Por: Somini Sengupta.   12 diciembre, 2018
Un empleado carga carbón en un camión en Burdwan, India. (Rebecca Conway/The New York Times)
Un empleado carga carbón en un camión en Burdwan, India. (Rebecca Conway/The New York Times)

Hanói, Vietnam. Carbón, el combustible que impulsó la era industrial, ha llevado al planeta al borde de un catastrófico cambio climático.

Los científicos han advertido en repetidas ocasiones sobre los peligros que se acercan, la más reciente el 23 de noviembre, cuando un importante informe científico emitido por 13 agencias gubernamentales estadounidenses concluyó que el daño por el cambio climático podría encoger hasta en un 10% el tamaño de la economía estadounidense para finales del siglo si no se implementan medidas significativas para controlar el calentamiento.

En el ámbito internacional, un informe dado a conocer en octubre por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas descubrió que evitar la peor devastación requeriría una transformación radical de la economía mundial en tan solo unos cuantos años.

Lo más importante para la transformación: erradicar el uso de carbón y rápido.

No obstante, tres años después del Acuerdo de París, cuando líderes mundiales prometieron acciones, el carbón no muestra señales de desaparecer.

Aunque ciertamente el uso de carbón menguará al final en todo el mundo, no parece que sucederá ni remotamente tan rápido como se necesita para evitar los peores efectos del cambio climático, de acuerdo con la evaluación más reciente de la Agencia Internacional de la Energía. De hecho, el año pasado, la producción global y el consumo se incrementaron después de dos años de declive.

Resistente al cambio

Barato, abundante y el más contaminante de los combustibles fósiles, el carbón todavía es la fuente más grande de energía para generar electricidad en todo el mundo. Esto, incluso cuando energías renovables como la solar o la eólica rápidamente se vuelven más asequibles. Pronto, el carbón podría no tener sentido desde el punto de vista financiero para quienes todavía lo respaldan.

¿Por qué el carbón es poderoso como fuente de energía dominante? Existen millones de toneladas bajo la tierra. Compañías poderosas, respaldadas por gobiernos poderosos, a menudo en la forma de subsidios, tienen prisa por hacer crecer sus mercados antes de que sea demasiado tarde. Los bancos todavía obtienen ganancias de él. Las grandes redes eléctricas de Estados Unidos fueron diseñadas para él. Las plantas de carbón pueden ser una manera segura para los políticos de brindar electricidad barata —y retener su propio poder—. En algunos países, ha sido una fuente notable de sobornos.

Incluso conforme las energías renovables crecen rápidamente, todavía tienen límites: las energías eólica y solar fluyen cuando la brisa sopla y el sol brilla, y eso requiere que las redes eléctricas tradicionales sean reacondicionadas.

La batalla por el futuro del carbón es librada en Asia.

El hogar de la mitad de la población mundial, Asia representa tres cuartos del consumo global de carbón actual. Lo que es más importante, significa más de tres cuartos de las plantas de carbón que están en construcción o en etapas de planeación —una impresionante cifra de 1.200 de ellas, de acuerdo con Urgewald, un grupo alemán de defensoría que rastrea desarrollos de carbón—. Heffa Schücking, quien encabeza Urgewald, llamó a esas plantas “un ataque a los objetivos de París”.

Indonesia está extrayendo más carbón. Vietnam está preparando terrenos para nuevas plantas eléctricas operadas con carbón. Japón, al retroceder debido al desastre con la planta nuclear en 2011, ha resucitado al carbón.

No obstante, el gigante mundial es China. El país consume la mitad del carbón mundial. Más de 4,3 millones de chinos trabajan en las minas de carbón del país asiático. China ha agregado el 40% de la capacidad mundial de carbón desde 2002, un enorme incremento para solo dieciséis años. “Tuve que hacer el cálculo tres veces”, dijo Carlos Fernández Álvarez, un analista energético sénior en la Agencia Internacional de la Energía. “Pensé que era un error. Es una locura”.

Fomentado por la indignación pública sobre la contaminación del aire, China ahora también es el líder en instalación de energía solar y eólica, y su gobierno central ha tratado de lentificar la construcción de plantas de carbón.

Sin embargo, un análisis realizado por Coal Swarm, un equipo de investigadores con sede en Estados Unidos que alientan a buscar alternativas al carbón, concluye que siguen construyendo nuevas plantas; otros proyectos propuestos han sido simplemente retrasados en vez de cancelados. El consumo de carbón de China creció en 2017, aunque a un ritmo mucho más lento que antes, y está en camino a crecer de nuevo en 2018, después de haberse reducido en los años previos.

Sudeste asiático

La industria del carbón en China ahora está luchando para encontrar nuevos mercados, desde Kenia hasta Pakistán. Compañías chinas están construyendo plantas de carbón en diecisiete países, de acuerdo con Urgewald. Su rival regional, Japón, sigue la misma estrategia: casi el 60% de los proyectos planeados con carbón desarrollados por compañías japonesas se ubican fuera del país, principalmente financiados por bancos japoneses.

Esa competencia es particularmente dura en el sudeste de Asia, una de las últimas fronteras del mundo en la expansión del carbón.

Actualmente, prácticamente cada hogar en Vietnam, con una población de 95 millones, tiene electricidad. Hanói, la capital, está en un frenesí de nuevas construcciones, con una creciente demanda de cemento y acero —ambos grandes consumidores de energía—. La economía galopa. Hacia arriba y hacia abajo de la costa, 1.560 kilómetros de longitud, compañías extranjeras, principalmente japonesas y chinas, están construyendo plantas de carbón.

Nguyen Thi Thu Thien se mudó de casa después de que la planta eléctrica generó un charco de ceniza justo enfrente. “El polvo de carbón ha ennegrecido mi casa”, dijo molesta. “Incluso los árboles están muriendo. No podemos vivir allá”.

El carbón representa el 36% de la capacidad actual de generación de electricidad del país; se proyecta que crecerá al 42% para 2030, de acuerdo con el gobierno. Para alimentar a esas plantas, Vietnam necesitará importar 90 millones de toneladas de carbón para 2030. La mayoría de las plantas en Vietnam usan tecnologías antiguas y contaminantes que muchos inversionistas han prometido recientemente no respaldar en proyectos futuros.

No obstante, los proyectos de carbón también generan oposición por parte de la comunidad, lo cual es raro en un país que aplasta a la disidencia. Pobladores bloquearon una autopista en 2015 para protestar contra un proyecto chino en el sudeste. Autoridades provinciales cancelaron otra planta propuesta en el delta del río Mekong.

Vietnam dice que está encaminado a cumplir con los objetivos de reducción de emisiones del Acuerdo de París. También China e India, con huellas de carbono mucho más grandes. Sin embargo, esos objetivos fueron fijados por los propios países, y no serán suficientes para evitar que las temperaturas globales se eleven a niveles catastróficos.

El gigante mundial es China. El país consume la mitad del carbón mundial. Más de 4,3 millones de chinos trabajan en las minas de carbón del país asiático. China ha agregado el 40% de la capacidad mundial de carbón desde 2002, un enorme incremento para solo dieciséis años.