Por: Liz Alderman.   1 junio, 2018
Un año después de que el presidente Emmanuel Macron asumió el cargo con una agenda agresiva para convertir a Francia en una
Un año después de que el presidente Emmanuel Macron asumió el cargo con una agenda agresiva para convertir a Francia en una "nación nueva", no está claro si la realidad ha seguido el ritmo con su retórica. Mientras, el país continúa rezagado en inversiones relacionadas con la tecnología de Gran Bretaña. Aquí, una reunión de personal en SwiftKey, una startup tecnológica, en Londres.

Cuando Emmanuel Macron asumió la presidencia de Francia, se esforzó por incluir dos iPhones en su fotografía oficial, como símbolo de su inclinación por la tecnología.

Los millennial se amontonan mientras va de un evento de emprendimientos a otro. Ha tomado vino y cenado con los directores ejecutivos de las empresas tecnológicas más importantes, quienes a cambio le han prometido invertir miles de millones en Francia.

No obstante, a un año de que el Mandatario dio a conocer una agenda determinada a convertir a Francia en una "nación de emprendimientos", no queda claro si la realidad se ha mantenido al día con su retórica.

Aunque el país se ha convertido rápidamente en uno de los destinos más comentados de Europa para las compañías tecnológicas y las empresas emergentes, Francia todavía enfrenta un camino cuesta arriba en su apuesta para destronar a Londres como el líder tecnológico de la región.

El presidente galo se ha esmerado en cultivar una imagen de conocedor de la tecnología, ha promovido un redoble firme de eventos de alto perfil e incluso ha logrado aprobar una serie de reformas económicas y laborales para hacer este país más atractivo para los inversionistas. Sin embargo, las inversiones relacionadas con la tecnología y el negocio de la inteligencia artificial siguen rezagadas en Francia en comparación con el Reino Unido. Las empresas emergentes todavía tienen problemas para aumentar en número. La mayor parte de los fondos semilla provienen del mismo gobierno francés.

Las empresas han venido prometiendo que harán más en Francia. En enero, por ejemplo, los directores ejecutivos de las empresas tecnológicas más grandes del mundo anunciaron que harían nuevas inversiones por 3.500 millones de euros, o $4.100 millones, y crearían por lo menos 2.200 empleos en los próximos cinco años.

Estas cantidades son minúsculas en comparación con Silicon Valley, e incluso Londres. No obstante, Macron buscó generar impulso en Francia al citar a 60 directores ejecutivos para reunirse con ellos en París. El presidente francés se reunió por separado con el director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, y los líderes de IBM, Microsoft y Uber más tarde ese mismo día, en el Palacio del Elíseo.

El principal propósito de las conversaciones, que tuvieron lugar antes de una importante conferencia de tecnología y empresas emergentes que se llevó a cabo en París, fue la privacidad de los datos. Las reuniones se llevaron a cabo un día después de que Zuckerberg enfrentara cuestionamientos estridentes de legisladores del Parlamento Europeo en Bruselas sobre las fallas de privacidad vinculadas con el escándalo de Cambridge Analytica.

Efecto Macron

La oficina del presidente también declaró que Macron sostuvo conversaciones directas con los diversos directores ejecutivos en relación con la fiscalización de las empresas tecnológicas y la lucha contra la proliferación de rumores y desinformación que se diseminan por Internet. Todo esto ocurre mientras los legisladores franceses debaten medidas para empresas de redes sociales como Facebook.

Se espera que Macron anuncie más inversiones relacionadas con la tecnología en Francia.

“Es evidente que ha habido un efecto Macron”, comentó Franck Sebag, socio de la firma de servicios profesionales Enrst & Young con sede en París, quien ha analizado la trayectoria digital de Francia.

“Hace algunos años pocas personas hablaban de Francia como un país tecnológico”, comentó Sebag. “La disposición a invertir se ha disparado”.

Mientras el presidente Donald Trump trata de imponer una agenda cada vez más proteccionista para Estados Unidos, y el Reino Unido se separa de la Unión Europea, Macron ha promovido políticas de fronteras y puertas abiertas para las empresas en un país que desde hace mucho tiempo había sido todo menos abierto. Las multinacionales se están animando a crear más empleos en Francia a medida que Macron revisa las leyes laborales, a pesar de las protestas de los trabajadores de su país.

Los esfuerzos de Macron para hacer de Francia un centro de investigación de inteligencia artificial también han tardado en avanzar. El Reino Unido todavía tiene el ecosistema de inteligencia artificial más fuerte de Europa, con más de 120 empresas involucradas en la tecnología, en comparación con las 39 que tiene Francia, según Asgard Capital, una sociedad de capital de riesgo con sede en Berlín.

Las declaraciones simbólicas, como la apertura el año pasado de Station F, un enorme proyecto de incubación en París que representa las ambiciones de Francia, también han dado de qué hablar. El gobierno está atrayendo actividad de investigación con créditos fiscales que tienen un valor de hasta 5.000 millones de euros al año, además de otros incentivos. Este mes, Macron anunció que Francia invertiría 1.500 millones de euros en investigación sobre inteligencia artificial para 2022.

El capital emprendedor —antes difícil de recaudar en un país donde la toma de riesgos estaba muy estigmatizada— fluye con más libertad. La recaudación de capital emprendedor para empresas emergentes aumentó a 2.700 millones de euros el año pasado, en comparación con solo 255 millones de euros en el 2014, según Dealroom, una empresa de investigación. Esta última cantidad es más de lo que se ha recaudado en el Reino Unido, al igual que en Alemania e Israel, que también tienen importantes centros tecnológicos.

¿Competitivas?

“El Reino Unido ya no es la capital indiscutible del capital emprendedor europeo”, mencionaba Dealroom en un informe reciente. “Europa continental se está poniendo al día, mientras que Francia ya está casi a la par”.

Por todo el alboroto, Francia debe enfrentar varios obstáculos de antaño.

Aunque miles de empresas emergentes se están desarrollando en incubadoras como Station F, el país solo tiene un puñado de empresas conocidas como “unicornios”, o empresas emergentes valuadas por encima de $1.000 millones, entre las que se encuentran el servicio de viajes compartidos BlaBlaCar y el sitio de comercio electrónico Vente-Privee.com. Esta es una medida de lo desafiante que es crear el nuevo Facebook o Google aquí. Las empresas nacientes todavía enfrentan considerables retos para crecer hasta convertirse en negocios más grandes y sostenibles.

Mientras tanto, la inversión relacionada con la tecnología en el Reino Unido se disparó casi un 90 % el año pasado para llegar a más de 7.000 millones de euros, más que en Francia, Alemania y Suecia juntos, según Dealroom. Aunque Francia genera millones en préstamos baratos y subsidios disponibles para empresas financieras emergentes y aceleradoras a través de su banco de inversión pública Bpifrance, los críticos explican que eso podría dificultar que se distinga si las empresas emergentes francesas son competitivas o no.

Los esfuerzos de Macron para hacer de Francia un centro de investigación de inteligencia artificial también han tardado en avanzar. El Reino Unido todavía tiene el ecosistema de inteligencia artificial más fuerte de Europa, con más de 120 empresas involucradas en la tecnología, en comparación con las 39 que tiene Francia, según Asgard Capital, una sociedad de capital de riesgo con sede en Berlín.

Aunque la tendencia está cambiando.

Los grandes negocios están sumando cada vez más ventajas, en especial desde que Macron congregó a 140 directores ejecutivos de empresas mundiales en una reunión de fotografía en el Palacio de Versalles en enero. El presidente francés les dijo que estaba siguiendo una estrategia para hacer más productiva y competitiva a Francia y anunció que hay más de 3.500 millones de euros en inversión extranjera, incluyendo un gran porcentaje para la tecnología.