Por: Jason Horowitz.   5 abril
Tourists in Trieste, Italy, March 8, 2019. A new cruise ship, built in nearby shipyards expressly for Chinese passengers, is docked behind them. Despite American objections, Italy is set to become the first Group of 7 nation to participate in China’s vast One Belt, One Road infrastructure project. For China, having a toehold in one of Europe’s historic ports would bring favorable customs conditions, a faster trade route to the heart of the Continent and direct access to railroads for moving its goods into the European Union. (Nadia Shira Cohen/The New York Times)

Trieste, Italia. Durante siglos, esta cosmopolita ciudad porteña ubicada en la punta norte de la costa adriática de Italia actuó como un eje entre imperios. Después, durante casi 70 años, el brillo de la estrella geográfica de Trieste se atenuó y su mezcolanza clásica de culturas del centro de Europa se volvió rancia, como un “strudel” viejo en uno de sus elegantes cafés.

Ahora, cortesía de una China en ascenso, Trieste parece lista para regresar al centro de un mundo que se está realineando.

La semana del 18 de marzo, el presidente de China, Xi Jinping, llegó a Roma para una visita de Estado en la cual se tenía previsto que Italia se convirtiera en la primera nación del G7 en participar en el enorme proyecto de infraestructura del país asiático: la Nueva Ruta de la Seda.

El simbolismo es impresionante: una China poderosa produce una fractura en la alianza económica que alguna vez dominó el mundo e impacta un fuerte golpe al gobierno de Trump que ha criticado la iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda.

Para Italia, el acuerdo abriría las puertas del país a una mayor inversión en infraestructura china, en particular en puertos como Trieste. Los funcionarios italianos guardan la esperanza de que los conglomerados que reciben el respaldo de Pekín, como China Communications Construction Co., liciten cientos de millones de euros para concesiones de infraestructura.

Para China, tener un punto de apoyo en uno de los puertos históricos de Europa le brindará condiciones aduaneras favorables, una ruta comercial más rápida hacia el corazón del Viejo Continente y acceso directo a las vías férreas para colocar sus productos en la Unión Europea.

“En esencia, el puerto de Trieste está volviendo a tener el papel logístico en Europa que tuvo para el antiguo imperio austrohúngaro”, comentó Zeno D’Agostino, el presidente de la autoridad portuaria de Trieste, cuya oficina está repleta de regalos de las delegaciones chinas y tiene un libro sobre las relaciones culturales entre Europa y China.

Ola china

Basta caminar por Trieste para atestiguar la manera en que la ciudad ya se ha abierto a China. Los turistas chinos compran Illy, la marca típica de café de la ciudad, y toman fotos del elegante Caffè Degli Specchi con sus teléfonos Huawei. Un crucero nuevo, construido en astilleros cercanos expresamente para pasajeros chinos, está atracado en la “piazza” central ubicada en la ribera, listo para zarpar por la ruta que recorrió Marco Polo hacia el Lejano Oriente.

De manera más significativa, trabajadores de la construcción vestidos de buzos han puesto los cimientos cerca del sitio donde se espera que un nuevo muelle se convierta en el hogar de China dentro del puerto industrial. En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses tuvieron una gran influencia en Trieste, y ahora Washington busca, sin éxito hasta el momento, detener el acuerdo de Italia con Xi, al retratar la iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda como una amenaza económica y una potencial amenaza militar.

Aunque otros miembros de la Unión Europea, entre ellos Francia y Alemania, también han expresado sus reservas sobre el acuerdo con China, las personas que lo respaldan en Italia consideran que no hay nada de qué preocuparse y que los críticos solo están molestos porque Trieste —y otros puertos italianos, como Génova y Palermo— se van a entrometer en sus negocios. Estas personas rechazan las comparaciones con el puerto de El Pireo en Grecia, el cual en esencia es una compra de China, y aseguran que la ley italiana no permite ese tipo de adquisiciones ni que los chinos pongan trampas de deuda.

En una entrevista, Michele Geraci, un ministro de desarrollo económico de Italia que está a cargo de las negociaciones con Pekín, mencionó que los barcos chinos que transportan materiales de oriente o de su vasta red de intereses en África a través del canal de Suez simplemente necesitaban llevar sus productos hacia los mercados de Europa central lo más rápido posible.

“Trieste cumple con ese requisito sin problemas”, comentó.

Funcionarios italianos aseguran que en un inicio sus homólogos estadounidenses parecían indiferentes ante el acuerdo. El vice primer ministro Luigi Di Maio, el líder del Movimiento Cinco Estrellas, ha realizado varios viajes a China en meses recientes, y casi firmó el acuerdo durante una visita que hizo a Pekín en noviembre, de acuerdo con los funcionarios. Después del hecho, los diplomáticos estadounidenses comenzaron a argumentar a su favor pero, según los italianos, no hubo ninguna evidencia de que el acuerdo estuviera en el radar de Estados Unidos durante las reuniones de alto nivel que se celebraron hace poco tiempo en Washington.

Sin embargo, este mes, Garrett Marquis, vocero del asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, John R. Bolton, atacó con brusquedad el acuerdo en un tuit y en varias entrevistas, mientras que el 9 de marzo la cuenta oficial de Twitter del Consejo de Seguridad Nacional también externó su reprobación.

“Respaldar la INRS legitima la estrategia depredadora de inversión de China y no tendrá ningún beneficio para el pueblo italiano”, decía el tuit, para referirse a la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda.

Entre la espada y la pared

En Trieste, los líderes de la ciudad están concentrados en los beneficios económicos para el puerto.

Más allá de su ubicación conveniente, el lunes, la ciudad celebró el tricentésimo aniversario del emperador Carlos VI de Austria y se declaró un “puerto libre”. Ese estatus aún confiere privilegios especiales, pues no hay cobros aduanales ni límites de tiempo al almacenamiento de productos.

Si el acuerdo se lleva a cabo, sus proponentes imaginan a las empresas chinas trabajando con sus homólogas italianas, las cuales contratarían trabajadores locales para ensamblar los productos importados antes de ponerlos en trenes en dirección al resto de Europa o en barcos de regreso a China. Si esa cantidad de trabajo y de componentes utilizados está a la altura de los requisitos aduanales, esos productos podrían tener la etiqueta de “Hecho en Italia”.

No obstante, algunos líderes empresariales consideran que acoger el programa del Cinturón y Ruta de la Seda acarrearía riesgos y podría complicar los esfuerzos para llevar otras inversiones a Trieste.

Vittorio Petrucco, presidente de I.CO.P., una constructora que está trabajando en el puerto, dijo que él y un exasesor de Microsoft en Trieste, donde hay un vibrante sector de investigación, habían comenzado a explorar su “sueño” de construir un centro de datos submarino que pudiera enfriar los servidores de gigantes del sector tecnológico estadounidense.

“Prefiero ver al occidente en vez de al oriente”, comentó Petrucco para referirse a su proyecto, el cual está planeado para un área cercana a una vieja fábrica siderúrgica que se alza sobre el muelle previsto para el uso de los chinos. Petrucco agregó que la construcción de ambos proyectos tardaría años y está preocupado de que toda la oposición de Estados Unidos y la controversia que rodea al acuerdo del Cinturón y Ruta de la Seda envenenen las aguas de su propuesta.

“Es triste, pero no hay nada que pueda hacer al respecto”, lamentó.

Roberto Dipiazza, el alcalde de Trieste, mencionó que Estados Unidos podría sabotear el acuerdo si en verdad lo quisiera. Dipiazza señaló que su ciudad tenía mucho que ganar al tener lazos cercanos con China, pero que los chinos tenían todavía más que ganar con los puertos profundos, los beneficios aduaneros y las vías férreas de la ciudad porteña.

“Encontraremos un punto de acuerdo entre China y Estados Unidos”, opinó Dipiazza, mientras presumía una gorra que recibió de regalo con la leyenda “Hagamos a Estados Unidos grandioso de nuevo”, la cual estaba firmada por el presidente Donald Trump. Italia, hizo notar Dipiazza, estaba atrapada “en el medio”.