Por: Amanda Hess.  9 febrero
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El "fembot" ha sido durante mucho tiempo una fijación de la cultura pop, pero ahora la tecnología feminizada nos rodea.

Recientemente, “TRL”, el programa de MTV, dio la bienvenida a Poppy, una estrella en ascenso que tiene una piel perfecta de holograma, viste un uniforme de escuela vanguardista y tiene una voz parecida a la de Betty Boop, pero drogada.

La mayor parte del programa, estuvo sentada en silencio en el sofá y de forma metódica apiló dulces sobre una mesa de vidrio.

La persona encargada de Poppy era un hombre de pelo largo llamado Titanic Sinclair, quien explicó lo siguiente: “Solo estoy aquí para asegurarme de que no funcione mal”.

Poppy fue difícil de entrevistar. Cuando le preguntaron sobre los Grammy, los cuales se habían transmitido la noche anterior, ella pió: “Eh, en realidad no los recuerdo”.

Después se cambió de vestimenta a una que la hacía parecerse a una hermosa yema de huevo y cantó Bleach Blonde Baby, la cual cuenta cómo nació completamente maquillada y con manicura y pedicura.

Para resumir su proyecto de forma más simple, Poppy es una estrella humana del pop que personifica un androide. Apareció por primera vez en un video de YouTube de 2014 en el que come algodón de azúcar mientras se escucha una pista sonorizada con ruidos de alguien que mastica y traga, los cuales, por extraño que parezca, resultan agradables.

Cuando habla, Poppy exhibe el rango limitado de un bot conversacional, el vocabulario particularmente formal de un asistente digital (dice “Nueva York Nueva York” y “YouTube punto com”) y los tics de capitalismo tardío de un “influencer” en línea.

En “Hey YouTube”, repite saludos de “vlogger” —“Qué onda, chicos” y “¡Hola, YouTube!”— hasta que pierden sentido.

En “I am empowered” (Estoy empoderada), ronronea una y otra vez: “Me siento empoderada cuando creo contenido de alta calidad en Internet”.

Los videos de Poppy en YouTube se han visto más de 257 millones de veces y ahora su personaje se está permeando en la cultura: logró aparecer en el programa “Today”, en un anuncio de Times Square, en una serie de videos de Comedy Central en Snapchat y tiene un patrocinio de Sanrio.

Ahora está a la mitad de una gira de conciertos por Estados Unidos y es la protagonista del programa piloto de una serie en línea, “I’m Poppy”, la cual se transmite por YouTube Red, el canal de suscripción de paga de YouTube.

Voz relajante

Los comentarios de Poppy no son muy ingeniosos que digamos, pero la actuación de la mujer que la interpreta —Moriah Pereira, de 23 años— es fascinante de una forma siniestra (Corey Mixter, de 30 años, interpreta a Titanic Sinclair: su creador, director, operador).

La voz de Poppy tiene el efecto relajante de un video ASMR, esas grabaciones de crujidos y susurros capaces de evocar sensaciones de cosquilleo en la nuca. Es asombrosa la manera en que hace pausas y se congela entre comentarios, como si estuviera descargando un nuevo programa de diálogo y recalibrando sus expresiones para operarlo.

Si Poppy es una persona que actúa como robot, Lil Miquela es una creación de CGI que se hace pasar por un ser humano. Es una modelo de Instagram animada por computadora con fondos reales editados, que posa con gente real y se viste con ropa de calle verdadera que también se puede comprar.

Aunque el campo de la inteligencia artificial se inclina hacia la creación de robots que parecen realistas —unos que pueden pasar el test de Turing imitando de forma persuasiva las conversaciones de los seres humanos—, el subcampo de la fabricación de las fembot parecería estar más enfocado en elaborar algo físicamente perfecto, pero mentalmente deficiente.

Su apariencia —enormes labios color mate, cejas pobladas, pecas espolvoreadas en una piel tersa como la de una Barbie— es una versión exagerada del estándar de belleza que se encuentra por toda la plataforma, lo cual provoca que las mujeres más seguidas de YouTube tengan un aspecto curiosamente similar y un poco irreal.

Ahora también tiene su propio ingreso adicional: una serie de sencillos pegajosos donde se escucha su voz, en la cual se utilizó una gran cantidad de Auto-Tune. Miquela prolonga las tensiones sobre la autenticidad de las interpretaciones en las redes sociales; a veces agrega filtros a su rostro por medio de aplicaciones de belleza estilizada tipo animé, y coloca una capa de artificio sobre la siguiente.

No habla mucho, pero en una extraña entrevista telefónica que se publicó en YouTube, una mujer que se hizo llamar Miquela eludió una pregunta sobre su falsedad con una provocación: “¿Me puedes decir si hay alguien en Instagram que no edite sus fotos de forma digital?”

100 millones de seguidores

Las fembot están diseñadas para parecerse más a las estrellas de Internet, pero tal vez las estrellas de Internet también están diseñadas para verse como las fembot.

Por ejemplo, Kylie Jenner, quien está clasificada como uno de los usuarios más populares de Instagram —hace poco tiempo superó los 100 millones de seguidores— y quien influye de una forma importante en la estética de la plataforma, la cual moldea con ejemplos, pero también mediante las ventas de su exitosa línea de cosméticos Kylie Cosmetics.

Si haces un recorrido por una galería de imágenes con los cambios de apariencia que ha tenido Jenner con el paso del tiempo —los labios hinchados de relleno, el oscurecimiento de su tono de piel, los ojos muy abiertos y los rasgos faciales esculpidos—, se tiene la sensación de que es una modelo que se está renovando.

Jenner es fanática de las pelucas y cambia de color de cabello (a menudo a tonos neón o pastel) tan frecuentemente que nos recuerda a la comodidad de un clic de Photoshop y el atractivo de un objeto que se puede personalizar de manera infinita.

Es tan común que Jenner aparezca en Instagram con su teléfono en la toma que empieza a evocar la imagen de un ciborg con su dispositivo pegado a la mano de forma permanente. Por otro lado, está la influencia de Jenner: vacía. Publica vídeos de movimientos repetitivos que se reproducen una y otra vez —dedos con manicura reciente que acarician un pedazo de peluche, un párpado brilloso a medio cerrar—, los cuales le dan un aire animatrónico.

En un artículo del 2015 para la revista Interview, Chris Wallace, quien entonces era el editor en jefe, dijo que Jenner se sentía “casi tan vivaz como una muñeca sexual”. En la portada, aparecía ataviada con un atuendo fetichista de látex, posando dentro de una caja para envíos de madera o doblada en el brazo de un hombre con la mirada perdida.

Aunque el campo de la inteligencia artificial se inclina hacia la creación de robots que parecen realistas —unos que pueden pasar el test de Turing imitando de forma persuasiva las conversaciones de los seres humanos—, el subcampo de la fabricación de las fembot parecería estar más enfocado en elaborar algo físicamente perfecto, pero mentalmente deficiente.

En la revista en línea, Real Life, Janna Avner tuvo la astucia para destacar que el creador de las fembot “convierte las limitaciones de la tecnología de los robots en un tipo de fortaleza”.

"¿De dónde salió?"

El fracaso de la inteligencia artificial para realmente igualar la inteligencia humana es una característica, no un error. En los memes de robots sexuales en Twitter arruina el momento cuando la muñeca se vuelve consciente, cuando empieza a criticar a su dueño o a preguntar sobre el estatus de la relación que tienen, en ese punto él se lanza para apretar el botón de reinicio o la desconecta.

Las mujeres digitales idealizadas que aparecen en el cine o la televisión —“Her,” “Ex Machina” y “Westworld”— se convierten en pesadillas cuando adquieren sus propias mentes.

Sin embargo, nuestras estrellas ciborg del Internet están suspendidas en la red sin una narrativa de redención.

Los seguidores de Poppy, Lil Miquela y Kylie Jenner pueden ser consumidos por los misterios de sus historias de origen.

¿Quién es el arquitecto detrás del proyecto satírico de Poppy? ¿Lil Miquela se basa en las fotografías de una misteriosa mujer real o se le materializó de la nada? ¿Por cuáles procedimientos quirúrgicos ha pasado Jenner? ¿Qué filtros utiliza?

En el programa piloto de “I’m Poppy”, una figura de Hollywood pregunta: “¿De dónde salió? ¿Con quién está?”. No obtiene las respuestas, pero cuando escucha que tiene 50 millones de seguidores, decide: “Es perfecta”. El conteo de seguidores justifica la existencia de la estrella, y sus interacciones animan y regeneran a su personaje.