Por: James B. Stewart.  13 marzo
Gary Cohn, quien la semana pasada renunció como principal asesor económico del presidente Donald Trump, era pretendido por una facción de funcionarios en la Casa Blanca para que reemplazara a John Kelly como jefe de gabinete.
Gary Cohn, quien la semana pasada renunció como principal asesor económico del presidente Donald Trump, era pretendido por una facción de funcionarios en la Casa Blanca para que reemplazara a John Kelly como jefe de gabinete.

​A lo largo de su campaña presidencial Donald Trump alardeó sobre su perspicacia para los negocios y habilidades gerenciales, y no fue sino hasta después de que tomó potestad como presidente que insistió en que la transición de su gobierno iba “muy, pero muy fluidamente”.

Sin embargo, su primer año en el cargo ha sido tan caótico que, en enero, después de que salió a la venta el revelador libro de Michael Wolff, Fire and Fury, el Mandatario tuvo que defenderse públicamente diciendo que era un “genio estable”.

Durante el primer año del gobierno de Trump, la Casa Blanca vivió una tasa de rotación de personal del 34 %, un índice que sería incomprensible casi en cualquier empresa con fines de lucro.

Incluso para los estándares políticos, supera todos los límites —es el triple de la gestión de Obama y el doble de la de Ronald Reagan, quien tenía el récord anteriormente—, según un estudio de Brookings Institution.

Eso fue antes de la reciente y complicada partida de Rob Porter como secretario presidencial tras conocerse las acusaciones de violencia doméstica contra sus dos exesposas, o del anuncio del miércoles 28 de febrero de la directora de comunicaciones de la Casa Blanca, Hope Hicks —la cuarta persona en ocupar ese puesto—, de que ella también se va.

Una facción de la Casa Blanca quería que Gary Cohn, quien se desempeñaba como asesor económico principal y director del Consejo Económico Nacional —y un relativo oasis de calma y estabilidad—, sustituyera a John F. Kelly, el jefe de gabinete, quien fue ampliamente criticado por su mal manejo del asunto Porter.

Sin embargo, Cohn renunció a su cargo la semana pasada, confirmando un rumor que circulaba desde hacía rato. Se habría convertido en el tercer jefe de gabinete del presidente en 14 meses.

Poco convencional

Transcurrido todo un año de haber experimentado la presidencia de Trump, y con su estilo de gestión poco convencional plenamente evidenciado, le pedí a varios expertos que evaluaran las capacidades gerenciales del Gobernante.

“Es mucho peor de lo que esperaba”, sentenció Jeffrey Pfeffer, profesor de comportamiento organizacional de la Universidad de Stanford y autor de Power: Why Some People Have It and Others Don’t (Por qué algunas personas lo tienen y otras no).

"La característica más importante que necesitas como director ejecutivo es la capacidad de contratar y retener talento", explicó Pfeffer. "Trump dijo que haría que todas esas grandiosas personas trabajaran para él. Sin embargo, la tasa de egreso es inaudita. Una de dos, o hizo malas contrataciones o fueron buenas, pero no logró retenerlas. En cualquier caso, esto habla mal de su liderazgo".

Como me dijo el año pasado Jeffrey T. Polzer, profesor de gestión de recursos humanos de la Escuela de Negocios Harvard, la metodología de eficacia probada es "rodearte de gente talentosa que tiene la mayor perspicacia y aporta distintas perspectivas para lidiar con el asunto en cuestión".

“No me parece que Trump reflexione mucho sobre la filosofía de gestión. Su candidatura presidencial fue un chiste, y míralo ahora. Para él todo es ganancia”, manifestó Jeffrey Pfeffer, profesor de comportamiento organizacional de la Universidad de Stanford.

"Después, tienes que fomentar el debate y dar cabida a distintos puntos de vista a fin de llegar a una solución de alta calidad", explicó Polzer. Agregó que “hay que estar abierto a los cuestionamientos y tener un poco de conciencia de sí mismo e incluso humildad para reconocer que hay áreas en las que otros saben más que tú”.

Parece que Trump sí solicita y tiene en cuenta las opiniones de otros, pero sucede que puede que sean lo mismo invitados casuales de Mar-a-Lago, críticos televisivos o expertos en el campo, e incluso las personas que él nombró.

“Nada del caos y la rotación de personal en la Casa Blanca me sorprende”, comentó Charles M. Elson, profesor y director del Centro para Gobierno Corporativo John L. Weinberg de la Universidad de Delaware. “Él no ha cambiado en treinta años”, añadió. “No se rige por ningún tipo de normas tradicionales de gestión”.

Con todo, a pesar del bien documentado desbarajuste en el Ala Oeste de la Casa Blanca, el primer año de Trump produjo varios logros importantes: una legislación fiscal amigable con las empresas, el nombramiento del juez de la Suprema Corte confiablemente conservador Neil Gorsuch, la selección de Jerome Powell como presidente de la Reserva Federal y el desmantelamiento de un régimen regulatorio que para la comunidad empresarial resultaba excesivamente oneroso.

“Hay que reconocerle que ha logrado sacar algunos trucos bajo la manga”, comentó Elson. “Casi nadie pensó que lograría aprobar la legislación fiscal después de que tantos otros lo intentaron y fracasaron”.

A pesar del caos

No obstante, Pfeffer manifestó que esos logros habían ocurrido a pesar del caos, no debido a este. Por cada éxito, Trump tiene eminentes fracasos, comenzando con la reparación de la política migratoria y la revocación de la ley de servicios de salud de Obama.

“Desde hace tiempo me ha parecido que, si a Trump no le iba bien, sería debido a problemas organizacionales”, expresó Pfeffer. “Incluso con el control de los republicanos de las dos cámaras del Congreso, no ha podido aprobar gran cosa. Eso habla del caos en el ámbito de las políticas”.

Elson comentó que Trump actuaba más como el típico emprendedor que como un gerente experimentado.

“El problema con los emprendedores es que la gente se cansa y pasa a otra cosa”, explicó. “La gente sencillamente se fatiga. En algún momento se necesita un gerente de verdad. Muchos emprendedores venden sus negocios cuando alcanzan cierto tamaño y se dan cuenta de que no pueden administrarlos”.

A pesar de la decepción de Kelly como jefe de gabinete y su manejo del asunto con Porter, ninguno de los que entrevisté piensa que Cohn podría haber cambiado de raíz la dinámica en la Casa Blanca de Trump, más de lo que ya lo hizo Kelly.

Aunque Cohn tenía seguidores con influencia en la Casa Blanca, los rumores sobre su posible ascenso también habían suscitado mucha oposición, en especial de representantes de la base populista de Trump. Después de todo, Cohn es un demócrata de Manhattan de toda la vida.

En cualquier caso, Trump puede ignorar la rotación de personal y las vacantes diseminadas en el poder ejecutivo, y hacer oídos sordos a los llamados a cambiar a Kelly.

“No me parece que Trump reflexione mucho sobre la filosofía de gestión”, concluyó Pfeffer. “Su candidatura presidencial fue un chiste, y míralo ahora. Para él todo es ganancia”.