Por: Nathaniel Popper.  15 diciembre, 2017
El precio del Bitcoin se disparó un 70% en noviembre, a más de diez veces el precio de una onza de oro.
El precio del Bitcoin se disparó un 70% en noviembre, a más de diez veces el precio de una onza de oro.

San Francisco. Hace algunos años, cuando Bitcoin se volvió algo relativamente más conocido, unas cuantas empresas grandes como Dell y Expedia anunciaron que comenzarían a aceptar esta criptomoneda. No obstante, no fueron muchos los clientes que recurrieron a ese uso de la moneda virtual.

Pero eso no parece importarle mucho a quienes han comprado bitcoines recientemente y contribuido así a que su precio alcance nuevos récords: un bitcoin ahora se cotiza por encima de $16.000.

Estos inversionistas no los utilizan para comprar computadoras o reservar viajes. Más bien, acumulan bitcoins como si fuera oro virtual, una nueva manera de guardar dinero sin estar bajo el control de algún gobierno o empresa.

“Siempre he sido escéptico con respecto a la idea de competir directamente con los métodos de pago existentes y la posibilidad de remplazarlos”, comentó Steve Lee, quien vive en San Francisco, ha trabajado para Google durante mucho tiempo e invierte en monedas virtuales. “En la actualidad, Bitcoin ha encontrado cómo ser tu propio banco y es una opción excelente para eso”.

“Muchos están interesados, en parte porque creen que se encuentran ante los albores de un nuevo sistema financiero”.

Bajo los reflectores

Puede que una discusión sobre las bondades y las falencias de Bitcoin parezca un debate semántico entre expertos en tecnología informática; algo de muy poca importancia para el resto del mundo.

No obstante, los gobernadores de varios bancos centrales y algunos ejecutivos de la industria financiera observan con atención tanto a Bitcoin como a los desacuerdos dentro de la comunidad sobre su uso y futuro. Los titanes de las finanzas monitorean los aciertos y los desatinos de esta moneda virtual conforme esa y otras criptomonedas experimentan con conceptos tecnológicos como tener un libro mayor propio, conocido como blockchain o cadena de bloques.

Muchas grandes instituciones financieras han dicho que esperan integrar la tecnología de cadena de bloques en sus diseños para la infraestructura financiera del mundo en el futuro y lo más probable es que las lecciones aprendidas ejerzan cierta influencia en esos diseños.

“Muchos están interesados, en parte porque creen que se encuentran ante los albores de un nuevo sistema financiero, uno con una estructura muy distinta”, subrayó Neha Narula, directora de la Digital Coin Initiative, o iniciativa sobre monedas ditgitales, del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Lee, de Google, no es el único que espera que algún día sea posible utilizar criptomonedas para efectuar pagos de manera directa, aunque cree que lo más probable es que se logre a partir de algún software adicional, no dentro de la misma red de la criptomoneda.

No todos coinciden con Lee. Muchos empresarios y académicos consideran que las monedas virtuales ganarán terreno únicamente si es fácil y barato enviarlas de un lugar a otro. Estas posturas encontradas han dado pie a que surja toda una serie de competidores, incluida una moneda virtual independiente conocida como Bitcoin Cash.

No obstante, la visión que comparte la comunidad creada alrededor del Bitcoin original gira en torno a las características que lo hacen similar al oro y no a su capacidad de competir con plataformas como PayPal o Western Union.

“La gente tiene bitcoins porque es una excelente reserva de valor, quizá la mejor que ha existido en la historia”, explicó Jimmy Song, uno de los desarrolladores del software de Bitcoin. “Puedes enviar dinero a África en diez minutos, pero ese no es el principal motivo para comprarlo”.

Los orígenes

Cuando se lanzó Bitcoin en 2008, el título del documento que escribió su creador, el misterioso Satoshi Nakamoto, describía a la moneda como un “sistema de efectivo electrónico”.

El software de Bitcoin creó una red descentralizada de computadoras a la que puede unirse cualquier persona con acceso a internet, lo que facilita su envío de un lugar a otro. Además, llamó la atención en un principio debido a que también se puede utilizar como efectivo digital anónimo en sitios web del mercado negro, como Silk Road.

Sin embargo, en comparación con el número de especuladores que compran Bitcoins porque no es muy abundante, muy pocas personas han utilizado esta moneda para comprar artículos. El su software original favorece este fenómeno, al haber establecido un límite fijo de 21 millones para el número de Bitcoins que se emitirían.

Otra característica que hace a Bitcoin mucho menos atractivo como método de pago es que aumenta de valor. Casi nadie querrá hacer un pago hoy con un dólar si eso implica deshacerse de una moneda que posiblemente valga el doble la semana próxima.

La escisión

La capacidad del sistema de Bitcoin es otra limitante. El software de Bitcoin tiene establecida una regla que solo le permite procesar cinco transacciones por segundo en la red; en comparación, Visa maneja 25.000 transacciones por segundo.

Debido a este cuello de botella, se dividieron bandos de acuerdo con sus motivos para querer bitcoines. Muchos de los primeros seguidores del sistema creyeron que podría ampliarse para manejar más transacciones sin sacrificar su estatus como una materia prima virtual. Este bando propuso un cambio en las reglas de Bitcoin que habría duplicado la capacidad del sistema en noviembre.

Sin embargo, Lee y otros inversionistas y programadores temen que si se amplía demasiado rápido la red Bitcoin, su independencia podría verse amenazada.

“Para que se considere como una moneda global no podría ser controlada por un solo banco o país, ni por un grupo pequeño de países o bancos”, advirtió Lee. “Si la descentralización quedara comprometida, casi todos los aspectos positivos de Bitcoin se esfumarían”.

La red es descentralizada debido al diseño inusual de la criptomoneda, que permite a los usuarios conservar y monitorear los registros de cada transacción realizada sin la intervención de una autoridad central.

Muchos aficionados de Bitcoin estaban convencidos de que si el número de transacciones aumentaba muy rápido, solo las empresas grandes contarían con capacidad suficiente para llevar esos registros. Peor aún, creían que el diseño de Bitcoin no le permitiría competir con PayPal ni con Visa, puesto que cada transacción debe registrarse en miles de computadoras por todo el mundo.

“Diría que si alguien considera la posibilidad de utilizar Bitcoin para efectuar ‘pagos baratos’, lo más seguro es que no sepa mucho sobre ciencias de la computación”, afirmó Ben Davenport, uno de los fundadores de la empresa emergente de moneda virtual BitGo, que se opone a crecer la red.

Este bando ganó, así que a principios de noviembre le dio carpetazo al plan de duplicar la capacidad de la red usada por las criptomonedas.

A partir de entonces, quienes están interesados en utilizar monedas virtuales para efectuar pagos comenzaron a analizar a la competencia de Bitcoin. Stephen Pair, el director general de BitPay, una empresa emergente que ayuda a otras a recibir pagos con monedas virtuales, señaló que sus clientes están estudiando la posibilidad de utilizar otra criptomoneda.

“Si no es posible realizar operaciones comerciales, no puedo imaginar para qué querrán guardar su dinero en criptomonedas”, cuestionó Pair.

De cualquier manera, a muchos inversionistas al parecer les conviene el enfoque más cauteloso del Bitcoin original.

El precio de este se disparó un 70% en noviembre, a más de diez veces el precio de una onza de oro.

“No creo que la mayoría de las personas vean a Bitcoin como un artículo que pueden comprar porque les ofrecerá las características x, y o z en el futuro”, dijo Song. “La mayoría invierte porque cree que es una buena reserva de valor”.