Por: Farhad Manjoo.   31 julio
Una razón por la que se debería presionar al gobierno estadounidense para que cree una alternativa a la visión de China que busca dominar la tecnología: sería una manera de desarrollar una industria tecnológica más accesible.
Una razón por la que se debería presionar al gobierno estadounidense para que cree una alternativa a la visión de China que busca dominar la tecnología: sería una manera de desarrollar una industria tecnológica más accesible.

En el centro de la guerra comercial entre Estados Unidos y China yace una pregunta profunda y perturbadora: ¿quién debería controlar las tecnologías clave que dominarán el futuro?

Es perturbadora porque, en este preciso instante, la guerra comercial ofrece una opción sin futuro. Por un lado, pareciera que el destino de un puñado de gigantescas corporaciones estadounidenses es ser actores clave en la inteligencia artificial, la computación cuántica y las tecnologías avanzadas de energía y manufactura. O podría ser un puñado un poco más grande de gigantescas corporaciones estadounidenses y chinas, con una participación considerable del gobierno de China.

Estos avances podrían alterar todo lo que conocemos de nuestra vida y trabajo. ¿No sería mejor que otra entidad participara en su lanzamiento? ¿Tal vez un gobierno elegido democráticamente?

Tengo una idea alocada. Estados Unidos podría diseñar e invertir en un plan que tenga como fin una visión alternativa para la industria tecnológica a nivel mundial. Si se realizara con esmero, este plan podría estimular una mayor competencia en el sector, y permitiría ganancias económicas y sociales más grandes. Quizá todo un conjunto de empresas nuevas, en vez de solo los gigantes de siempre, podría planear un papel en el

futuro.

¿Suena poco estadounidense? No debería. Hace no mucho tiempo, cuando Estados Unidos enfrentó la posibilidad de quedar rezagado ante la tecnología avanzada de otros países, el gobierno federal intervino con una cantidad casi infinita de recursos para estimular la creación de industrias nuevas y vastas.

Gracias al financiamiento del gobierno, tuvimos la industria nuclear, el programa espacial, la industria de la aviación y el internet, el cual recibió el apoyo inicial del Departamento de Defensa. Casi todos los componentes clave de un teléfono inteligente, desde la batería hasta el GPS, tienen su base en la investigación que primero realizó el gobierno de Estados Unidos. No estoy subestimando a nadie al decir que, para bien o para mal, el gobierno estadounidense inventó el mundo moderno.

Sin embargo, en la actualidad, los capitalistas de riesgo y las corporaciones multinacionales en Estados Unidos están encargados del desarrollo de las tecnologías del mañana (y también serán sus propietarios). Mientras tanto, el gobierno chino tiene el papel que alguna vez tuvo Estados Unidos. Durante la última década, China ha estado detrás de una serie de planes agresivos que han tenido como fin obtener el dominio en áreas tecnológicas que considera cruciales para la economía global.

Ofensiva china

Un programa, Hecho en China 2025, describe un mapa para que China se convierta en un líder a nivel mundial en manufactura avanzada (cosas como la robótica, las aeronaves y las máquinas-herramienta). Otro plan pronostica que China dominará la inteligencia artificial. Con base en iniciativas similares, los chinos ya han tenido grandes victorias. Los estadounidenses inventaron la industria moderna de los paneles solares pero, gracias a la intervención del gobierno chino, la industria solar de esa nación asiática es la líder en el mundo. Sucede lo mismo con su sistema de trenes de alta velocidad.

El gobierno de Trump se opone a las visiones tecnológicas de China. Ha citado el apoyo del gobierno chino al sector tecnológico como una de las razones principales para imponer aranceles a los productos de ese país. No obstante, sus objeciones solo sirven para que la desconexión sea aún más extrema. Si Estados Unidos está preocupado de que los chinos ganen el futuro porque están gastando dinero para ganarlo, ¿por qué no estamos haciendo lo mismo?

“Un inmenso problema con las empresas tecnológicas actuales es la distribución desigual de sus ganancias. Los avances tecnológicos han creado una riqueza enorme, pero mucho de ese dinero ha caído en manos de un pequeño grupo de personas apiñadas en dos ciudades de la costa oeste. Ahora —cuando de pronto nos percatamos del poder que pueden ejercer los gigantes de la tecnología en la política, las noticias, nuestras mentes y otros aspectos básicos de la democracia—, surge un verdadero cuestionamiento sobre la verdadera presencia de desafíos significativos para su ascenso”.

“Es una lástima que no usemos el ascenso de China como una queja galvanizadora para invertir más en ciencia y tecnología en Estados Unidos”, opinó Yasheng Huang, un economista que estudia los negocios y la política de China en la Escuela Sloan de Administración del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Su argumento es que, en vez de imponer aranceles para responder a los programas como Hecho en China 2025, los estadounidenses deberíamos responder como lo hicimos en 1957, cuando aumentamos de manera considerable el gasto gubernamental en ciencia después de que la Unión Soviética lanzó el primer satélite del mundo hecho por el hombre, el Sputnik 1.

Se podría argüir que el mundo moderno se parece poco a la era del Sputnik. En la actualidad, tenemos una vibrante industria tecnológica. Amazon, Apple, Google, Facebook, Microsoft y varios capitalistas de riesgo ya están invirtiendo de manera importante en el futuro. ¿Por qué debería intervenir el gobierno?

Sin embargo, eso demostraría poca visión a futuro. Huang señala que la industria tecnológica establecida está financiando principalmente las tecnologías que se utilizarán en el futuro más inmediato. “La ciencia y el software dedicados a la biología obtienen mucho dinero”, mencionó Huang.

¿Cómo prepararnos?

Las tecnologías más especulativas que no ofrecen ninguna remuneración evidente no tienen tanta suerte. “Todo lo demás recibe poco financiamiento”, comentó Huang, y enfatizó que, dentro de la economía total, desde la década de 1970 ha caído el porcentaje del gasto federal destinado a investigación y desarrollo.

No obstante, más allá de solo abrir el grifo del dinero, hay otra razón por la que deberíamos presionar al gobierno estadounidense para que cree una alternativa a la visión de China que busca dominar la tecnología: sería una manera de desarrollar una industria tecnológica más accesible.

Un inmenso problema con las empresas tecnológicas actuales es la distribución desigual de sus ganancias. Los avances tecnológicos han creado una riqueza enorme, pero mucho de ese dinero ha caído en manos de un pequeño grupo de personas apiñadas en dos ciudades de la costa oeste. Ahora —cuando de pronto nos percatamos del poder que pueden ejercer los gigantes de la tecnología en la política, las noticias, nuestras mentes y otros aspectos básicos de la democracia—, surge un verdadero cuestionamiento sobre la verdadera presencia de desafíos significativos para su ascenso.

En este caso, también serviría el gasto gubernamental. Cuando el gobierno crea tecnología, sus ganancias suelen repartirse de una forma más amplia. El internet es el sistema abierto que es ahora porque fue patrocinado por el gobierno, no por gigantes privados de las telecomunicaciones como AT&T. El sistema satelital GPS está disponible para todo el que quiera usarlo porque los contribuyentes pagaron por él. Se podría decir lo mismo de una buena parte de lo que inventemos mañana. Si el gobierno de Estados Unidos decidiera planear el futuro, en vez de quedarse al margen a esperar que suceda, podría estimular el desarrollo del mismo tipo de infraestructura tecnológica descentralizada y abierta que albergó los milagros que tenemos actualmente.

No solo es un asunto de acceso, sino también de acción. Muchas de las tecnologías que dominarán el futuro podrían cambiar la vida de maneras sustanciales. La inteligencia artificial y la robótica podrían dar nueva forma a los mercados laborales y a una buena parte de las formas en que trabajan los estadounidenses. Las tecnologías energéticas podrían transformar tu ciudad. Sin embargo, en realidad no sabemos bien cómo prepararnos para estos cambios.