Por: Ben Dooley.   12 abril
Una obra en construcción en Jurong, al este de China, un país cuya desaceleración económica ha demostrado cuánto del crecimiento de Japón en los últimos años provino de las compras chinas de sus exportaciones.
Una obra en construcción en Jurong, al este de China, un país cuya desaceleración económica ha demostrado cuánto del crecimiento de Japón en los últimos años provino de las compras chinas de sus exportaciones.

A Nidec Corp. le gusta decir que hace todo lo que “gira y se mueve”, desde los motores intrincados que zumban en los discos duros hasta los descomunales que se usan en las plataformas petroleras.

En años recientes, le habían salido bien las cosas. La demanda mundial de ingeniería de precisión, en especial en China, aumentó las ventas de Nidec y otras empresas japonesas, una situación que sirvió para sacar a Japón de su abatimiento económico, pues llevaba inactivo varios años.

Entonces las ventas a China se desplomaron en noviembre y diciembre a medida que se desaceleró la economía del país. Nidec, la cual depende de China para alrededor del 40 % de sus ingresos, cortó de tajo sus proyecciones de ganancias más de un 25 %.

“He estado en la gerencia durante 46 años y es la primera vez que veo cómo nuestros pedidos mensuales se desploman de esta manera”, comentó en enero a reporteros el fundador y director ejecutivo de la empresa, Shigenobu Nagamori.

El renacimiento económico de Japón está en problemas, y China tiene parte de la culpa. Se han desplomado las exportaciones y las empresas japonesas que dependen de su vecino de rápido crecimiento están recortando las utilidades proyectadas y considerando el cierre temporal de fábricas.

Combinada con otros problemas —entre ellos un gasto modesto a nivel nacional y una sociedad envejecida—, la desaceleración de China presenta un gran desafío para el primer ministro japonés Shinzo Abe y el programa económico que lleva su nombre, Abenomics, mientras se prepara para una importante elección nacional este verano.

En específico, genera cuestionamientos sobre la manera en que Abe, quien asumió la presidencia en 2012, podría resolver los problemas en casa sin el impulso del poderoso motor de crecimiento chino.

La economía de Japón sigue creciendo por ahora, y el destino de Abenomics no está para nada sellado. Sin embargo, los oponentes políticos de Abe están afilando sus cuchillos.

“Es el principio del fin para Abenomics”, les comentó a los reporteros Yuichiro Tamaki, del Partido Democrático para el Pueblo, de oposición, a mediados de marzo.

El gobierno de Abe alude a señales que indican que la economía de Japón sigue por buen camino.

“Continúa el aumento en el gasto del consumidor y en la inversión de capital, los cuales son pilares de la demanda”, mencionó Yoshihide Suga, secretario en jefe del Gabinete, en una conferencia de prensa celebrada en marzo. “No ha habido ningún cambio en la recuperación moderada de la economía”.

Sin embargo, incluso el gobierno se está preguntando cuánto más podrá continuar la expansión. A inicios de diciembre, se desplomaron las exportaciones. La producción industrial cayó durante tres meses consecutivos antes de subir un poco en febrero. Las negociaciones anuales de los salarios entre Japan Inc. y los sindicatos terminaron con apenas unas modestas ganancias después de que el gobierno relajó una campaña de presión en contra de las empresas para que elevaran los sueldos.

A mediados de marzo, el gobierno redujo su evaluación económica por primera vez en tres años, y culpó a la economía de China de ser uno de los factores principales.

Se suponía que las propuestas económicas de Abe iban a sacar a Japón de un bache que había comenzado a inicios de la década de 1990. Entre estas se encontraban las que Abe llamó las “tres flechas” de Abenomics: aumentar la oferta monetaria de Japón, elevar el gasto gubernamental y proponer soluciones para problemas de varios años que desalentaban a las empresas a contratar e invertir.

Dinero fácil

Inyectar dinero en la economía japonesa fue la solución más rápida. Bajo la influencia de Abe, el banco central comenzó a imprimir más yenes en 2013. El valor de la moneda cayó, lo cual hizo que las exportaciones de Japón se volvieran más atractivas para los compradores extranjeros.

La estrategia aceleró la maquinaria exportadora de Japón. Salvo por una breve reducción de velocidad en 2015, cuando una desaceleración china azotó el crecimiento global, las ventas de Japón en el extranjero tomaron velocidad. Nidec y muchas otras empresas como Renesas, la cual fabrica semiconductores, y Fanuc, un fabricante de robots de gama alta, disfrutaron el aumento constante de las ventas.

A medida que la población de Japón ha envejecido y la demanda se ha debilitado, las empresas japonesas han recurrido cada vez más a China para expandir los ingresos.

Sin embargo, la política del dinero fácil hizo poco para ayudar a otras partes de la economía. Los problemas antiguos como la deflación, la burocracia y una población que se reduce agregaron fricciones al crecimiento del país.

Cuando la deflación bajó los precios, las empresas tuvieron problemas para aumentar las ganancias. Por lo general, la deflación desalienta a los consumidores de realizar compras importantes pues esperan que bajen los precios y haya mejores ofertas.

Aumentar el gasto del gobierno también ha demostrado ser complicado.

Japón tiene el nivel más alto de deuda en el mundo industrializado, así que puede ser difícil encontrar dinero para gastar. Desde hace tiempo, Abe ha presionado para que el impuesto al consumo aumente al 10 % con el objetivo de financiar el gasto público. Sin embargo, después de que un primer incremento en 2014 sacudió la economía —del 5 % al 8 %—, el gobierno ha aplazado la segunda ronda en dos ocasiones, pues es impopular en términos políticos.

Si la economía de Japón se sigue debilitando, un aumento impositivo podría provocar incluso más daño. No obstante, Abe se ha comprometido con la medida. Los economistas aseguran que tiene pocas opciones.

“No queda espacio para inventar otras políticas”, afirmó Shinichiro Kobayashi, economista sénior de la rama de investigación de Mitsubishi UFJ Financial Group.

Esto quiere decir que el crecimiento futuro de Japón tal vez dependa mucho de China.

A medida que la población de Japón ha envejecido y la demanda se ha debilitado, las empresas japonesas han recurrido cada vez más a China para expandir los ingresos. El crecimiento de la clase media china y el aumento en la sofisticación de su base de producción han abierto el apetito del país hacia productos de gama alta industriales y para el consumidor, todo gracias a un yen barato.

Sin embargo, al menos en el corto plazo, esa demanda también es debilitante. En enero, las exportaciones de Japón a China en un amplio rango de industrias —desde artículos electrónicos de consumo hasta las máquinas para fabricarlos— cayeron más del diecisiete por ciento en comparación con el año anterior, después de una caída de más del seis por ciento en diciembre. Aunque las exportaciones al país tuvieron un repunte en febrero, las ganancias no compensaron el terreno perdido.

El giro repentino en el mercado de China ha obligado a muchas empresas japonesas a corregir sus utilidades proyectadas a la baja. Las empresas de artículos electrónicos de consumo y las automotrices en particular han expresado su pesimismo respecto de las condiciones del mercado, una situación que ha obligado a marcas líderes como Nissan, Nikon y Sony a tomar medidas para moderar las expectativas de los inversionistas en relación con las ventas en el país.

No queda claro cuándo se recuperará la demanda china. Los funcionarios en Pekín se han comprometido a enfocarse en la creación de empleos, han proporcionado más dinero a los bancos controlados por el Estado para ofrecer más préstamos y han prometido tomar medidas más amigables con las empresas como recortar impuestos y disminuir la burocracia. No obstante, el gobierno redujo su objetivo de crecimiento para 2019, bajo el argumento de que estaba en busca de una expansión económica que priorizara la calidad sobre la cantidad.

Las fricciones comerciales entre Estados Unidos y China han complicado más el panorama, pues la decisión del presidente Donald Trump de golpear al país con aranceles ha exprimido a las empresas japonesas que tienen manufactura en China.

La guerra comercial es “el mayor riesgo para la economía de Japón”, comentó Kobayashi de Mitsubishi UFJ.