Por: Anatoly Kurmanaev y Isayen Herrera.   12 julio
La escasez de gasolina, semillas y fertilizantes ha llevado al sector agrícola de Venezuela, al borde del colapso. Tal es el caso de los productores de papas en Pueblo Llano.
La escasez de gasolina, semillas y fertilizantes ha llevado al sector agrícola de Venezuela, al borde del colapso. Tal es el caso de los productores de papas en Pueblo Llano.

En este país, donde el hambre es rampante, hace poco un agricultor tuvo que abandonar todo su cultivo. Guiando un par de bueyes, arrastraba un arado de madera sobre su tierra y dejaba al descubierto miles de zanahorias marchitas.

Los camiones que recogerían su cosecha nunca llegaron, dijo. La escasez de combustible ha paralizado al país desde mayo y está llevando al borde del colapso a la industria agrícola de una nación donde casi la mitad de la población come menos de tres veces al día.

“Todo se perdió”, dijo el agricultor, Joandry Santiago, señalando los vegetales dañados que le costaron meses de trabajo perdido.

La escasez de gasolina evitó que agricultores como Santiago llevaran sus productos al mercado. Ahora está dificultándoles sembrar nuevos cultivos.

The New York Times entrevistó a decenas de agricultores venezolanos. Casi todos disminuyeron su área de cultivo este año y algunos están dejando sus tierras en barbecho.

La falta de combustible es la gota que derrama el vaso luego de seis años de crisis económica con el presidente Nicolás Maduro, cuyas políticas de control de precios, expropiaciones y malversación de fondos sancionada por el Estado han acabado con el sector privado del país. Su represión hacia opositores políticos y retórica socialista han desatado la ira del gobierno de Donald Trump, que ha impuesto sanciones paralizantes a altos funcionarios y sectores económicos clave.

Los agricultores dicen que han tratado de producir a pesar de la escasa materia prima, los controles de precios, la delincuencia, la inflación y una demanda que colapsa.

El municipio de Pueblo Llano, donde vive Santiago, ubicado en la región de los Andes al occidente de Venezuela, ha representado alrededor del 60% de la producción total de papa y zanahoria del país. Pero la cosecha de este año solo es la mitad de la producción del 2018 debido a la escasez de gasolina y a otros problemas como la falta de semillas y fertilizante, según la cooperativa local de agricultores, La Trinidad.

El habitual entramado de campos verdes bien atendidos disminuye desde los márgenes de las imponentes montañas bañadas de sol de Pueblo Llano a medida que los agricultores se repliegan hacia la única gasolinera con la esperanza de obtener algo de ventaja. Los 7.000 agricultores del pueblo tienen que arreglárselas con apenas una entrega de combustible de alrededor de 2.000 galones a la semana.

La caída de Pueblo Llano se repite en todo el sector. En las vastas planicies más al este de Venezuela, la caña de azúcar se pudre a unos cuantos metros de un ingenio y los campos de arroz están estériles por primera vez en setenta años debido a que los granjeros no tienen combustible para transportar su producción a los centros de distribución ni semillas o fertilizante para plantar nuevos cultivos.

La principal asociación agrícola de Venezuela, Fedeagro, calcula que el área plantada con los principales cultivos del país, maíz y arroz, disminuirá alrededor de un 50% este año. Y la producción de azúcar en el principal estado productor, Portuguesa, cayó de 12 millones en 2018 a 5 millones de toneladas, según la asociación local de agricultores de caña de azúcar.

“El colapso es exponencial”, dijo el presidente de Fedeagro, Aquiles Hopkins. “La única posible explicación es que al gobierno simplemente no le importa”, concluyó.

Maduro ha respondido a la crisis agrícola con la promesa de $35 millones en nuevos créditos para el sector, en un programa que según Fedeagro es dolorosamente pequeño y sus beneficios únicamente son para productores cercanos al gobierno.

Colapso de servicios

La escasez de gasolina en el país con las más grandes reservas de petróleo es solo la más reciente manifestación de un colapso de servicios en el gobierno de Maduro, que ha dejado a millones sin suministros confiables de electricidad, agua y gas butano.

Cuando una crisis en la importación de combustible coincidió con apagones en refinerías a mediados de mayo, el país se sumió en el caos. Al menos dos personas murieron esperando en las filas de gasolina que se hicieron.

El suministro de combustible ha mejorado en la mayor parte de las ciudades importantes desde entonces, pero sigue siendo escaso en la mitad occidental de Venezuela, donde se produce la mayoría de los alimentos. En los estados de Táchira y Mérida, que es donde se cultiva buena parte de los vegetales del país, los residentes solo pueden consumir 8 galones de gasolina al mes.

La crisis de combustible llegó en un momento en el que muchos venezolanos ya estaban pasando hambre. En diciembre, un mes antes de que Estados Unidos impusiera sus sanciones más fuertes, solo un 55% de los venezolanos comían tres veces al día, según Delphos, una encuestadora local.

El impacto de la escasez de combustible en los campos ya se siente en las ciudades. En el último mes, el precio de las zanahorias, papas y plátanos ha subido más del doble en el principal mercado de alimentos al mayoreo de Caracas , lo cual ha rebasado el índice inflacionario ya galopante del país —que se calcula que es de alrededor de un 26% mensual— según los corredores del mercado.

La falta de combustible es la gota que derrama el vaso luego de seis años de crisis económica con el presidente Nicolás Maduro, cuyas políticas de control de precios, expropiaciones y malversación de fondos sancionada por el Estado han acabado con el sector privado del país.

Un saco de papas de 54 kilos ahora cuesta cinco veces el salario mínimo mensual venezolano. La mayoría de los venezolanos, en vista de que el costo de los alimentos se ha disparado, han reducido su consumo de vegetales a favor de alimentos menos nutritivos como la pasta, el arroz y el maíz procesado, muchos de los cuales se obtienen en las cajas de alimentos subsidiadas del gobierno.

“No puede ser posible que el país se esté quedando sin comida y aquí tengamos 6.000 hectáreas de vegetales paralizados”, declaró el director de la cooperativa La Trinidad de Pueblo Llano, Augusto Alarcón.

Para enfrentar la falta de combustible, algunos transportistas de alimentos han cambiado a camiones que usan diésel, cuyo suministro es mejor. Sin embargo, la gasolina sigue siendo una parte importante de la cadena de producción agrícola, desde el transporte y alimentación de los trabajadores hasta la operación de las bombas y el suministro de refacciones de la maquinaria.

En el estado de Portuguesa, la escasez ha paralizado la cosecha urgente de arroz y maíz. En mayo, impidió a los agricultores plantar un nuevo cultivo antes de la temporada de lluvias.

“Cuando sea hora de cosechar nuevamente en cuatro meses, veremos todo el costo de esta” escasez, dijo Víctor Sánchez, agricultor del pueblo de Turén en el estado de Portuguesa.