Por: Cade Metz.   5 abril
Google Robotics Lab inició, en el 2013, un ambicioso y llamativo esfuerzo por crear robots. Ahora, sus objetivos son más modestos, pero la tecnología es sutilmente más avanzada.
Google Robotics Lab inició, en el 2013, un ambicioso y llamativo esfuerzo por crear robots. Ahora, sus objetivos son más modestos, pero la tecnología es sutilmente más avanzada.

Google ha remodelado con discreción un ambicioso pero atribulado programa de robótica que alguna vez estuvo a cargo de un ejecutivo que dejó la empresa en medio de acusaciones de acoso sexual.

A partir de 2013, la empresa de Internet gastó decenas de millones de dólares en la compra de seis empresas emergentes de robótica en Estados Unidos y Japón. El proyecto contaba con dos equipos especializados en máquinas que se veían y se movían como los humanos. En alusión a las ambiciones enormes de Google, Andy Rubin, el vicepresidente de ingeniería que dirigía el programa, lo llamó Replicant (el término se usó primero en la película de ciencia ficción “Blade Runner”).

No fue muy exitoso. En el transcurso de los años siguientes, Google vendió las empresas que había adquirido o las cerró. La más conocida del grupo, Boston Dynamics, la adquirió el conglomerado japonés SoftBank y sigue trabajando en robots que se mueven como humanos o animales. Rubin dejó Google en 2014, tras una serie de acusaciones de acoso.

Google se reagrupó y reconsideró su objetivo de centrarse en la mecánica de robots complejos. Los últimos años ha reconstruido el programa, con robots que son mucho más simples que las máquinas con forma de humanoides que colgaban de los muros al interior del laboratorio de Rubin.

La nueva iniciativa se llama Robotics at Google. Cuenta con muchos de los ingenieros e investigadores que trabajaron bajo el mando de Rubin y lo dirige Vincent Vanhoucke, un científico principal de dicha compañía. Vanhoucke, un investigador de origen francés, fue una figura clave en el desarrollo de Google Brain, el laboratorio central de inteligencia artificial de la empresa. Hace poco tiempo, su equipo se mudó a un nuevo laboratorio en el campus principal de Google en Mountain View.

Mayor potencial

Recientemente, The New York Times brindó un primer acercamiento a parte de la tecnología en la que está trabajando la empresa.

Aunque las máquinas tal vez no sean tan llamativas como los robots humanoides, los investigadores de Google creen que la tecnología un poco más avanzada que hay dentro de ellas les da un mayor potencial en el mundo real. La empresa está desarrollando mecanismos para que estos robots aprendan habilidades por sí solos, como revisar un basurero con objetos desconocidos o circular por una bodega llena de obstáculos inesperados.

El nuevo laboratorio de Google refleja una iniciativa más amplia para llevar el aprendizaje automático a la robótica. Los investigadores están explorando técnicas similares en lugares como la Universidad de California, campus Berkeley, y OpenAI, el laboratorio de inteligencia artificial que fundaron las mentes maestras de Silicon Valley Elon Musk y Sam Altman. En meses recientes, los dos lugares han engendrado empresas emergentes que intentan comercializar su trabajo.

Muchas personas creen que el aprendizaje automático —no los nuevos dispositivos extravagantes— será la clave para desarrollar la robótica con fines de manufactura, automatización en almacenes, transporte y otras muchas tareas.

“Desde hace tiempo, la robótica ha estado en el imaginario popular, pero el cambio más importante por mucho es la aplicación del aprendizaje automático”, comentó Sunil Dhaliwal, un socio solidario de Amplify Partners, una firma de capital de riesgo de Silicon Valley. “La utilidad está en el software”.

Muchas personas creen que el aprendizaje automático —no los nuevos dispositivos extravagantes— será la clave para desarrollar la robótica con fines de manufactura, automatización en almacenes, transporte y otras muchas tareas.

En bodegas y pisos de fábricas, ya se usan los robots, pero pueden manejar solo tareas específicas, como recoger un objeto particular o enroscar o desenroscar un tornillo. Google quiere que las máquinas en las que está trabajando aprendan solas.

Una tarde reciente, al interior del nuevo laboratorio de Google, un brazo robótico pasó encima de un basurero lleno de pelotas de tenis de mesa, bloques de madera, plátanos de plástico y otros objetos aleatorios. Al entrar en la pila desordenada, el brazo tomó un plátano con dos dedos y, con una sacudida ligera de la muñeca, lo lanzó a un basurero más pequeño que estaba a varios metros de distancia.

Para un robot, fue un truco extraordinario. Cuando le presentaron la pila de objetos por primera vez, el brazo no supo cómo recoger ningún objeto. Sin embargo, al equiparlo con una cámara para que viera al interior del basurero, el sistema de Google analizó su propio progreso durante unas catorce horas de prueba y error.

Con el tiempo, el brazo aprendió a lanzarlos a los basureros correctos un 85 % de las veces. Cuando los investigadores intentaron realizar la misma tarea, su promedio de precisión fue cercano al 80 %.

Puede sonar muy simple, pero escribir código para decirle a una máquina cómo hacer eso sería extremadamente difícil. “Tendría que aprender cosas más complicadas de las que puedo imaginar”, mencionó Shuran Song, una de las principales investigadoras del proyecto.

En otro rincón del laboratorio de Google, hay investigadores que entrenan manos robóticas para manipular objetos: empujarlos, jalarlos y hacerlos girar con delicadeza.

Las manos de tres dedos no son nada complejas, al menos no físicamente. El software que las ayuda a aprender es el avance tecnológico, y los investigadores esperan que con el tiempo las manos puedan aprender a usar herramientas y otros equipos.

Google está usando un enfoque similar con todo su hardware robótico. El brazo que lanza objetos en un basurero no es una máquina elaborada que diseñaron los ingenieros de Google. Lo construyó Universal Robots, y se suele utilizar para manufactura y otras tareas. Google lo está entrenando para que haga cosas que no podría hacer sin capacitación.

Superar desafíos

“El aprendizaje de hecho nos está ayudando a superar los desafíos para los robots de bajo costo”, comentó Vikash Kumar, el investigador de Google que supervisa este proyecto.

En una tercera zona del laboratorio, los investigadores están entrenando un robot móvil de una empresa emergente de Silicon Valley, Fetch. Esa máquina rodante está aprendiendo a circular por espacios que le son desconocidos, lo cual puede servir en sitios como bodegas y fábricas.

Google es reservada al momento de hablar sobre cómo espera desplegar las tecnologías en las que está trabajando pero, como con otras formas de automatización, hay una pregunta evidente relacionada con la pérdida de empleos.

“Es difícil imaginar un futuro en el que no sea el caso”, opinó Michael Chui, socio del McKinsey Global Institute, una organización de investigación empresarial.

Sin embargo, otros investigadores creen que los robots complementarán la mano de obra humana en vez de remplazarla.

“Todavía hay muchos trabajos en las bodegas que los robots no pueden hacer”, comentó Ken Goldberg, profesor de robótica de Berkeley y uno de los investigadores detrás de Ambidexterous Robotics, una empresa emergente. “Lo que sí pueden hacer es ayudar con parte del trabajo pesado”.