Por: Jack Ewing.   20 julio
Un descuento en los precios en Japón, junto con el crecimiento en otros mercados de exportación, le permitirá a Masaltos (una pequeña empresa de calzado en Sevilla, España) expandir su fuerza de trabajo.
Un descuento en los precios en Japón, junto con el crecimiento en otros mercados de exportación, le permitirá a Masaltos (una pequeña empresa de calzado en Sevilla, España) expandir su fuerza de trabajo.

Las acciones del presidente Donald Trump incitan a una guerra comercial, han socavado a la OTAN y pintado a Europa como un enemigo. Así que no es ninguna sorpresa que la Unión Europea esté buscando aliados en otras regiones.

El martes suscribió en Tokio el mayor pacto comercial de su historia, un tratado con Japón que recortará los derechos de aduana sobre productos europeos como el vino y el queso y reducirá gradualmente los aranceles impuestos a los automóviles. Este convenio cubrirá una cuarta parte de la economía global, por lo que será la mayor área de libre comercio conforme a ciertos parámetros. Se trata del acuerdo más reciente de una serie de tratados ya suscritos o a punto de concretarse con países como Australia, Vietnam e incluso China.

El acuerdo suscrito con Japón, al igual que los demás negociados, indican que Europa ha adoptado una postura más asertiva y está dispuesta a ignorar las álgidas relaciones con Estados Unidos, e incluso la próxima salida del Reino Unido del bloque. Desde hace algunos meses, en la retórica de los dirigentes de la Unión Europea se percibe más confianza en relación con el libre comercio, así como la firme decisión de no dar marcha atrás ante las amenazas de Washington de imponer aranceles, sino promover con determinación nuevas relaciones.

No obstante, sin importar cuántas barreras al comercio internacional logre derribar la Unión Europea, sus mandatarios no podrán hacer nada para cambiar un sencillo hecho económico: Estados Unidos todavía es el mayor socio comercial de ese continente. No hay forma de evitar los daños ocasionados por la campaña de Trump en contra de productos de importación como los automóviles y el acero.

“Estados Unidos es el mercado más grande”, afirmó Holger Schmieding, principal economista del banco Berenberg, con sede en Hamburgo, Alemania. En su opinión, los demás acuerdos son una medida de “control de daños, pues en realidad no pueden compensarlos”.

UE a la ofensiva

Los funcionarios europeos comenzaron a intensificar las negociaciones para lograr acuerdos comerciales con otros países después del triunfo de Trump en las elecciones, un hecho que le dio el golpe de gracia a las negociaciones de un amplio tratado con Estados Unidos. Los negociadores de ambos lados del Atlántico habían trabajado desde 2013 para eliminar los aranceles y armonizar las normas aplicables a bienes como automóviles y productos farmacéuticos. Las conversaciones se estancaron hacia el final del gobierno de Obama y se pospusieron de manera indefinida a finales de 2016.

Europa no se quedó estática; por el contrario, comenzó a buscar otros acuerdos.

Mientras que el presidente Trump amenazaba con desbaratar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la Unión Europea le dio los toques finales a un tratado de libre comercio con Canadá, el cual entró en vigor a finales del año pasado.

Europa también convino en principio un acuerdo con México para actualizar un tratado de libre comercio existente, que esperan concluir para finales de este año. Otros acuerdos con Vietnam y Singapur se encuentran en las últimas etapas de autorización.

La Unión Europea también se encuentra en negociaciones con una larga lista de países, entre los cuales se encuentran Australia, Chile, Indonesia, Nueva Zelanda, Túnez y los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). También reanudó conversaciones con India que habían quedado suspendidas en el 2013.

“Ha sido un mes muy activo”, declaró en junio la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmstrom, a su regreso de una visita a Australia y Nueva Zelanda.

La Unión Europea tampoco quiere depender de China, aunque esta nación asiática bien podría desbancar a Estados Unidos como el mayor socio comercial de Europa en algunos años.

Las negociaciones de los tratados comerciales tardan años y en el caso de los acuerdos más recientes, comenzaron antes de la elección de Trump. Las conversaciones con Japón arrancaron en 2012. Sin embargo, Pascal Lamy, exdirector general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), comentó que la ofensiva diplomática de la Unión Europea “se ajusta a la idea de que no se necesita a Estados Unidos para lograr la apertura comercial”.

La Unión Europea está negociando incluso con China. Los funcionarios europeos comparten el recelo de los estadounidenses con respecto a las intenciones de los chinos. Tampoco quieren depender de China, aunque bien podría desbancar a Estados Unidos como el mayor socio comercial de Europa en algunos años.

De cualquier forma, han aplicado un enfoque distinto. Para mantener en línea a China, Washington amenaza a Pekín con aranceles que podrían afectar casi todas las importaciones de ese país a Estados Unidos. En contraste, los funcionarios de Bruselas están negociando un acuerdo que podría darles a sus empresas más control sobre sus inversiones en China, como por ejemplo, permitirles ser las únicas responsables de sus operaciones en vez de exigirles trabajar con socios locales.

De cualquier forma, China no puede fraternizar mucho con la Unión Europea, dada la desconfianza que ha marcado las relaciones recientes entre estas dos potencias.

Por ejemplo, se originaron discusiones sobre supuestas prácticas de dumping en las ventas de paneles solares chinos en Europa. En una reunión celebrada el año pasado, no se emitió ninguna declaración conjunta sobre el cambio climático por un desacuerdo en cuanto a si China debía considerarse una “economía de mercado”, una designación que permitiría al país recibir un trato preferencial ante la OMC.

Alemania-China

La semana antepasada, la canciller alemana Angela Merkel se reunió en Berlín con el premier chino Li Keqiang. Ambos atestiguaron la firma de varios convenios de cooperación entre empresas chinas y alemanas. Uno de ellos permitirá a la fabricante alemana de sustancias químicas BASF invertir $10.000 millones en la construcción de una planta sobre la que tendrá pleno dominio en la región sur de China.

No obstante, ese acuerdo también hace evidente cuán lenta ha sido la apertura de China.

“Han cambiado mucho los comentarios de las empresas europeas establecidas en China, que solían promover al país pero ahora expresan muchas críticas”, señaló Mark Leonard, director y cofundador del European Council on Foreign Relations.

Después de China, Japón es el segundo mayor socio comercial de la Unión Europea en Asia. El convenio que suscribieron el martes en Tokio el primer ministro japonés, Shinzo Abe, y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, eliminará mil millones de euros —$1.200 millones— de los aranceles anuales que pagan las empresas europeas.

En cuanto el tratado entre en vigor en 2019, el comercio aumentará del 16 % al 24 %, según los cálculos de la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión Europea. Se espera que las empresas regionales de productos alimenticios, que ahora están sujetas a aranceles muy elevados en Japón, sean las más beneficiadas. Los fabricantes japoneses de automóviles también se verán beneficiados porque se reducirán los aranceles que han evitado, en parte, que Toyota tenga una participación tan amplia en Europa como en Estados Unidos.

“Es una luz en el ambiente político internacional, que cada vez se oscurece más”, comentó Tusk acerca del pacto comercial. “Estoy seguro de que saben a qué me refiero”.