Por: Thomas Erdbrink.   13 febrero
Ziya Sadr, a Bitcoin expert who operates a Bitcoin mine outside of Tehran, Iran, Dec. 21, 2018. The cryptocurrency could allow Iranians to make international payments without using the U.S. banking system, the main lever of American power. (Arash Khamooshi/The New York Times)
Ziya Sadr, a Bitcoin expert who operates a Bitcoin mine outside of Tehran, Iran, Dec. 21, 2018. The cryptocurrency could allow Iranians to make international payments without using the U.S. banking system, the main lever of American power. (Arash Khamooshi/The New York Times)

Teherán, Irán. Después de bajar de un auto en un sitio industrial lodoso ubicado en el desierto iraní, un inversionista de bitcoines de 22 años de edad proveniente de Europa alzó la voz para que se le pudiera escuchar debido al rugido de un generador que opera con gas.

Sus homólogos iraníes —un especialista en tecnologías de la información de lentes, un autonombrado “bitcoiner de hueso colorado” y el empresario que dirigía el sitio— acompañaron a pie a su visitante extranjero hacia los contenedores grises llenos de miles de computadoras pequeñas. Cuando estén terminadas y conectadas a la red eléctrica, las computadoras servirán para procesar una criptomoneda que, por lo menos en teoría, podría permitir que Irán evada las sanciones de Estados Unidos.

El valor del bitcóin, la moneda en línea más dominante del mundo, es impredecible y traicionero. Sin embargo, es un frente emergente en la guerra económica entre Washington y Teherán.

Fuera del radar

Las sanciones bancarias que han limitado la economía de Irán no permiten que las empresas extranjeras hagan negocios en el país. No obstante, las transacciones en bitcoines, las cuales son difíciles de rastrear, podrían permitir que los iraníes realicen pagos internacionales eludiendo las restricciones estadounidenses a los bancos.

En el pasado, la amenaza de sanciones estadounidenses había bastado para inmovilizar los negocios con Irán, pero los pagos anónimos realizados con bitcoines podrían cambiar esa situación. Aunque Washington aún tendría la capacidad de monitorear e intimidar a las empresas grandes, una infinidad de empresas pequeñas y medianas podrían explotar el bitcóin y otras criptomonedas para llevar a cabo negocios bajo el radar de Estados Unidos.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, muy consciente de la amenaza, está intentando meter en cintura al bitcóin y otras criptomonedas. En semanas recientes, en respuesta a un caso de fraude por Internet que se originó en Irán, este departamento impuso sanciones a dos iraníes y a las direcciones de bitcoines, o “carteras”, que habían usado para comerciar con la moneda.

El Departamento del Tesoro también ha advertido a los mercados digitales que compran y venden bitcoines y a las empresas que venden computadoras para procesar transacciones de bitcoines que no deben brindar servicios a los iraníes. Varios sitios famosos de transacciones están bloqueando a los compradores y vendedores de Irán. Algunos han confiscado dinero que era propiedad de clientes radicados en Irán.

“El Departamento del Tesoro perseguirá con agresividad a Irán y a otros regímenes rebeldes que intenten explotar las monedas digitales”, mencionó el departamento en un comunicado.

Sin embargo, por su naturaleza, ninguna persona o entidad puede controlar las criptomonedas. En el mejor de los casos, los esfuerzos por regular o monitorear su comercio son episódicos: el juego del gato y el ratón. Con el bitcóin y otras criptomonedas, simplemente no hay manera de reproducir las sanciones bancarias que han demostrado ser tan dañinas para la economía iraní.

Las transacciones en bitcoines quedan registradas en un libro de contabilidad digital o base de datos conocida como cadena de bloques, la cual se mantiene en una red de muchas computadoras independientes. El sistema está diseñado de manera explícita para eludir a los bancos centrales y las grandes instituciones financieras. De la misma manera que sucede con los correos electrónicos que se envían sin tener que pasar por un servicio postal central, la red de computadoras que mantiene los registros del bitcóin permite el movimiento de dinero sin tener que pasar por una autoridad central.

El gobierno iraní se ha tardado en reconocer las posibilidades potenciales que tiene el bitcóin para evadir sanciones. Sin embargo, ahora está considerando la creación de bolsas de cambio para facilitar las transacciones, comentó hace poco un funcionario, Abdolhassan Firouzabadi. A pesar del fracaso de la criptomoneda respaldada por el Estado venezolano, el Petro, el banco central de Irán señaló recientemente que estaba considerando en serio la creación de algo similar, una criptomoneda la que tal vez llamarán CryptoRial, por el nombre de la moneda nacional, el rial.

No obstante, la incursión iraní en el bitcóin palidece ante lo que está sucediendo en la anterior república soviética de Georgia, donde miles de personas han entrado de lleno al negocio de las criptomonedas.

La ganancia

En la operación de procesamiento computarizado del desierto iraní, nadie parecía tener una preocupación particular sobre las consecuencias geopolíticas del bitcóin.

La operación consistía en 2.800 computadoras de China dentro de ocho contenedores, a las que, una vez conectadas entre ellas, se les llama granja. Esta granja realiza intensos cálculos matemáticos, conocidos como minado, los cuales son necesarios para confirmar las transacciones con bitcoines. Los mineros cobran cuotas en bitcoines por sus servicios.

Sin hacer caso a la lluvia, el visitante europeo usó la calculadora de su teléfono móvil para determinar cuánto dinero podría generar esta granja en particular, multiplicando la potencia computacional y restando los costos operativos y de electricidad.

Su estimado de cinco bitcoines al mes, a unos $4.000 por bitcóin en los niveles actuales de los precios, daría como resultado alrededor de $20.000.

“Nada mal”, expresó.

La moneda fluctúa como cualquier otra, aunque ha demostrado su volatilidad particular, pues se hundió a menos de $4.000 por unidad después de haber estado cerca de los $20.000 hace un año.

“Tendremos dos ingenieros en el sitio para mantener todo en orden. A nadie más”, comentó Behzad, el director ejecutivo de IranAsic, la empresa que maneja el sitio. Behzad, al igual que el inversionista europeo, no quiso dar sus apellidos, por temor a represalias estadounidenses.

El visitante europeo consideró que las computadoras chinas, llamadas A9Antiminers, eran obsoletas. Sin embargo, comentó, “supongo que es el último lugar del planeta donde aún son rentables”.

Lo anterior sirve para explicar por qué parece que Irán está dando los primeros pasos para convertirse en un centro global del minado del bitcóin. Gracias a generosos subsidios gubernamentales, la electricidad —la energía que necesitan las computadoras para procesar las transacciones en criptomonedas— cuesta poco en Irán. Ronda los seis décimos de centavo de dólar por kilovatio-hora, en comparación con un promedio de doce centavos de dólar en Estados Unidos y 35 centavos de dólar en Alemania.

En meses recientes, decenas de inversionistas extranjeros de Europa, Rusia y Asia han considerado mover sus operaciones de minado a Irán y otros países con bajos costos como Georgia. “En esta industria, debemos ser flexibles y movernos a donde los precios sean los más bajos para poder sobrevivir”, mencionó el inversionista europeo.