Por: Farhad Manjoo.   28 noviembre
Introduced in 2015, Google Photos has become one of the most emotionally resonant pieces of technology around. (Doug Chayka/The New York Times) -- NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY WITH NYT STORY CIR-STATE-COLUMN BY MANJOO FOR NOV. 15, 2018. ALL OTHER USE PROHIBITED. --
Introduced in 2015, Google Photos has become one of the most emotionally resonant pieces of technology around. (Doug Chayka/The New York Times) -- NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY WITH NYT STORY CIR-STATE-COLUMN BY MANJOO FOR NOV. 15, 2018. ALL OTHER USE PROHIBITED. --

La primera vez que Google Fotos me hizo llorar fue un golpe que me tomó por sorpresa.

Una mañana de abril, miré mi teléfono resignado a encontrarme con más noticias sobre las calamidades del mundo. En cambio, había una alerta de Fotos en la que me avisaba que los robots procesadores de imágenes de Google habían creado una especie de colección con mis videos. Ya había visto ese tipo de videos producidos con inteligencia artificial —los que hace Facebook del resumen de tu año son una desgracia recurrente—, así que no esperaba mucho. Entonces, presioné reproducir y, en treinta segundos, estaba hecho una ruina, con la cara larga y llorosa.

El video era de mi hija de cinco años, Samara: casi cada momento que ha estado despierta ha sido conmemorado de forma minuciosa y permanente por mí, su padre obsesionado con las cámaras.

Mi obsesión ha creado una pesadilla archivística; los videos y las fotos de Samara y su hermano mayor, Khalil, ambos nacidos en la era de los teléfonos inteligentes, ahora abarcan varios terabytes —más imágenes de las que un humano podría tener el tiempo de revisar de manera exhaustiva—. Alguien se podría preguntar, ¿para qué capturar todos esos momentos?

Bien, en esta simple colección de dos minutos, Google Fotos me permitió observar un destello de la respuesta.

Las computadoras de Google pueden reconocer rostros, incluso los que envejecen. Google Fotos también parece entender el tono y el valor emocional de las interacciones humanas, cosas como las sonrisas, las risitas nerviosas, fruncir el ceño, los berrinches, los bailes de alegría e incluso fragmentos de diálogos como “¡Feliz cumpleaños!” o “¡Bien hecho!”.

Sincronizado con una música de película de Hollywood, el resultado fue un montaje en el que se mezclaron eventos que eran de una importancia evidente —cumpleaños, obras de teatro escolares— con decenas de momentos comunes y corrientes de dicha infantil.

Ahí estaba Samara de bebé cuando le cortaron el pelo, cuando dio unos pocos pasos tambaleantes; Samara de pequeña cuando jugaba con su hermano, cuando peleaba con él, cuando se zambullía con bravura en su clase de natación; Samara ya en edad preescolar mientras comía pizza en un viaje en auto, cuando le sacaba la lengua a la cámara.

No puedo publicar el video aquí; sería como si mostrara su diario. Sin embargo, si Samara alguna vez se postula como presidenta de su clase en el kínder, el video de Google podría ser equivalente al video Man From Hope de Bill Clinton y ganaría con un triunfo aplastante.

Más allá

A esto me refiero cuando hablo de un “golpe que me tomó por sorpresa”: ¿quién creería que un software le haría llorar?

Las imágenes en Instagram y Snapchat podrán conmoverte en el día a día, pero Google Fotos no es una red social; es una red personal, un servicio que comenzó hace tres años, cuyo objetivo en esencia era funcionar como una base de datos que albergara nuestras crecientes colecciones de fotos privadas, y un servicio que en su mayoría dirigen máquinas, no otros humanos que publican cosas a las que les dan me gusta.

Y, a pesar de todo, de las tecnologías que uso con regularidad, Google Fotos se ha convertido en una de las más relevantes en términos emocionales. Es extraordinaria, no solo por el grado de utilidad que tiene, sino porque ha eliminado cualquier dolor de cabeza que provocaban el almacenamiento y la búsqueda a través del tsunami de fotos que todos producimos.

Más aún: Google Fotos es extraordinaria porque presagia un posible entendimiento de nosotros mismos por medio de la fotografía.

Con su enfoque intenso en la estructuración por medio de inteligencia artificial, Google Fotos sugiere el inicio de una nueva era de historiadores robot personalizados. Los billones de imágenes que tomamos todos se convertirán en la materia prima de los algoritmos que organizarán los recuerdos y construirán las narrativas sobre nuestras experiencias humanas más íntimas. En el futuro, los robots sabrán todo de nosotros y contarán nuestras historias.

No obstante, nos estamos adelantando. Antes de preocuparnos por la ciencia ficción del mañana, vale la pena maravillarse con la utilidad básica que Google Fotos tiene en la actualidad.

Las empresas tecnológicas han intentado crear mecanismos para administrar fotos digitales desde que comenzamos a desechar los rollos de película. La mayoría de los esfuerzos han fracasado; mientras nuestras cámaras mejoran, tomamos más fotos, y mientras más fotos tomamos, somos menos capaces de organizar el almacenamiento.

En cambio constante

Hace más de una década, el mundo de la tecnología llegó a una solución parcial para la sobrecarga de fotos: hacer que las imágenes se volvieran sociales. Por medio de servicios como Flickr, después Facebook e Instagram, intentamos organizar nuestras imágenes haciendo que otros lo hicieran por nosotros. Las mejores fotos eran las que tenían calificaciones más altas en tu perfil social; las peores, las que no publicaste.

Sin embargo, las redes sociales crearon otra serie de problemas: había un temor a quedarse fuera, una sensación de ansiedad performativa, de soledad y una erosión de la privacidad. “Había un sentimiento en el que, debido a que todo era público, los jóvenes debían editar constantemente la idea pública de sí mismos”, comentó Hand.

De la misma manera, Google intentó participar en el juego de las fotos sociales. La primera encarnación de Google Fotos era parte de Google Plus, la red social de la empresa de búsquedas, la cual tenía el destino sellado y acaba de cerrar. Hace algunos años, después de haberse percatado de que las redes sociales no eran su fuerte, Google regresó a la mesa de diseño con Google Fotos.

Su servicio renovado hacía tres cosas: ofrecía un almacenamiento casi ilimitado y gratuito para tus fotos (se puede pagar más a fin de que tus imágenes estén almacenadas en tamaños con una mejor resolución). Las ponía en la nube, así que podías tener acceso a ellas en cualquier lugar. Y, lo más crucial, Fotos podría depender de la afamada inteligencia artificial de Google para solucionar lo que la empresa percibía como el problema clave de la era de los celulares: el hecho de que todos podemos tomar fotos, pero es rara la ocasión en que las vemos.

“Nos dimos cuenta de que nunca ibas a evocar o rememorar ninguno de esos momentos”, comentó Anil Sabharwal, vicepresidente de Google que dirigió el equipo que construyó Fotos y aún lo encabeza. “Te ibas a unas vacaciones hermosas, tomabas cientos de fotos increíbles, pasaban los años y nunca las volvías a ver”.

Cuando comenzó en 2015, Google Fotos generó un alivio inmediato. Por ejemplo, el reconocimiento facial hizo que se pudieran compartir fotos de forma automática. Ahora, cuando tomo una foto de mis hijos, Google los reconoce y comparte esas fotos con mi esposa; sus imágenes se comparten conmigo. De una manera increíble, instantánea y sin tener que pensarlo, cada uno tiene una colección completa de las fotos de nuestros hijos, y ha desaparecido la ansiedad de mantenerlas seguras.

¿Demasiado?

El mes pasado, Google lanzó un nuevo dispositivo para el hogar, el Home Hub, un aparato activado por voz que tiene una pantalla donde muestra una interminable presentación de diapositivas con este tipo de carnada nostálgica. Es mágico. Llevo más de una semana con el Home Hub y ha alterado de manera profunda la experiencia que tengo con mis fotos. Han adquirido vida propia.

Qué tanto los recuerdos organizados por medio de la inteligencia artificial están dando forma a nuestras narrativas sobre nosotros mismos.

Y, a pesar de lo que me cuesta dejar de usar Google Fotos, también estoy un poco aterrorizado por lo que promete para el futuro. Hay un montón de investigación de ciencias sociales que muestra cómo las fotos alteran nuestros recuerdos de una forma significativa. Un estudio probó que cuando tomamos fotos sin pensar se reduce nuestra capacidad de recordar eventos en el mundo que nos rodea.

Las fotos también dan forma a la percepción que tenemos de nosotros mismos, hasta el punto de crear nuevos recuerdos: una foto falsa te puede convencer de que algo te pasó aunque nunca haya sucedido.

Al tomar todo esto en cuenta, me preocupa qué tanto los recuerdos organizados por medio de la inteligencia artificial están dando forma a nuestras narrativas sobre nosotros mismos.

Pienso en Samara —y los niños como ella—: cómo un día verá videos como el que Google produjo sobre ella, y sacará ciertas conclusiones sobre su niñez solo porque unas máquinas de empresas tecnológicas con fines de lucro que reciben financiamiento de la publicidad tomaron decisiones sobre qué tipo de escenas iban a mostrar y cuáles iban a ocultar.

“Nos dimos cuenta de que nunca ibas a evocar o rememorar ninguno de esos momentos”, comentó Anil Sabharwal, vicepresidente de Google que dirigió el equipo que construyó Fotos y aún lo encabeza. “Te ibas a unas vacaciones hermosas, tomabas cientos de fotos increíbles, pasaban los años y nunca las volvías a ver”.