Por: Daisuke Wakabayashi y Katie Benner.   31 octubre
Los empleados de Google en Mountain View, California, protestaron en reuniones, en tableros de mensajes y en Twitter contra el trato que la compañía da a los líderes principales con conductas indebidas.
Los empleados de Google en Mountain View, California, protestaron en reuniones, en tableros de mensajes y en Twitter contra el trato que la compañía da a los líderes principales con conductas indebidas.

En octubre de 2014, cuando Andy Rubin dejó Google, la empresa le dio una despedida de héroe al creador del software móvil de Android.

“Quisiera desearle todo lo mejor a Andy en lo que le depare el futuro”, comentó en una declaración pública Larry Page, director ejecutivo de Google en aquel entonces. “Con el Android creó algo en verdad extraordinario… con poco más de 1.000 millones de usuarios felices”.

Lo que no dijo Google en público fue que una empleada había acusado a Rubin de conducta sexual inadecuada. La mujer, con quien Rubin había tenido una relación extramarital, señaló que la obligó a realizarle sexo oral en la habitación de un hotel en 2013, de acuerdo con dos ejecutivos de la empresa que tuvieron conocimiento del episodio. Google investigó y concluyó que su acusación era creíble, mencionaron las personas, quienes hablaron bajo la condición de permanecer en el anonimato, citando acuerdos de confidencialidad. Page solicitó la renuncia de Rubin.

Google pudo despedir a Rubin y pagarle casi nada en su partida. En cambio, la empresa le entregó un paquete de salida de $90 millones, el cual se pagó en cuotas cercanas a unos $2 millones al mes durante cuatro años, aseguraron las dos personas con conocimiento de los términos. El último pago está programado para el próximo mes.

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Ella lo provocó

Rubin fue uno de los tres ejecutivos acusados de conducta sexual indebida que protegió Google a lo largo de la última década. En dos instancias, despidió a los altos ejecutivos, pero suavizó el golpe al pagarles millones de dólares en su partida, aunque no tenía ninguna obligación legal de hacerlo. En una tercera, el ejecutivo permaneció en un puesto muy bien remunerado dentro de la empresa. En cada ocasión Google guardó silencio sobre las acusaciones en contra de los hombres.

The New York Times obtuvo documentos corporativos y judiciales, y habló sobre los episodios con más de tres decenas de ejecutivos y empleados de Google, antiguos y en activo, entre ellos personas que estuvieron involucradas de manera directa en el manejo de las situaciones. La mayoría solicitó permanecer en el anonimato porque los obligaban acuerdos de confidencialidad o temían represalias por alzar la voz.

Las infracciones variaron en severidad. El caso de Rubin destacó por la cantidad que le pagó Google y por el silencio que guardó la empresa en torno a las circunstancias de su partida.

“Campaña de desprestigio”

Sam Singer, representante de Rubin, negó que a su cliente le hubieran comentado algo relacionado con conducta inapropiada y señaló que había dejado la empresa por su propia cuenta.

“El artículo de The New York Times contiene varias inexactitudes sobre mi empleo en Google y exageraciones disparatadas sobre mi indemnización”, mencionó Rubin en un comunicado posterior a la publicación de este artículo. “En específico, nunca obligué a una mujer a tener sexo en una habitación de hotel. Estos alegatos falsos son parte de una campaña de desprestigio de mi exesposa para denigrarme durante una batalla de divorcio y de custodia legal”.

Al establecer que los términos fueran favorables para dos de los hombres, Google protegió sus propios intereses. La empresa evitó batallas legales desagradables y costosas, y que las personas trabajaran para sus rivales como parte de los acuerdos de separación.

Cuando se le preguntó sobre Rubin y los otros casos, Eileen Naughton, vicepresidenta de operaciones de personal en Google, señaló en un comunicado que la empresa toma en serio el acoso y revisa cada una de las quejas.

“Investigamos y tomamos cartas en el asunto, incluida la rescisión de contrato”, mencionó. “En años recientes, hemos manejado una línea particularmente dura para la conducta inapropiada de gente en puestos de autoridad. Estamos trabajando con esmero para seguir mejorando la forma en que manejamos este tipo de comportamiento”.

Después de la publicación de este artículo en línea, Sundar Pichai, director ejecutivo de Google, y Naughton escribieron un correo electrónico a los empleados en el que afirmaron que la empresa había despedido a 48 personas por acoso sexual durante los últimos dos años y que ninguna de ellas había recibido un paquete de salida.

“Estamos comprometidos a garantizar que Google sea un lugar de trabajo donde la gente se pueda sentir segura para realizar el mejor trabajo posible, y donde haya consecuencias graves para cualquiera que se comporte de manera inapropiada”, escribieron Pichai y Naughton.

Hay gente dentro de Google que considera que eso no fue suficiente.

“Cuando Google encubre el acoso y deja pasar la basura, contribuye a un entorno donde la gente no se siente segura de reportar una conducta inadecuada”, comentó Liz Fong-Jones, ingeniera de Google que ha trabajado para la empresa durante más de una década y activista de asuntos relacionados al lugar de trabajo. “Sospechan que nada pasará o, aún peor, que los hombres recibirán un pago y a las mujeres se les hará a un lado”.

Rubin se incorporó a Google en 2005, cuando la firma adquirió su empresa emergente, Android, por $50 millones. Durante los siguientes años, ayudó a que Android —el software que ahora se utiliza en el 80 % de los teléfonos inteligentes del mundo— lograra un éxito enorme.

Ese éxito le dio más libertad a Rubin que a la mayoría de los ejecutivos de Google, comentaron cuatro personas que trabajaron con él.

En una demanda civil que presentó este mes la exesposa de Rubin, Rie Rubin, ella asegura que su exmarido tuvo muchas “relaciones de propiedad” con otras mujeres durante su matrimonio, a quienes les pagó cientos de miles de dólares. La pareja se divorció en agosto.

La demanda incluía una impresión de pantalla de un correo electrónico de agosto de 2015 que Rubin envió a una de las mujeres. “Serás feliz de que alguien se encargue de ti”, escribió. “Ser tu dueño es como si fueras mi propiedad, y te puedo dar prestada a otras personas”.

Rubin construyó una división de robótica dentro de Google llamada Replicant.

Salida amigable

Más o menos en esa época, dio la casualidad de que Rubin estaba viendo a otra mujer que conoció en Android, de acuerdo con dos ejecutivos de la empresa que sabían sobre la relación. La pareja comenzó a salir en 2012, cuando Rubin aún era el director de la división.

Para 2013, ella quería terminar la relación, pero estaba preocupada de que fuera a afectar su carrera, comentaron los ejecutivos. Ese marzo, ella accedió a reunirse con él en un hotel, donde, de acuerdo con el recuento de ella, él la había presionado para que le hiciera sexo oral, según los ejecutivos. El incidente terminó la relación.

La mujer esperó hasta 2014 para presentar una queja en el Departamento de Recursos Humanos de Google e informar a los funcionarios sobre la relación, de acuerdo con las personas. Google abrió una investigación.

Aunque Rubin negó la acusación, claramente la relación era inapropiada —como mínimo—, aseguraron los ejecutivos. Page decidió que Rubin debía irse, mencionaron.

Cuando Google despide a empleados de niveles bajos, suele echarlos de inmediato y les paga poco de indemnización, si acaso lo hace. No obstante, para los altos ejecutivos, Google sopesa otros factores, según exejecutivos. Una demanda por despido injustificado podría llamar una atención indeseada de los medios hacia Google y las víctimas de un caso de conducta inadecuada y, si llegara a perder la empresa, el resultado serían daños significativos.

A fin de cuentas, Google le pagó $90 millones a Rubin, de acuerdo con dos personas que conocían los términos. El paquete estuvo estructurado de tal manera que Rubin recibiera $2,5 millones al mes durante los primeros dos años y $1,25 millones al mes durante los siguientes dos años.

Una cláusula en el acuerdo de separación impedía que Rubin trabajara para rivales o desacreditara a Google en público, mencionaron.

La empresa en verdad se esforzó para que la partida de Rubin pareciera amigable, incluida la declaración de gratitud que realizó Page en público.

Posteriormente, Google invirtió en Playground Global, una firma de capital de riesgo que Rubin había fundado seis meses después de dejar la empresa. Playground ha recaudado $800 millones. Rubin también fundó Essential, un fabricante de teléfonos inteligentes Android.

La fortuna de Rubin, impulsada por Google, se ha multiplicado 35 veces en menos de una década. De acuerdo con la demanda de su exesposa, su valor neto es de unos $350 millones, una cifra superior a los $10 millones de 2009.