Por: Jim Tankersley.   18 enero
Empleados, contratistas y simpatizantes federales se reunieron el 10 de enero en una manifestación fuera de la Casa Blanca para exigir que el presidente Donald Trump y el Senado reabran el Gobierno después de 19 días de un cierre parcial.
Empleados, contratistas y simpatizantes federales se reunieron el 10 de enero en una manifestación fuera de la Casa Blanca para exigir que el presidente Donald Trump y el Senado reabran el Gobierno después de 19 días de un cierre parcial.

El cierre parcial del Gobierno está infligiendo un daño mucho mayor a la economía estadounidense del que se había estimado, reconoció el martes 15 de enero la Casa Blanca, mientras los economistas del presidente Donald Trump duplicaban las proyecciones sobre cuánto crecimiento se está perdiendo cada semana que dura el duelo con los demócratas.

Los estimados que revisamos del Consejo de Asesores Económicos muestran que el cierre, que cumplió ya su cuarta semana, está comenzando a tener verdaderas consecuencias económicas. El análisis, y otras proyecciones hechas fuera de la Casa Blanca, sugieren que el cierre ya ha afectado de manera significativa el crecimiento y a fin de cuentas podría provocar que la economía estadounidense se contraiga.

Aunque el vicepresidente Mike Pence había restado importancia a los efectos del cierre en una economía “descomunal”, ahora funcionarios de la Casa Blanca han advertido a Trump sobre el costo que podría tener en una expansión económica sostenida. El presidente, quien ha montado su éxito político sobre la economía, también enfrenta otros reveses económicos, entre ellos la desaceleración del crecimiento mundial, una guerra comercial con China y los efectos menguantes de un recorte fiscal de $1,5 billones.

Para mitigar los efectos del cierre, el martes, el Gobierno convocó a miles de empleados a volver a trabajar, sin goce de sueldo, a fin de procesar declaraciones de impuestos, garantizar la seguridad en los vuelos e inspeccionar alimentos y fármacos. Sin embargo, algunas personas involucradas en las conversaciones sobre el cierre que se han llevado a cabo en la Casa Blanca han dicho en privado que prevén que Trump se pondrá más ansioso respecto del impacto económico en los próximos días, y acelerará el paso para poner fin al punto muerto. Otras personas cercanas al presidente creen que Trump tiene la ventaja y lo están alentando a defender sus demandas.

Por ahora, la Casa Blanca no muestra señales de estar lista para ceder, y Kevin Hassett, el presidente del Consejo de Asesores Económicos, sigue culpando a los demócratas por el daño económico.

“El Congreso debe tomar en cuenta los perjuicios de los que estamos hablando y solucionarlos”, expresó Hassett.

El martes, Hassett señaló que el gobierno calcula que el cierre reduce 0,13 puntos porcentuales del crecimiento económico trimestral por cada semana que pasa: el efecto acumulativo del trabajo perdido de los contratistas y los empleados federales que están ausentes con permiso y sin goce de sueldo, quienes como resultado están invirtiendo y gastando menos. Esto quiere decir que la economía ya ha perdido casi medio punto porcentual de crecimiento en el cierre de cuatro semanas (el año pasado, el crecimiento económico total del primer trimestre fue de 2,2 %).

En un intento para ilustrar el daño causado por el cierre, Hassett mencionó que uno de los miembros de su personal que están ausentes con permiso y sin goce de sueldo había comenzado a conducir un auto en Uber para pagar las cuentas.

Muro de la discordia

Trump ha exigido que los demócratas, quienes controlan la Cámara de Representantes, de algún modo incluyan $5.700 millones al financiamiento del Gobierno para la construcción de un muro fronterizo. Los demócratas se han rehusado y, junto con algunos republicanos, han intentado persuadir al presidente para que reabra el gobierno y negocie la seguridad fronteriza después de la apertura. La Cámara ha aprobado varios proyectos de ley para financiar partes del gobierno que no están relacionadas con la seguridad fronteriza, entre ellas el Servicio de Impuestos Internos. Los republicanos del Senado se han rehusado a programar votaciones para esos proyectos de ley.

El martes, en un esfuerzo por dividir la oposición de los demócratas, la Casa Blanca invitó a varios demócratas de la Cámara de distritos donde ganó Trump para hablar sobre una solución. Ninguno se presentó.

El estancamiento ha dejado a 800.000 empleados federales ausentados con permiso laboral o trabajando sin goce de sueldo, además de dejar sin trabajo a miles de contratistas gubernamentales, al menos de manera temporal.

Hassett señaló que probablemente el daño podría crecer. También dijo que gran parte del perjuicio se repararía una vez que termine el cierre y los trabajadores vuelvan a recibir su sueldo. No obstante, reconoció que el cierre podría reducir las expectativas de crecimiento de forma permanente si los negocios y los mercados comienzan a esperar que el Congreso y el presidente repitan esta experiencia una y otra vez.

Algunos economistas han empezado a advertir sobre la posibilidad de ese tipo de escenario y que la confianza económica podría verse socavada si los negocios, los consumidores y los inversionistas pierden la fe en la capacidad de los líderes políticos para llegar a acuerdos sobre asuntos como el aumento al límite de la deuda federal y la aprobación de convenios comerciales.

Esa falta de confianza podría aumentar hasta convertirse en una contracción económica autoinfligida, inmediatamente después del que pareciera haber sido el año más sólido de crecimiento para la nación tras la crisis financiera de 2008. Los mercados financieros ya son muy volátiles entre las preocupaciones sobre la batalla comercial con China, la desaceleración del crecimiento mundial y los indicios de debilitamiento en los sectores manufacturero e inmobiliario de Estados Unidos.

“El estancamiento ha dejado a 800.000 empleados federales ausentados con permiso laboral o trabajando sin goce de sueldo, además de dejar sin trabajo a miles de contratistas gubernamentales, al menos de manera temporal”.

“Con mucha facilidad, la economía podría detenerse en el primer trimestre, y después la pregunta es qué sucederá en el segundo” si persiste el cierre, cuestionó Ian Shepherdson, economista jefe de Pantheon Macroeconomics. “Mientras más dure, más se tardará en haber una recuperación”.

Shepherdson mencionó en una nota de investigación que, si continúa el cierre hasta finales de marzo, espera que la economía se contraiga en el primer trimestre. Aunque es probable que los trabajadores federales reciban su pago una vez que termine el permiso de ausencia, tal vez no sea el caso para la mayoría de los contratistas del gobierno y, mientras más tiempo se reduzca el gasto, mayor será el riesgo de que quiebren los negocios que dirigen o financian, señaló Shepherdson.

El cierre “está amenazando con arruinar esta expansión económica”, mencionó en una nota de investigación del martes Bernard Baumohl, economista global en jefe del Economic Outlook Group. Su efecto en los planes de gasto de los trabajadores federales genera una preocupación particular para los mercados automotriz e inmobiliario, los cuales ya estaban mostrando señales problemáticas antes del cierre, explicó Baumohl.