Por: Landon Thomas Jr..   23 agosto
El economista Tim Lee, de Connecticut, predijo que la moneda de Turquía colapsaría. Ahora, él prevé una crisis financiera más amplia.

Desde hace casi diez años, gracias al efectivo de los bancos centrales de todo el mundo, se han financiado centros comerciales en Estambul, ciudades prósperas en China y bonos a cien años en Argentina. Ahora, muchos de los centros comerciales están vacíos, los desarrolladores inmobiliarios de China están hundidos en deudas y Argentina acaba de presentar una solicitud de rescate al Fondo Monetario Internacional.

Los préstamos a manos llenas que impulsaron el crecimiento rápido en los mercados emergentes y generaron rendimientos para sus inversionistas ahora se han convertido en un problema.

A los expertos financieros les preocupa que el trastorno actual en Turquía, que logró contenerse durante gran parte del año, se extienda y tenga las mismas consecuencias que la caída de otros mercados emergentes, como el de México en 1994 y el de Asia en 1997.

“Existe un gran riesgo de contagio”, afirmó Robert Subbaraman, economista experto en mercados emergentes de Nomura, en Singapur.

La crisis de Turquía se agravó debido a un enfrentamiento diplomático con Estados Unidos, así como al carácter volátil y las posturas políticas cuestionables del presidente Recep Tayyip Erdogan, pero las enormes cantidades en préstamos internacionales, combinadas con la caída en el valor de la moneda nacional, han creado una situación que podría afectar a otras economías emergentes.

Riesgos inesperados

“Turquía es un síntoma de los crecientes retos que enfrentan los mercados emergentes”, dijo Subbaraman. “Debido a que las tasas de interés eran extremadamente bajas, los inversionistas se dedicaron a buscar el mejor rendimiento... hasta este año. Ahora enfrentarán muchos riesgos inesperados”.

En un comentario de investigación publicado por Subbaraman el lunes 20 de agosto, señaló que Sudáfrica, Hong Kong, Filipinas, Chile y México tienen las economías más vulnerables. Sudáfrica, por ejemplo, tiene deudas sustanciales en dólares y un importante déficit de cuenta corriente.

Si un país registra un déficit de cuenta corriente, significa que recibe más dinero del extranjero (mediante inversiones y operaciones comerciales) del que envía a otros países. En tal situación, el país depende por completo de los inversionistas internacionales para mantenerse a flote financieramente, y a esos inversionistas podrían parecerles más atractivos otros mercados, en particular si baja el valor de la moneda en los mercados emergentes. Precisamente por eso, Argentina se vio obligada a recurrir al FMI. Es el primer mercado emergente importante que lo ha hecho en este periodo de incertidumbre. Pakistán quizá pronto tenga que llegar a un acuerdo con el FMI por razones similares.

Subbaraman indicó que la acumulación de crédito barato en dólares podría llegar a representar una amenaza para Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Singapur, Malasia e incluso China, cuya moneda, el renminbi, bajó más con respecto al dólar esta semana. Sin embargo, desde hace tiempo, varios analistas están convencidos de que estas economías son capaces de resistir una forma de contagio tradicional. En su opinión, Subbaraman ha adoptado una de las perspectivas más pesimistas acerca del futuro de estos mercados. Este mismo año, publicó un informe titulado “Enjoy the Party, but Stay Close to the Door” (Disfruten la fiesta, pero no se alejen de la puerta).

El miércoles, la lira se recuperó a un tipo de cambio de seis por dólar, después de haberse cambiado a 7,2 por dólar, gracias a algunas medidas tomadas por el gobierno turco esta semana para limitar el cambio de liras por dólares y a la supuesta promesa del emir de Catar de invertir $15.000 millones en Turquía.

Los reguladores también tomaron una medida inusual para ayudar a los bancos en dificultades, al suspender el requisito de que registren pérdidas en el valor de sus acciones, que se están desplomando.

Sin embargo, los mercados globales se tambalearon más. Las monedas de los mercados emergentes, en especial el rand sudafricano, el rublo ruso y el peso mexicano, bajaron mucho con respecto al dólar. Las acciones de bancos europeos con exposición a Turquía, como BBVA de España, UniCredit de Italia y BNP Paribas de Francia, también fueron a la baja.

Quizá la estadística más notable que respalda la noción de que Turquía es solo un presagio, sea la gran cantidad de préstamos baratos denominados en dólares que se han acumulado en todo el mundo desde que los bancos centrales comenzaron sus operaciones de rescate a principios de 2009. Países como Nigeria y Tayikistán hicieron todo lo posible por atraer (y recibieron) efectivo de fondos mutualistas que buscaban buenos rendimientos.

Según el Banco de Pagos Internacionales (BPI), una organización de bancos centrales globales, la suma total de préstamos denominados en dólares saltó de $5,8 billones en el primer trimestre del 2009 a $11,4 billones a la fecha. De esa cantidad, $3,7 billones se invirtieron en mercados emergentes, y su importe se duplicó en ese plazo.

Todo tipo de acreditado ha tenido alcance a crédito fácil, mediante préstamos otorgados por bancos estadounidenses, europeos y japoneses, o a través de fondos mutualistas o cotizados, en especial los constructores de centros comerciales en Turquía y rascacielos en China, o la deuda a cien años de Argentina.

Los analistas del BPI, en especial su principal economista, Hyun Song Shin, han advertido acerca de este fenómeno desde hace años. Su argumento central es el siguiente: cuando las tasas de interés suban en Estados Unidos y aumente el valor del dólar, las empresas y gobiernos extranjeros tendrán problemas para cubrir los pagos de su deuda con sus monedas nacionales depreciadas, que es justo lo que está sucediendo ahora en Turquía.

Según un trabajo de investigación de Sebnem Kalemli-Ozcan, economista de la Universidad de Maryland, gran parte de esta deuda se otorgó a empresas que no reciben ingresos en dólares. Estas empresas, muchas de las cuales pertenecen al sector inmobiliario o de la construcción, son las que corren más peligro.

Problema enorme

A continuación, Kalemli-Ozcan explicó la situación de Turquía. En el 2011, el 70% de la deuda asumida por la industria turca de la construcción estaba denominada en divisas extranjeras. La economista afirma que esa cifra debe haber aumentado desde entonces, pues el país experimentó una época de auge inmobiliario.

“Este problema con la deuda de las empresas es enorme”, señaló. “Y va a estallar en algún momento”.

Incluso si los demás mercados emergentes no sucumben ante las presiones que experimenta Turquía, las dificultades pueden extenderse a través de otra ruta: muchos de los bancos europeos que les han otorgado préstamos enormes a las empresas e instituciones financieras turcas.

Shweta Singh, analista de la empresa de investigación londinense TS Lombard, advierte que BBVA, BNP Paribas y UniCredit, los bancos europeos con mayor exposición a Turquía, son los más débiles de la eurozona en cuanto a sus reservas de capital.

Durante la crisis de la deuda griega, las reacciones de pánico se originaron por temor a que los grandes bancos europeos que tenían bonos griegos inestables sufrieran pérdidas terribles. Fue justo lo que sucedió.

Si a esos bancos les pasara lo mismo con los préstamos turcos, “el efecto dominó sería tremendo”, advirtió Singh.