacturar su estación de trabajo personal de Next Inc. Sin embargo, como la previa Macintosh, nunca logró hacer máquinas relucientes de color negro con la marca Next en cantidades para apoyar una operación de ensamblaje en Silicon Valley.

Cadenas de valor

Ese fracasó le enseñó una lección a Jobs. Él regresó a Apple en 1997 y, al año siguiente, contrató a Tim Cook como vicepresidente sénior de operaciones mundiales de Apple. Cook había dominado el arte de las cadenas de suministro para manufactura global, primero en la división de computadoras personales de IBM y después en Compaq.

Apple, como muchas compañías en Silicon Valley, había comenzado a subcontratar su manufactura desde el principio. Poco tiempo después de que Silicon Valley surgió en la década de los setenta, el ensamblaje de mano de obra intensiva, como el proceso de empacar circuitos semiconductores, fue trasladado a Asia, a países con costos de mano de obra progresivamente más bajos. Esa tendencia solo se aceleró conforme la compañía creció.

“Cuando comencé mi carrera, todos mis vuelos eran a Japón”, dijo Tony Fadell, uno de los diseñadores de hardware del iPod y el iPhone. “Después todos mis vuelos fueron a Corea, después a Taiwán y después a China”.

Actualmente, Silicon Valley ha mantenido una fuerza laboral relativamente pequeña, conforme la manufactura de electrónica ha explotado globalmente y ha creado millones de empleos. La pequeña cantidad de manufactura que todavía se realiza en Silicon Valley es hecha en su mayoría por firmas de contratistas especializados que se enfocan en sistemas de fabricación rápida de prototipos.

Ahora el reto es que un ecosistema enorme de manufactura requiere de hacer productos para mercados masivos y que ese ecosistema se ha movido en gran parte a la porción continental de China, en donde 450.000 personas han trabajado en una sola planta de iPhone.

A principios de la década de los noventa, cuando Andrew Hargadon era un diseñador de producto en Apple con una computadora portátil llamada Macintosh Powerbook Duo, el ecosistema ya se había mudado a Asia. Él trabajaba con una compleja red de proveedores.

“No puedes regresar la manufactura debido a esas redes, tendrías que traer de regreso a la comunidad entera”, dijo Hargadon, quien ahora es un profesor de Administración Tecnológica en la Escuela de Posgrado de Administración de la Universidad de California, campus Davis.

Cuando Jobs estuvo tan enfermo que se vio obligado a ausentarse de su cargo en 2009, designó a Cook como el futuro director ejecutivo de la compañía. Fue una muestra importante sobre la naturaleza de Silicon Valley y cómo lucía la industria computacional madura en ese lugar. El sueño de manufacturar computadoras a escala en California fue básicamente abandonado.

Durante las décadas de los ochenta y los noventa, muchas personas predijeron que la huida de la manufactura significaría la muerte de Silicon Valley.

“Cuando comencé a investigar, empecé a ver a compañías de circuitos que se mudaban a regiones manufactureras de bajo costo en Estados Unidos”, dijo AnnaLee Saxenian, la decana de la Escuela de Información en la Universidad de California, campus Berkeley, y autora de Regional Advantage, uno de los primeros análisis del éxito de Silicon Valley. “Sus ejecutivos me dijeron que Silicon Valley iba a morir porque era demasiado cara. Escribí mi libro porque básicamente estaba tratando de explicar por qué Silicon Valley era diferente”.

En efecto, el llevar al extranjero los trabajos de manufactura no mató a Silicon Valley; la región se convirtió en el principal centro de diseño industrial y de software del mundo.

Sin embargo, a diferencia del modelo automotriz de la mitad del siglo XX de Detroit, relativamente pocos empleos de clase media se crearon, y la región está marcada por una vasta concentración de riqueza solo al alcance de la clase alta y de trabajadores cualificados. Empleados que cobran por hora se trasladan más de 160 kilómetros hasta sus trabajos como personal de apoyo en Silicon Valley, los Teslas de $100.000 son comunes y el precio promedio de una casa en Fremont —el antiguo lugar donde Jobs ubicó sus fábricas que resultaron un fracaso— es de $1,1 millones.

“Cuando comencé mi carrera, todos mis vuelos eran a Japón”, dijo Tony Fadell, uno de los diseñadores de hardware del iPod y el iPhone. “Después todos mis vuelos fueron a Corea, después a Taiwán y después a China”.