Por: Adam Popescu.  9 febrero
Las fibras leñosas de la planta de cannabis, que crece desde la semilla hasta la cosecha en unos cuatro meses, cuando se mezcla con cal produce un concreto ligero natural que retiene la masa térmica y es altamente aislante.
Las fibras leñosas de la planta de cannabis, que crece desde la semilla hasta la cosecha en unos cuatro meses, cuando se mezcla con cal produce un concreto ligero natural que retiene la masa térmica y es altamente aislante.

​Los romanos lo utilizaron desde la época de Julio César, pero no para drogarse. Tanto Washington como Jefferson lo cultivaron. Ahora que varios estados han legalizado el uso de la marihuana para su uso recreativo y médico, uno de los más grandes mercados inexplorados para la planta cannabis —por lo menos una variedad— podría ser su utilización como herramienta de construcción.

El material de construcción más sustentable no es el concreto ni el acero, sino el cáñamo, de rápido crecimiento.

Las estructuras de cáñamo datan de la época de los romanos. Un puente de mortero de cáñamo se construyó en el siglo VI, cuando Francia aún era Galia. Ahora, una ola de constructores y botanistas está trabajando para renovar este mercado.

La mezcla de las fibras leñosas del cáñamo con la cal produce un concreto ligero y natural que retiene la masa térmica y es muy aislante, sin pestes ni moho, con buena acústica, baja humedad, sin pesticidas.

El tiempo que la semilla tarda en convertirse en cosecha es de aproximadamente cuatro meses.

La delgada planta de cáñamo, una cepa de la ubicua Cannabis sativa, de verdad es como una hierba en su capacidad de florecer en una amplia gama de climas; además, alcanza una altura de hasta 4,5 metros y un diámetro de casi 38 centímetros. La capa interna de la planta, la médula, está rodeada de un núcleo leñoso llamado estopa. Esa es la fuente de la fibra sólida, que puede utilizarse para fabricar sogas, velas y papel.

El cáñamo se planta por lo general en marzo y mayo en los climas septentrionales, o entre setiembre y noviembre debajo del ecuador. Una vez que se corta, normalmente a mano, las plantas se dejan secar durante algunos días antes de agruparlas y ponerlas en tinas de agua, donde los tallos se hinchan.

Esas fibras secas se mezclan para una variedad de usos, como, por ejemplo, agregarles cal. Esto crea bloques llamados ladrillos de cáñamo. El cáñamo industrial contiene tan solo 0,3 % de THC (tetrahidrocannabinol), la sustancia responsable del efecto que se produce cuando se fuma marihuana.

Enorme potencial

El cannabis presente en un festival de reggae, por ejemplo, contiene hasta un 20 % de la sustancia. La obtención de una planta madura en tan solo unos meses —con menos fertilizante del necesario para cultivos como el maíz, y sin fertilizantes químicos ni aerosoles para insectos— hace que el potencial de ganancias sea enorme.

Puesto que el cáñamo aprovecha el agua subterránea, sus largas raíces hacen que el aire circule, lo cual mejora la calidad del suelo, otra ventaja para los campesinos que quieren rotar cultivos.

Combatir la poderosa connotación estupefaciente de la planta podría ser el obstáculo más complicado para los campesinos y constructores, y quizá será un impedimento aún más inconveniente durante el gobierno de Trump.

La planta aún está muy regulada. Sin embargo, en enero pasado, California legalizó el uso de la planta por completo. Además, la legislación agrícola federal de 2014 hizo legal el cultivo de cáñamo con motivos de investigación en universidades de estados donde se ha aprobado por ley.

¿Pero a qué huele una casa de cáñamo? “Huele a comodidad. Huele un poco a cal. Estamos usando las fibras. No huele a cannabis, no tiene nada que ver con fumar marihuana ni con las plantas de cannabis. Es un cultivo agrícola industrial”, respondió Sergiy Kovalenkov, un ingeniero civil ucraniano.

Nueva York ahora financia una iniciativa de investigación hasta por $10 millones en subsidios para los negocios de cáñamo, con participación en el programa piloto de instituciones que incluyen a la Universidad de Cornell. Aún así, en Estados Unidos se necesitan permisos especiales para construir con cáñamo, y los requisitos pueden variar entre condados y estados.

La primera casa moderna de cáñamo se construyó en el 2010 en Carolina del Norte. Ahora hay cerca de 50 viviendas como esa en el país.

Sin embargo, no se cultiva mucho cáñamo en Estados Unidos; poco menos de 4.046 hectáreas hasta ahora, suficientes para cerca de 5.000 hogares con una sola familia.

La superficie de cultivo en Canadá es del doble, y en la provincia china de Yunnan, 10.000 campesinos lo cultivan. Cerca de 30 países producen ahora cáñamo, incluyendo España, Austria, Rusia y Australia.

El cáñamo se redescubrió en la década de 1980 en toda Europa, donde el cultivo es legal, y Francia se ha convertido en el más grande productor de cáñamo de la Unión Europea.

Cientos de edificios en todo el continente utilizan la sustancia como material aislante para rellenar muros y techos, y bajo el suelo en edificios con armazones de madera. Los fabricantes dicen que es ideal para la construcción de poca altura, un producto que se parece al estuco y no tiene toxinas.

Sus promotores también presumen que tiene una huella de carbono menor, pues requiere tres veces menos calor para generarse que el concreto estándar de piedra caliza.

Temperaturas inferiores

Más como cartón yeso que concreto, el ladrillo de cáñamo no puede utilizarse como cimiento ni estructura; es un aislante que necesita respirar, dijo Joy Beckerman, un especialista en la legislación del cáñamo y vicepresidente de Hemp Industries Association, un grupo comercial.

El cáñamo no debe usarse a nivel del suelo, pues pierde su resistencia debido al moho y la podredumbre. Deben aplicarse selladores de revoque de cal o tablas de óxido de magnesio a cualquier cosa que entre en contacto con el cáñamo, o la cal se calcificará y perderá su capacidad de absorber y liberar agua.

Aunque eso suena a mucho trabajo, Beckerman señaló los beneficios a largo plazo. “En muchos climas, un muro de 3,6 metros de ladrillo de cáñamo facilitará temperaturas interiores de cerca de 15,5 grados Celsius todo el año sin sistemas de calefacción ni enfriamiento”, dijo. “La huella ambiental total es drásticamente más baja que con la construcción tradicional”.

Aún no hay estándares internacionales para construir con cáñamo ni códigos que regulen cómo debe utilizarse estructuralmente o con seguridad. ASTM International, una organización de estándares técnicos, formó un comité para abordar este asunto en el 2017.

Sin embargo, el uso del ladrillo de cáñamo se está extendiendo. Una empresa estatal de Washington está readaptando casas con el material. Left Hand Hemp en Denver completó su primera estructura autorizada en Colorado el año pasado. Está Hempire en Ucrania e Inno-Ventures en Nepal.

Israel, Reino Unido, Canadá...

La primera casa de cáñamo en Israel se construyó en marzo del año anterior en las pendientes del monte Carmelo.

En el sur, los neozelandeses convirtieron 500 pacas de cáñamo holandés en una propiedad que se vendió en cerca de $650.000.

En el Reino Unido, HAB Housing construyó cinco casas con ladrillo de concreto el año pasado.

JustBioFiber de Canadá hace poco terminó una casa en la Isla de Vancouver con bloques internos de cáñamo enmarcados y entrelazados, una construcción inspirada en los bloques de Lego.

Es un sector nicho pero creciente del mercado de cannabis.

En el 2015, Hemp Industries Association calculó que el mercado minorista tenía un valor de $573 millones en Estados Unidos.

“Cuando comencé Hempitecture en el 2013 y presenté el concepto, los inversionistas de capital de riesgo se rieron de la idea”, dijo Matthew Mead, el fundador de Hempitecture, una firma de construcción en Washington. “Ahora hay más de 25 estados con enmiendas y legislación a favor del cáñamo, y el proyecto de ley federal agrícola tiene su propia disposición que apoya el desarrollo de la investigación en torno al cáñamo industrial”.

Al igual que los emprendedores de la marihuana, quienes dispusieron dispensarios de marihuana hace una década, antes de que las leyes fueran definitivas, una generación está avanzando a pesar de la incertidumbre.

Sergiy Kovalenkov, de 33 años, un ingeniero civil ucraniano que pasó los últimos tres años construyendo estructuras de cáñamo y sirviendo de consultor en proyectos en Ucrania, Francia, Suecia y Jamaica, está comenzando un proyecto en California. Los pasos más difíciles, dijo Kovalenkov, son el papeleo, los permisos y las semillas.“Los códigos de construcción varían entre estados, con regulaciones en términos de incendios y actividad sísmica”, explicó. “Si estamos hablando de un producto sustentable, las semillas no pueden provenir de Polonia ni de Francia. Deben venir de California”.

Solo una fábrica en Estados Unidos procesa reservas de cáñamo, en Carolina del Norte. La firma de Kovalenkov, Hempire USA, también ha ideado su propio sistema de separación de fibras. “La demanda será muy grande en los próximos tres a cinco años”, comentó Kovalenkov.

¿Pero a qué huele una casa de cáñamo? “Huele a comodidad”, dijo Kovalenkov, riéndose. “Huele un poco a cal. Estamos usando las fibras. No huele a cannabis, no tiene nada que ver con fumar marihuana ni con las plantas de cannabis. Es un cultivo agrícola industrial”.