Por: Katrin Bennhold.  12 marzo
Wolfgang Nieke, left, a member of the powerful IG Metall labor union, talks to workers at a production line in Stuttgart, Germany, Feb. 26, 2018. A German court ruled that Stuttgart, one of the country’s most polluted cities, can ban diesel cars from driving in downtown areas to improve air quality. (Gordon Welters/The New York Times)
Wolfgang Nieke, left, a member of the powerful IG Metall labor union, talks to workers at a production line in Stuttgart, Germany, Feb. 26, 2018. A German court ruled that Stuttgart, one of the country’s most polluted cities, can ban diesel cars from driving in downtown areas to improve air quality. (Gordon Welters/The New York Times)

Stuttgart, Alemania. La estrella de Daimler brilla sobre Stuttgart, literalmente. El emblema gigante e iluminado de su auto más famoso, el Mercedes, se eleva sobre la principal estación de trenes, para saludar a los visitantes. Se ve desde kilómetros a la distancia.

“En cuanto llegas, sabes quién manda aquí”, afirmó Manfred Niess, un maestro retirado y ambientalista local.

Sin embargo, en la actualidad, Daimler y otras automotrices de Stuttgart están enfrentando una sorprendente realidad: pronto podría ser ilegal que algunas personas conduzcan un Mercedes en esta ciudad, donde el club de fútbol local juega en el estadio Mercedes-Benz.

Hace unas semanas, un tribunal alemán dictaminó que Stuttgart, una de las ciudades más contaminadas del país, puede prohibir que los autos que usan diésel viajen en las zonas del centro de la ciudad para mejorar la calidad del aire.

Básicamente, el fallo podría generar prohibiciones en una gran cantidad de ciudades alemanas, un país que tiene millones de autos impulsados con diésel en las calles. A diferencia de Estados Unidos, donde los autos que usan diésel son la excepción, en Alemania prácticamente uno de cada tres vehículos para pasajeros funciona con diésel.

“Es la última llamada de atención para la industria automovilística y los políticos en Alemania”, comentó Christoph Bals, director de políticas de Germanwatch, una agrupación que defiende e investiga las energías limpias. “Y esta vez en verdad podrían verse obligados a cambiar su forma de actuar”.

El fallo destaca una extraña cualidad bipolar de Alemania cuando se trata del medio ambiente: el país es famoso por su reciclado meticuloso, su decisión de abandonar la energía nuclear y sus subsidios para las energías eólica y solar; asimismo, desde hace mucho tiempo tiene la reputación de ser un puntal de energía verde y en la actualidad genera casi una tercera parte de su producción eléctrica a partir de fuentes renovables. La canciller Angela Merkel ha sido apodada la “canciller climática”.

Sin embargo, Merkel también ha cabildeado en Bruselas con el fin de hacer menos rígidas las metas de las emisiones y hasta el momento se ha reusado a establecer una fecha para dejar la producción de carbón. Las emisiones de carbono de Alemania no han disminuido en más o menos una década. Después de que apenas el verano pasado reiterara una meta, según la cual en 2020 la reducción de emisiones de carbono llegará a 40 por ciento, recientemente Merkel admitió que el objetivo no se cumplirá por mucho.

Respecto de la prohibición del diésel, desde hace mucho tiempo Merkel se ha puesto del lado de la industria. “Utilizaremos todo lo que tengamos en nuestro poder para evitar esa prohibición”, mencionó al Parlamento antes de las elecciones que se celebraron en septiembre.

“Es la principal defensora de la industria automotriz”, afirmó Jürgen Resch de Deutsche Umwelthilfe, una organización ambiental sin fines de lucro que ganó el fallo el martes. “En otros países, el ministro de comercio podría cabildear a favor de la industria automotriz; en Alemania, es la canciller”.

Turbulencia

La resolución llegó ahora que la industria automotriz de Alemania enfrenta problemas para salir de un escándalo global que sigue en curso sobre las emisiones, el cual obligó a Volkswagen a pagar más de $26.000 millones en multas y declararse culpable de fraude federal y cargos de conspiración en Estados Unidos.

La empresa admitió haber manipulado los controles de contaminación en los vehículos, pues buscaba que los autos pasaran las pruebas de laboratorio para las emisiones, a pesar de que los autos seguían superando por mucho los estándares de contaminación en las calles.

En pocas ciudades de Alemania, la esquizofrenia ambiental es más fuerte que en Stuttgart, la capital del estado pudiente de Baden-Württemberg.

El día del fallo del tribunal, se podía ver la estrella de Daimler, pero también señales electrónicas de luces brillantes por toda la ciudad que declaraban una “alarma de material particulado” e instaban a los residentes a dejar sus autos en casa.

En días como este, una nube amarillenta se sitúa sobre Stuttgart. Los tribunales regionales de la ciudad y de Düsseldorf, dos de las 19 ciudades en las que la organización ambiental está presentando demandas, habían decretado que las prohibiciones al diésel era una forma viable de reducir los niveles dañinos e ilegales de la contaminación del aire.

Los motores de diésel emiten pequeñas partículas y dióxido de nitrógeno que se han ligado con el cáncer y más de 12.000 muertes prematuras en Alemania, según los expertos. Las autoridades locales apelaron el fallo, pero el martes el Tribunal Federal Administrativo rechazó las apelaciones.

Los líderes de la industria quedaron impactados. Daimler se negó a hacer comentarios, pero otras automotoras expresaron desconcierto. Volkswagen “es incapaz de comprender” el fallo, mencionó un comunicado de la empresa. “Amenaza con producir un revoltijo regulatorio en Alemania, lo cual es inquietante para millones de automovilistas”.

La Asociación de la Industria de Ingeniería Mecánica, entre cuyos miembros se encuentran los fabricantes de autopartes y otras empresas de la cadena de suministro de los automóviles, señaló en un comunicado que “las prohibiciones para conducir vehículos impulsados por diésel no es la manera adecuada de resolver un problema que se presenta en lugares muy particulares bajo condiciones muy particulares”.

En pugna

En la víspera del fallo sobre el diésel, cuando las mediciones de contaminación alcanzaron el doble de los niveles que permiten las normas europeas, se llevó a cabo la protesta número 406. Con el valor para enfrentar temperaturas bajo cero, Resch, el hombre que presentó la demanda en favor de la prohibición, dirigió una multitud pequeña, pero ruidosa.

“En Baden-Württemberg, no decide la gente, ¡sino la industria del automóvil!”, gritó y recibió una ovación estridente.

El ministro estatal de transporte, Winfried Hermann de los Verdes, asegura que simpatiza con la causa. Siempre que los políticos demandan acciones sobre las emisiones de los autos, comentó, se repite un patrón familiar. “Les decimos que limpien su tecnología, y responden que es imposible”, mencionó.

Hermann ha aumentado los servicios de tren suburbano y las líneas de autobuses para combatir la contaminación y también quiere crear una red de vías ciclistas de 7000 kilómetros. Sin embargo, sabe que es una batalla cuesta arriba.

“La gente que fabrica autos también quiere conducirlos”, mencionó. “Es orgullo profesional. Hasta cierto punto, es un asunto de identidad”.

Niess, el maestro retirado y ambientalista, ha ganado tres casos en contra de la ciudad por no mantener las normas de calidad del aire. En algún momento, fue propietario de un auto impulsado con diésel que compró después de que le comentaran que producía menos emisiones de carbono que los autos impulsados con gasolina. “Lo compré porque me dijeron que era bueno para el cambio climático”, recordó.

“La industria del automóvil nos ha engañado a todos”, opinó.

Actualmente, Niess solo se mueve en bicicleta por la ciudad. Vive a la vuelta de Neckartor, una de las áreas más contaminadas de la ciudad desde hace muchos años. El año pasado, Stuttgart superó los niveles seguros de contaminación 45 días, menos que los 63 del año anterior. No obstante, el límite de la Unión Europea es 35 días.

Hace más de un siglo, Daimler predijo que nunca habría más de un millón de autos en el mundo. En la actualidad, esa cifra pasa por Neckartor casi cada dos semanas.

El alcalde de Stuttgart, Fritz Kuhn, mencionó que la única forma de reconciliar la dependencia por los trabajos y las ganancias de las exportaciones que ofrece la industria automotriz es fabricar autos limpios.

“La historia económica está contaminada de ejemplos en los que la protección de los empleos de hoy destruye los del mañana”, comentó. Stuttgart lo sabe de primera mano: una industria de fabricación de relojes que en algún momento fue próspera y capaz, no pudo mantener el paso de la modernización y en esencia desapareció. Lo único que queda son los relojes cucú hechos a mano.

“En otros países, el ministro de comercio podría cabildear a favor de la industria automotriz; en Alemania, es la canciller”, afirmó Jürgen Resch de Deutsche Umwelthilfe.