Por: Jack Ewing, Ana Swanson y Motoko Rich.   5 septiembre
Donald Trump ha criticado a menudo a la Unión Europea por vender más productos de los que compra a Estados Unidos, en especial los autos.

La amenaza del presidente Donald Trump de imponer aranceles a los autos importados está funcionando, pues ha provocado la premura entre los líderes de varios países, desde México hasta Japón, para sentarse en la mesa de negociaciones con el fin de llegar a acuerdos. Sin embargo, sus ofertas podrían no satisfacer a un presidente que ha demostrado tener una inclinación por acoger tensiones comerciales, una estrategia para extraer más de los socios comerciales de Estados Unidos.

El jueves, la Unión Europea realizó una de las concesiones más significativas, ya que mencionó que reduciría a cero las sanciones sobre los automóviles que tiene en la actualidad, siempre y cuando Estados Unidos disminuya sus propios aranceles. A pesar de que el presidente había solicitado algo similar, Trump señaló que quería que Europa fuera aún más allá.

“No es suficiente”, comentó Trump en una entrevista con Bloomberg News. “Los hábitos de sus consumidores se enfocan en comprar sus autos, no comprar los nuestros”.

Si no se logran acuerdos, la estrategia combativa para comerciar que maneja el presidente es riesgosa, pues genera que las empresas estadounidenses se vuelvan vulnerables tanto a los aranceles en Estados Unidos como a las represalias de otros países. Los fabricantes de automóviles como General Motors y Ford dependen mucho de una cadena de suministro a nivel mundial. Los aranceles podrían elevar los precios base de los autos y costar empleos.

Sin embargo, el golpe es poderoso: impuestos del 25 % sobre los autos hechos en el extranjero. En comparación con las medidas sobre el acero y el aluminio, estos gravámenes tienen el potencial de provocar un daño significativo a una gran industria global que sirve para impulsar muchas economías.

UE y China

La apuesta de Trump es que Estados Unidos tiene una posición más sólida, la cual obligará a que los socios comerciales cedan. Europa enfrenta una desaceleración, mientras que la economía estadounidense sigue progresando.

Ante ese escenario, el jueves 30 de agosto, los altos funcionarios comerciales de la Unión Europea señalaron que el bloque estaría dispuesto a eliminar todos los aranceles sobre los autos y otros productos industriales como parte de un acuerdo comercial limitado con Estados Unidos, si este país hacía lo mismo. Europa ya había expresado con anterioridad su disposición a eliminar los aranceles a los productos industriales, pero dejó fuera los autos, y aseguró que cualquier acuerdo debía ser parte de uno más amplio y de libre comercio.

“Lo haríamos, si ellos lo hacen”, mencionó el jueves a miembros del Parlamento Europeo Cecilia Malmstrom, la comisionada europea del comercio. “Ya veremos si sucede”.

La oferta obligaría a Trump a decidir si va a eliminar aranceles estadounidenses, como un impuesto del 25 % a los camiones importados, pues ya ha dicho que está dispuesto a hacerlo. Si no fuera el caso, Europa tendría que aceptar el desafío. Si esto no fuera suficiente, como lo ha mencionado el mandatario, Europa tendría que aceptar su desafío… o hacer más concesiones.

Trump podría estar buscando una oferta que reduzca de manera más directa los déficits comerciales de Estados Unidos. A pesar de que los economistas han criticado el uso que le ha dado a la medida, al llamarla una tarjeta de puntuación para el comercio, el presidente a menudo ha criticado a la Unión Europea por vender más productos de los que compra a Estados Unidos, en especial los autos. En la entrevista con Bloomberg News, Trump equiparó a la Unión Europea con China, país que tiene un excedente comercial con Estados Unidos.

Asimismo, México estuvo dispuesto a negociar. El lunes, el gobierno mexicano accedió a limitar de manera efectiva las exportaciones de autos, vehículos utilitarios deportivos y autopartes a Estados Unidos, y a someter cualquier exportación que exceda esos niveles a los aranceles de Trump si estos entran en vigor.

En un inicio, México, Canadá y la Unión Europea insistieron en que no negociarían acuerdos acerca del comercio “con un arma apuntando a su cabeza”. No obstante, los aranceles que se impusieron al acero y al aluminio, y el fantasma de los aranceles a los automóviles, sirvieron para que cambiaran de parecer.

“La postura original de la Unión Europea era que no iba a negociar con Estados Unidos sobre ningún asunto que estuviera relacionado con la política comercial hasta que los estadounidenses eliminaran esos aranceles”, señaló Joanna Konings, una economista sénior especializada en comercio que trabaja en el banco holandés ING.

En la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, los aranceles —los que existen y los que son una amenaza— han dado otro asunto espinoso que resolver a los funcionarios. El lunes, Trump dijo que había llegado a un acuerdo con México, al mismo tiempo que amenazó con dejar rezagado a Canadá y a atacarlo con aranceles a los autos.

“Creo que con Canadá, si soy honesto, lo más fácil es poner aranceles a los autos que ingresan”, comentó Trump.

Los funcionarios canadienses respondieron interrumpiendo un viaje a Europa para ir a Washington, donde están trabajando para alcanzar un acuerdo.

En todo el mundo, las automotrices, las cuales ya están pagando precios más altos por el acero y el aluminio, se han opuesto a la posibilidad de más aranceles a los autos y las autopartes. Argumentan que la medida interrumpiría las cadenas de suministro a nivel mundial y perjudicaría su capacidad para competir en los mercados extranjeros.

La disposición de Europa para llegar a un acuerdo refleja el peligro que representan los aranceles a los autos, en particular en Alemania, la economía más importante del Viejo Continente y uno de los principales exportadores de automóviles.

En julio, Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, el brazo ejecutivo del bloque, llegó a un acuerdo con Trump para tener conversaciones sobre un acuerdo más amplio, y mientras tanto posponer los aranceles a los autos. Europa y Estados Unidos también accedieron trabajar sobre la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El jueves 30, Trump volvió a amenazar con sacar a Estados Unidos de la OMC si no se “pone en forma”, pues argumenta que el órgano internacional no ha sido justo con los estadounidenses.

“Si no se pone en forma, me saldré de la OMC”, dijo Trump en la entrevista con Bloomberg News.

Algunos analistas interpretaron el acuerdo entre Juncker y Trump como un intento por reabrir las pláticas sobre un acuerdo de libre comercio extenso, el cual se postergó en los últimos días del gobierno de Obama y murió después de la elección de Trump.

Una señal

Sin embargo, los comentarios que hizo Malmstrom el jueves 30 de agosto fueron una señal de que la Comisión Europea estaba dispuesta a buscar un pacto menos ambicioso para evitar una escalada en la guerra comercial.

“No estamos reiniciando la ATCI”, mencionó, para referirse a la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, el pacto que colapsó.

En Japón, la amenaza de los aranceles a los autos está causando ansiedades más severas.

Funcionarios del gobierno japonés continúan con su resistencia a la invitación del gobierno de Trump para entrar en conversaciones comerciales bilaterales o para ofrecer alguna concesión. Sin embargo, los líderes de la industria automovilística de Japón cada vez están más consternados por el destino de los 1,7 millones de autos al año que exporta el país asiático a Estados Unidos.

En Corea del Sur, la amenaza de los aranceles a los autos también ha sacudido el pacto comercial al que acaba de entrar con Estados Unidos. En marzo, el gobierno de Trump anunció que había llegado a un trato con Corea del Sur para revisar su acuerdo comercial existente, el cual Trump había criticado con frecuencia.

Como parte de ese pacto, Corea del Sur accedió a dar más acceso a las automotrices estadounidenses, mientras que Estados Unidos fue capaz de extender un arancel que cobra a los camiones extranjeros. No obstante, la amenaza de nuevas medidas arancelarias en contra de las automotrices coreanas ha puesto en duda esos compromisos. Los legisladores surcoreanos aún no han autorizado el acuerdo.