Por: Alexandra Stevenson y Su-Hyun Lee.   20 febrero
Remy Kim, a 29-year-old cryptocurrency investor who believes he is the youngest person in South Korea to own a Rolls-Royce, in Seoul, South Korea, Nov. 14, 2018. A generation of young South Koreans looking for a way out of their dead-end prospects, has helped turn the country into a capital of the wild world of cryptocurrencies. Now that the market has virtually collapsed, many people young and old are mired in debt and losses. (Jean Chung/The New York Times) Remy Kim, un inversionista en criptomonedas de 29 años, afirma ser el propietario más joven de un Rolls Royce en Seúl.
Remy Kim, a 29-year-old cryptocurrency investor who believes he is the youngest person in South Korea to own a Rolls-Royce, in Seoul, South Korea, Nov. 14, 2018. A generation of young South Koreans looking for a way out of their dead-end prospects, has helped turn the country into a capital of the wild world of cryptocurrencies. Now that the market has virtually collapsed, many people young and old are mired in debt and losses. (Jean Chung/The New York Times) Remy Kim, un inversionista en criptomonedas de 29 años, afirma ser el propietario más joven de un Rolls Royce en Seúl.

Seúl, Corea del Sur. Kim Ki-won tiene un secreto que no ha compartido con sus padres.

No solo compró y vendió una inmensa cantidad de monedas digitales. Kim, quien tiene 27 años y vive con sus padres, llegó a ganar tanto dinero gracias a sus inversiones en criptomonedas que gastaba $1.000 al mes en sus caprichos. Renunció a su trabajo, obtuvo préstamos para comprar más y planeaba comprar una casa.

Ahora se sienta con desgano y algunas veces esconde los ojos detrás de su cabello. Todo por su secreto: Kim perdió mucho dinero, quizá decenas de miles de dólares.

“No me parece justo que la gente diga que se trata de apuestas”, dijo acerca de su obsesión con las criptomonedas. “Aunque sí tiene algo de verdad”.

Una generación de jóvenes surcoreanos como Kim, en busca de alguna opción para escapar de su futuro truncado, es responsable de haber convertido al país en la capital del mundo salvaje de las criptomonedas. Ahora que el mercado prácticamente se ha desplomado, jóvenes y viejos por igual se encuentran sumidos en deudas y pérdidas. No obstante, muchos jóvenes surcoreanos todavía piensan que el dinero digital les podría dar la oportunidad de cambiar su situación.

Popularidad

Corea del Sur todavía es el tercer mayor mercado para las monedas virtuales, después de Estados Unidos y Japón. En total, $6.800 millones en criptomonedas cambiaron de manos en enero, según el proveedor de datos Messari. Corea del Sur es un centro importante de intercambio de bitcoines, la criptomoneda más conocida, así como de una amplia variedad de otras monedas virtuales que no cuentan con el respaldo del banco central de algún país.

Las criptomonedas se han convertido en un fenómeno cultural en el país.

Las cafeterías imprimen sus propias monedas digitales. Una red nacional de televisión produjo un programa de juegos llamado “Block Battle”, en el que los concursantes (uno de ellos se hacía llamar “Kimchi Powered”) debían construir una empresa utilizando criptotecnología.

Una noche reciente en Seúl, un grupo de hombres y mujeres de entre 60 y 80 años se reunieron bajo luces estroboscópicas para celebrar la presentación de una moneda digital nueva.

Sin embargo, los millennials como Kim fueron quienes abrieron el paso. Muchos se hacen llamar “cucharas de barro”, una expresión que en Corea del Sur hace referencia a la clase económica y social; las cucharas de oro y de plata tienen una mejor posición, mientras que las cucharas de barro son las peores.

Las criptomonedas parecían ofrecer una oportunidad para alterar ese orden social.

“Los jóvenes promedio no tienen verdaderas oportunidades en Corea del Sur”, se lamentó Kim Han-gyeol, de 23 años, graduada de una escuela vocacional, quien comenzó a trabajar medio tiempo como desarrolladora de software para una empresa de libros electrónicos.

Vive con sus padres y trabaja medio tiempo en Dunkin’ Donuts, además de estudiar inglés en línea por las noches.

En un principio, ganó mucho dinero gracias a sus inversiones en criptomonedas. Gastó unos cuantos miles de dólares de lo que había ganado para comprarse ropa bonita, y también a su madre, y soñaba con abrir una cafetería con su botín. Entonces, perdió casi todo.

“Sentí un poco de vergüenza cuando perdí dinero con mis inversiones en bitcoines, no solo una sino dos veces, porque me dejé llevar por la avaricia y quise ganar una fortuna en una sola operación”, confesó. De cualquier forma, dijo que seguiría invirtiendo en monedas digitales.

“De todas formas, no podría recuperar lo perdido en otra parte”, comentó.

Escape

Para los jóvenes de Corea del Sur, la vida puede ser frustrante y asfixiante. Su medida más alta de éxito es conseguir un puesto en el gobierno o un empleo en uno de los contados pero poderosos conglomerados de familia que controlan la mayoría de los productos que utilizan los surcoreanos. Para lograrlo, deben asistir a una de las exclusivas universidades del país, una misión que se ha vuelto tan complicada que muchos esperan varios años para solicitar un lugar.

La desigualdad de ingresos es una de las peores de Asia. El desempleo juvenil es del 10,5% y se ha mantenido cerca de esa cifra desde hace cinco años, con todo y que el desempleo general es del 3,4%.

A los jóvenes coreanos se les dice la “generación sampo”, una palabra compuesta que hace referencia a las tres cosas que han dejado de hacer: cortejar, casarse y tener una familia.

A este sentimiento de desilusión se suma una serie de escándalos políticos, incluido el que dio pie al juicio político de la expresidenta Park Geun-hye y dejó al descubierto los arraigados vínculos entre los poderosos conglomerados y los políticos de Corea del Sur.

Cuando aparecieron las criptomonedas, se habló mucho de ellas en foros de discusión, hangouts semanales e incluso salones intelectuales creados exclusivamente para las monedas digitales. Todos se preguntaban si este sistema nuevo podría acabar de raíz con el rígido orden social de Corea del Sur.

Comprar monedas digitales era mucho más sencillo que comprar acciones u obtener un préstamo para arrancar un negocio. Kim Ki-won solo tuvo que invertir una cantidad pequeña en un principio. “Fue una oportunidad para poder ganar mucho dinero”, dijo, con los ojos abiertos y llenos de emoción tan solo de pensar en las posibilidades.

El año pasado, el gobierno de Corea del Sur consideró la posibilidad de cerrar las casas de cambio de monedas virtuales, donde los inversionistas compran y venden, pues argumentó que comenzaban a parecer casas de apuestas.

En ese momento, algunas casas de cambio procesaban transacciones de millones de dólares. Sin embargo, la noticia provocó protestas y el gobierno se limitó a prohibirles a los inversionistas de criptomonedas abrir nuevas cuentas anónimas vinculadas con los bancos para combatir el lavado de dinero.

Incluso algunas voces que antes promovían las criptomonedas advierten que ya pasó su mejor época. Entre ellas se encuentra Kimchi Powered, concursante del programa de televisión “Block Battle”.

Kimchi Powered, cuyo nombre real es Jung Ki-young, llegó hasta la final del programa, en parte porque los jueces disfrutaban ver con qué disfraz tonto aparecería. En la noche de la ronda final, Jung, de 36 años, vistió un saco brillante.

Todavía invierte en criptomonedas, pero les advierte a otros que ya no hay tantas oportunidades de ganar dinero como antes.

“Muchos están muy deprimidos estos días porque el precio de los bitcoines ha bajado”, explicó en una entrevista. “Me importaba más darles a los televidentes un motivo para reír que ganar la competencia”.