Por: Paul Sullivan.   30 noviembre
David y Jennifer Buckwald con sus hijos, Morgan y Jack, en su hogar en Colts Neck, Nueva Jersey. Se trata de una familia que ha empezado a hablar de gastos, como la cuenta del supermercado.
David y Jennifer Buckwald con sus hijos, Morgan y Jack, en su hogar en Colts Neck, Nueva Jersey. Se trata de una familia que ha empezado a hablar de gastos, como la cuenta del supermercado.

A Jennifer y David Buckwald, que viven en Colts Neck, Nueva Jersey, se les hizo difícil inculcar en sus hijos los valores financieros.

Ambos querían asegurarse de que Jack y Morgan, sus hijos de 14 y 12 años, estuvieran motivados a ser exitosos por su cuenta. A David le preocupaba que pensaran que la próspera ciudad donde viven, un área de clubes de golf y de equitación, era un reflejo de la vida de todo el mundo.

Aunque ambos padres trabajan en el sector financiero y poseen títulos de psicología, no sabían bien cómo plantear la conversación sobre el dinero y los valores familiares en general. Este año, decidieron cambiar eso.

“Conocemos la importancia de planificar y tenemos todo tipo de seguros”, dijo Jennifer. “Pero nunca nos hemos sentado a discutir nuestros valores: ¿qué importancia tiene ganar dinero y ahorrarlo?”. David admitió que no era una tarea fácil: “Al principio era difícil. Los niños no querían hacerlo”.

Las fechas de fiesta suelen estar muy cargadas de emociones así que, en opinión de los expertos, quizá sea mejor empezar con pasos más pequeños, como establecer una fecha posterior para conversar de esto con los hijos y nietos. Sin importar cuándo se hable al respecto, los expertos afirman que las familias deben tener un plan y estar dispuestas a escuchar además de hablar.

El primer paso para los padres es superar su renuencia a hablar sobre asuntos financieros con los hijos, un tema que puede ser casi tan incómodo como la charla acerca de dónde vienen los niños.

Anécdotas familiares

“Hablar de la economía familiar es como hablar de sexo con los hijos”, afirmó Jeff Savlov, fundador de Blum & Savlov, una consultoría sobre negocios familiares. “Sí puede llegar a ser demasiada información demasiado pronto”.

Una vez superado ese obstáculo, un buen punto de partida son las anécdotas familiares. “Las historias sobre nuestra familia nos ayudan a transformarnos en las personas que somos”, comentó Donna Skeels Cygan, presidenta de Sage Future Financial, una consultoría. “Es importante reconocer qué miembros de nuestra familia tuvieron un impacto positivo en nuestra infancia”.

Sin embargo, estas historias funcionan mejor cuando no están exclusivamente enfocadas en la alegría o el éxito. David Buckwald dijo que habló sobre las dificultades económicas de su infancia. Pero como parte de un ejercicio con Savlov, Buckwald también les contó a sus hijos de un pariente que tuvo un bar clandestino en la época de la prohibición de venta de bebidas alcohólicas.

Funciona ser explícito en las lecciones. Stephanie Eras, una ingeniera de Nuevo México, dijo que aprovechó las prestaciones laborales que tenía su hija en su empleo de medio tiempo en Panera Bread para hablar de ahorros.

Como motivación para que su hija ahorrara la cantidad máxima que su plan de jubilación le permitía, Eras le ofreció contribuir con la misma cantidad.

“Mi mamá no nos decía: ‘Debes ir a la universidad y conseguir un buen empleo’. Más bien nos dijo: ‘Necesitas un trabajo con prestaciones’”, refirió Eras. “Esas lecciones me enseñaron a vivir dentro de mis posibilidades económicas”.

Cuando su hija le llegó con la noticia de que el dinero no les compraría la felicidad, Eras respondió que, si bien eso era cierto, el dinero sí compraba cosas que necesitaban y querían. “Se las enumeré”, finalizó.

Lisa Bealhen, quien vive en Alburqueque, afirmó que siempre estuvo preparada y dispuesta a hablar con sus tres hijastras sobre decisiones financieras. Pero solía esperar los momentos indicados.

Ella y su esposo, quien falleció este año, predicaron con el ejemplo. Tenían un floreciente negocio de casas diseñadas a la medida localizado en el suroeste y desarrollaron divisiones enteras. Él había sido el presidente de la asociación de constructores de casas.

“Generamos mucha riqueza”, dijo. “No vivíamos fuera de nuestras posibilidades. Conducíamos unos Toyota muy bonitos, pero no Mercedes. Hubiéramos podido comprar un Mercedes, pero no era algo que nos interesara”.

“Tarde o temprano tus hijos sabrán cuánto cuestan tu casa y automóviles, gracias al Internet, y tal vez también comparen esos bienes con los de sus amigos. Pero es tu decisión cuándo decir a tus hijos cuánto ganas, y puede pasar mucho tiempo antes de que ellos adquieran la madurez necesaria para entender lo que significa esa cifra”.

Tarde o temprano tus hijos sabrán cuánto cuestan tu casa y automóviles, gracias al Internet, y tal vez también comparen esos bienes con los de sus amigos. Pero es tu decisión cuándo decir a tus hijos cuánto ganas, y puede pasar mucho tiempo antes de que ellos adquieran la madurez necesaria para entender lo que significa esa cifra.

David Buckwald contó que su hijo adolescente le ha preguntado varias veces cuánto ganaba, pero que todavía no está listo para decírselo. Sin embargo, en familia, han empezado a hablar de gastos, como la cuenta del supermercado. “Usamos números concretos”, dijo Jennifer Buckwald. “Es como si los empoderara”.

Cualquiera de estas conversaciones requiere de propósito. Savlov hace un ejercicio con las familias, el cual consiste en alinear sobre una mesa cien pedazos de regaliz. Después dirige una discusión sobre toda la gente en el mundo que posee más o menos que ellos. Al final, les pide que retiren tiras de regaliz para mostrar la posición de su familia en términos financieros.

“Invariablemente, dejan unos cinco o diez pedazos de regaliz sobre la mesa”, dijo. “Pero lo que sea que quede, lo quito hasta dejar uno, después tomo unas tijeras y corto uno a la mitad y luego otra vez a la mitad y otra vez a la mitad. Al final solo es un puntito y les pregunto: ‘¿Qué les parece esto?’”.

Esta dinámica funciona como una introducción natural a una conversación sobre necesidades y deseos. A pesar de los beneficios de hablar de dinero con los hijos, la gente evita esas conversaciones. El riesgo es que, en algún momento, los padres sienten que ya no pueden tener estas pláticas con sus hijos adultos.

A los nietos

Janet y Bob Serier, una pareja de Nuevo México, ambos en su segundo matrimonio, afirman que eso les pasó con los tres hijos de sus primeras nupcias. Ellos lograron dejar de trabajar después de cumplir 50 años, y a sus más de 70, viven sin preocupaciones.

Sin embargo, han empezado a dar a sus nietos las lecciones financieras que habrían querido impartir a sus hijos. Janet dijo que cuando sus hijos eran jóvenes, ella estaba divorciada y concentrada en su carrera para mantenerlos. “Creo que nunca les dije nada directamente”, comentó.

Pero sus nietos le han dado una segunda oportunidad. “Te escuchan”, explicó. “Los nietos admiran a sus abuelos. Nos sentimos más desinhibidos con ellos”.

No obstante, en ocasiones los hijos deben empezar a hablar con sus padres cuando estos ya son mayores. Estas conversaciones no son sobre valores familiares, sino valoraciones pragmáticas de las necesidades que tienen los padres de cuidado y apoyo, y quién se va a encargar de eso.

Lo óptimo podría ser concentrarse en una serie de comportamientos de planeación, como asegurarse de que los documentos y contraseñas relativos a la salud y las finanzas estén ordenados, y hablar sobre quién se encargará de sus asuntos, aconsejó Ronald Long, jefe de gestiones regulatorias e iniciativas para clientes mayores en Wells Fargo Advisors.

“Ahórrate las compras del Buen Fin o el Viernes Negro y mejor invierte media hora en estas conversaciones”, exhortó Long. Se trata de un excelente consejo, sin importar la edad.