Por: Nathaniel Popper y Su-Hyun Lee.   24 agosto
11/12/2017. AFP. EF. El bitcoin realizó un gran debut el pasado 10 de diciembre en el mercado de futuros, AFP PHOTO / Karen BLEIER

San Francisco, California. Pete Roberts de Nottingham, Inglaterra, fue uno de los muchos arriesgados que usaron sus ahorros para comprar criptomonedas cuando los precios estaban por las nubes a finales del año pasado.

Ahora, ocho meses después, los $23.000 que invirtió en varias monedas digitales tienen un valor aproximado de $4.000; Roberts está consciente de lo que ocurrió.

“Me atrapó el miedo a perderme la acción y la oportunidad de hacer dinero fácil”, dijo. “Las pérdidas me han dejado prácticamente en la ruina financiera”.

Roberts, de 28 años, es uno de muchos en la misma situación. Después de la más reciente ronda de grandes caídas de precios, muchas criptomonedas han regresado al punto en el que estaban antes de finales del año pasado, cuando hubo inmensas ganancias. El valor de todas las monedas digitales importantes ha caído alrededor de 600.000 millones, o el 75%, desde su punto más alto en enero, de acuerdo con datos del sitio web coinmarketcap.com.

Los mercados de monedas virtuales han atravesado auges y caídas antes, y se han recuperado de nuevo. Pero este desplome podría tener un efecto más duradero en la adopción de la tecnología debido al enorme número de personas comunes que invirtieron en monedas digitales durante el año pasado y que es probable que asocien las criptomonedas con ruina financiera durante mucho tiempo.

“Lo que la gente promedio escucha ahora es cómo sus amigos perdieron fortunas”, dijo Alex Kruger, un exbanquero que tiene experiencia en el negocio de los mercados de criptomonedas. “La exuberancia irracional lleva a que los inversionistas esperen más tiempo para invertir y lentifica el progreso”.

Recuento de los daños

Es difícil saber cuántos inversionistas de criptomonedas están en números rojos, con participaciones con un valor menor al dinero que invirtieron. Muchas de las personas que han tenido pérdidas en los últimos meses habían ingresado a los mercados antes del auge del año pasado y sus participaciones todavía valen más que sus inversiones iniciales.

No obstante, de acuerdo con varias métricas, más personas invirtieron en monedas virtuales a finales del año pasado que en los nueve años previos. Coinbase, la firma de comercialización de criptomonedas más grandes en Estados Unidos, duplicó su número de clientes entre octubre de 2017 y marzo de 2018. La empresa emergente Square comenzó a permitir a los usuarios de su aplicación móvil, Square Cash, que compraran Bitcoin el pasado de noviembre.

Casi todos los nuevos clientes de Coinbase y Square estarían en números rojos si conservaran las criptomonedas que compraron en los últimos nueve meses.

Es probable que el daño sea particularmente grave en lugares como Corea del Sur y Japón, donde había actividad de criptomonedas mínima antes del año pasado y donde las personas que invirtieron con poca experiencia decidieron participar sin reservas.

En Corea del Sur, las agencias de cambio de divisas más grandes abrieron tiendas físicas para facilitarles las inversiones a personas que no se sentían cómodas al hacerlas en línea. Las oficinas de una gran agencia, Coinone, tuvo solo un cliente durante un periodo de dos horas al mediodía la semana pasada. Un empleado, Yu Ji-Hoon, dijo “los precios de las monedas digitales han caído tanto que las personas parecen sentirse molestas”.

Mucha de la ira que los inversionistas sienten es hacia las monedas virtuales más pequeñas, o monedas alternativas, que los emprendedores vendieron en las llamadas ofertas iniciales y que supuestamente servirían como mecanismos de pago para nuevo software que los emprendedores estaban construyendo.

No obstante, casi ninguna de estas compañías ha entregado el software que prometió; varias monedas han sido reveladas como evidentes fraudes.

Esperanza

Bitcoin generalmente ha conservado mejor su valor con los inversionistas. Ha caído alrededor del 70% de sus puntos históricos más altos y no ha experimentado las pérdidas del 90 por ciento que han sufrido las monedas digitales menos conocidas. Sin embargo, también ha batallado para ganar el uso más allá de las inversiones especulativas.

A pesar de este pesimismo, las redes sociales, donde los fanáticos de las criptomonedas se reúnen para intercambiar información, están llenas de personas que conversan sobre su intención de conservar sus monedas con la esperanza de que recuperen su valor cuando la tecnología tenga tiempo de ponerse al mismo nivel del entusiasmo.

Tony Yoo, de 26 años, un analista financiero de Los Ángeles, invirtió más de $100.000 de sus ahorros el año pasado. En su punto más bajo, sus participaciones cayeron casi el 70 por ciento en su valor.

No obstante, Yoo todavía es un firme creyente de la idea de que esas monedas pueden ofrecer una nueva forma de hacer transacciones en línea, sin los intermediarios de las grandes compañías de los que dependemos actualmente. Muchos de los grupos que recabaron dinero el año pasado aún trabajan en los productos que prometieron, y hay proyectos que atrajeron a muchos ingenieros serios.

“Hay tanto detrás de esa nueva ola de tecnología e innovación que estoy seguro de que tomarán el control de nuestra sociedad en el debido tiempo”, dijo Yoo.

Roberts, el inversionista británico que había visto la mayoría de sus $23.000 desvanecerse, conserva sus monedas en caso de que cambien de valor. Sin embargo, por ahora ha dejado de participar y está en busca de otro trabajo.

“Hay tanto detrás de esa nueva ola de tecnología e innovación que estoy seguro de que tomarán el control de nuestra sociedad en el debido tiempo”, dijo Tony Yoo, analista financiero.
Tony Yoo, a financial analyst, at home in Playa Vista, Calif., Aug. 17, 2018. Yoo invested more than $100,000 of his savings last fall. At their lowest point, his holdings dropped almost 70 percent in value. Despite his investment losses, Yoo said he was still a big believer in the idea that cryptocurrencies can provide a new way to transact online, without big corporate middlemen. (Rozette Rago/The New York Times)