Por: Stanley Reed.   2 marzo
La vida en Arabia Saudita ha sido definida por el petróleo que fluye desde el reino. Ahora, está tratando de vincular su futuro a otro recurso natural que tiene en abundancia: la luz del sol. Aquí una representación en 3D en el Centro de Desarrollo Profesional Upstream de Saudi Aramco en Dharhan.
La vida en Arabia Saudita ha sido definida por el petróleo que fluye desde el reino. Ahora, está tratando de vincular su futuro a otro recurso natural que tiene en abundancia: la luz del sol. Aquí una representación en 3D en el Centro de Desarrollo Profesional Upstream de Saudi Aramco en Dharhan.

​Desde hace mucho tiempo, el petróleo que produce el reino de Arabia Saudita ha definido la vida de la nación.

Con el paso de las décadas, la vasta riqueza que ha generado el hidrocarburo ha pagado no solo las torres y los centros comerciales deslumbrantes, sino también el sector gubernamental que emplea a la mayoría de la clase trabajadora del país.

Ahora, Arabia Saudita está intentando vincular su futuro a otra fuente natural que tiene en abundancia: la luz solar.

Encabezado por el príncipe Mohamed bin Salmán, el principal exportador de petróleo en el mundo se está embarcando en una iniciativa ambiciosa para diversificar su economía y estimular el crecimiento, en parte por medio de la inversión de dinero en energías renovables.

El gobierno saudita no solo quiere reformar su matriz energética a nivel nacional, sino también emerger como una fuerza global de energía limpia.Alcanzar esa meta es otra historia. Sin embargo, la estrategia por fin está progresando después de una serie de vaivenes.

El 19 de febrero anterior, Riad escogió a ACWA Power, una empresa energética saudita, para construir una granja solar con capacidad de producir electricidad para 200.000 hogares. El proyecto costará $300 millones y creará cientos de empleos, según Turki al-Shehri, el director del programa de energías renovables del reino.

$7.000 millones

A finales de este año, Arabia Saudita busca invertir $7.000 millones para desarrollar siete nuevas plantas solares y un gran parque eólico. El país espera que para finales de 2023 las energías renovables, las cuales representan una cantidad insignificante de la energía que utiliza, puedan proveer hasta el 10 % de la generación de electricidad.

“Los desarrolladores más importantes están observando a los sauditas”, señaló Jenny Chase, analista de Bloomberg New Energy Finance, una firma de investigación de mercado.“El país ha hecho grandes planes y pronunciamientos, pero varios órganos internos no han accedido a seguir el nuevo camino”, agregó Chase, quien se refirió al acuerdo como “el primer paso para crear el que se espera que sea un mercado importante”.

Arabia Saudita ha fanfarroneado cuando habla de energías renovables. Hace varios años, adoptó objetivos ambiciosos para generar energía limpia, pero no se realizó ningún proyecto significativo y las cosas cambiaron poco. Eso no es algo fuera de lo común.

En Dhahran opera la granja solar más grande del país, la cual cubre el área de un estacionamiento de la empresa nacional petrolera, Saudi Aramco. Ubicada a unos pocos kilómetros de una zona cercada en honor al primer pozo petrolero del país que fue comercialmente viable, la granja genera suficiente electricidad para una manzana de oficinas en las cercanías.

Con sus inmensos recursos petroleros, Arabia Saudita podría ser un abanderado poco común de las energías renovables. Sin embargo, la ubicación y el clima del país le proporcionan varios sitios prometedores para albergar granjas solares y parques eólicos. En años recientes, los costos de instalación y operación de esas dos tecnologías han caído de manera drástica en todo el mundo. Esto implica que, incluso en un país con mucho petróleo, las energías renovables son atractivas por ser una alternativa barata y limpia de los combustibles fósiles tradicionales.

No obstante, el experimento con la energía solar ha sido un catalizador importante y la empresa armó un equipo de expertos en energías renovables. La experiencia sirvió para que Arabia Saudita utilizara paneles solares convencionales en lugar de otro sistema (de energía solar concentrada) que usa espejos para producir calor a partir de la luz solar.

La estrategia de las energías renovables por fin comenzó a tomar forma en el 2016, cuando Khaled al-Falih ocupó el puesto de ministro de Energía. Falih se encargó de que las energías solar y eólica fueran una prioridad para el reino, y creó una nueva división el año pasado con el fin de acelerar el trabajo. La mayor parte del personal provino de Aramco.Shehri, quien había trabajado en Aramco antes de dirigir el programa de energías renovables del reino, comentó que tenía una tarea “extremadamente desafiante”.

Para cumplir los objetivos de Arabia Saudita, era necesario que para el 2020 se consiguieran contratos destinados a una serie de instalaciones nuevas. “Solo fue posible realizarlo porque teníamos experiencia en el campo”, explicó Shehri.

Abanderado poco común

Con sus inmensos recursos petroleros, Arabia Saudita podría ser un abanderado poco común de las energías renovables. Sin embargo, la ubicación y el clima del país le proporcionan varios sitios prometedores para albergar granjas solares y parques eólicos.

En años recientes, los costos de instalación y operación de esas dos tecnologías han caído de manera drástica en todo el mundo. Esto implica que, incluso en un país con mucho petróleo, las energías renovables son atractivas por ser una alternativa barata y limpia de los combustibles fósiles tradicionales.

Para el proyecto que se anunció el lunes, Riad recibió ofertas para construir la granja solar que competieron con las más bajas que se hayan hecho en cualquier subasta del mundo (la granja será instalada en Sakaka, una localidad ubicada al norte de Arabia Saudita).

A dos o tres centavos por kilovatio-hora, una medida de venta de electricidad al por mayor, la energía solar valdría menos que el costo de la electricidad generada por combustibles fósiles, afirmó Shehri.

“Solo basta ver los precios”, comentó Chase. “Por esta razón lo están haciendo”.

Una gran iniciativa para producir energía solar y eólica también tendría otros beneficios, en especial permitir que Arabia Saudita venda más de su petróleo. Durante una buena parte del año, los sauditas dependen del aire acondicionado y el abrasador verano árabe eleva la demanda de energía. La mayoría de esa electricidad se genera en centrales eléctricas impulsadas por petróleo.

En junio pasado, las instalaciones quemaron un promedio de 680.000 barriles de petróleo al día, según datos del grupo de monitoreo Joint Organizations Data Initiative. Esa cifra —equivalente a la modesta producción petrolera de un país como Egipto—fue menor a los casi 900.000 barriles al día de 2015, pero en esencia sigue siendo un desperdicio de dinero.

Si se hubiera vendido en el extranjero, ese crudo podría haber generado $47 millones al día en ingresos para el gobierno, según los precios actuales.

Una plataforma importante del plan que tiene el príncipe heredero para transformar la economía saudita es lograr que la gente joven obtenga trabajos. Al atraer inversiones hacia un sector que prácticamente no existe en el reino, habría “creación de empleos y de manufactura”, dijo Shehri.

Sin embargo, a pesar de las metas ambiciosas y el lenguaje positivo, el proceso que ha decidido utilizar Arabia Saudita para expandir su capacidad solar y eólica ha generado inquietud. En particular, los analistas destacaron la forma en que los líderes sauditas han escogido a sus empresas preferidas.

Este mes, cuando Riad dio una lista breve de dos firmas para el proyecto de Sakaka, no estaba considerada una tercera que había presentado una oferta más baja que las finalistas, lo cual generó que algunos expertos se preocuparan sobre la transparencia del proceso de licitación.