Por: Michael Schuman.   18 mayo

Tokio – No hay nada sexi en los fuelles, pero podrían ser el futuro de Japón.

Esos productos cilíndricos de metal fabricados por Irie Koken Co. se parecen más a un perrito de juguete con resorte que tomó esteroides que a los dispositivos sorprendentes por los que alguna vez fue famoso Japón, como el Walkman de Sony, el Game Boy de Nintendo o el Prius de Toyota. Sin embargo, desempeñan la tarea crucial aunque menospreciada de ayudar a los fabricantes de semiconductores y paneles de LCD a mantener sus productos limpios y en funcionamiento.

“La tecnología utilizada para hacer estos productos es muy complicada”, dijo Norihiro Irie, el presidente de Irie Koken. “No muchas empresas pueden hacerla”.

Norihiro Irie, president of Irie Koken, at the company’s headquarters in Tokyo, April 23, 2018. Precision parts and behind-the-scenes technology could play a major role in the country‘s effort to shake itself out of its slow-growth doldrums. (Ko Sasaki/The New York Times)
Norihiro Irie, president of Irie Koken, at the company’s headquarters in Tokyo, April 23, 2018. Precision parts and behind-the-scenes technology could play a major role in the country‘s effort to shake itself out of its slow-growth doldrums. (Ko Sasaki/The New York Times)

Algunos economistas y gente de negocios creen que el lento crecimiento de Japón puede estar forjando un nuevo papel crítico en la economía global: hacer las cosas con las que se hacen las cosas para la revolución digital de hoy en día.

Japón se ha convertido en un proveedor esencial de la robótica que hace funcionar las líneas de ensamblaje; los sistemas electrónicos para los autos; los circuitos impresos, sensores y otras piezas de los teléfonos inteligentes; y una serie de otros componentes técnicos y hardware que no están a la vista del consumidor.

El país asiático se dirige hacia “una estrategia totalmente distinta, en la que otros países no pueden competir”, dijo Ryoji Musha, presidente del grupo de análisis económico Musha Research, con sede en Tokio. “Al avanzar, Japón mostrará un surgimiento notable como uno de los motores de la economía global”.

Esas serían buenas noticias para todos. La nación sigue siendo la tercera economía más grande del mundo, detrás de Estados Unidos y China. Un Japón más fuerte ofrecería un pilar muy necesitado para sostener el crecimiento global y serviría como contrapeso a la creciente influencia política y económica de China.

Viraje

Los fuelles y otros muchos productos japoneses parecidos ya han ayudado a impulsar el crecimiento del país. En los dos últimos años, la economía ha experimentado la más larga expansión continua desde la década de 1980. La tasa de crecimiento del 1,7% del año pasado fue la más rápida desde 2013.

Mantenerla no será fácil. Las empresas japonesas tendrán que esforzarse para mantener su límite de calidad sobre los bajos costos de China, que ha alcanzado a Japón en la fabricación de productos como televisiones y electrodomésticos, y ha superado a otros rivales, incluyendo a Estados Unidos, Corea del Sur y Taiwán. Varios escándalos han afectado últimamente la imagen de Japón respecto de la calidad.

Más en general, la sociedad japonesa sigue encogiéndose, envejeciendo y siendo profundamente escéptica de la inmigración. Eso hará difícil que las empresas encuentren suficientes trabajadores calificados y presionará a los dirigentes del país a mantener el sistema educativo a la altura.

Muchos de los agentes japoneses más importantes tienen que ver más allá de las fronteras de su país en su búsqueda de crecimiento. La población decreciente ayudó a motivar el acuerdo de Takeda Pharmaceutical para comprar Shire: la adquisición extranjera más grande de la historia realizada por una empresa japonesa.

“La contracorriente que está tirando de la dinámica del crecimiento es el límite principal de lo que Japón puede hacer de manera sostenida”, dijo Kenneth Courtis, presidente de la firma financiera Starfort Investment Holdings. Aunque Japón cuenta con algunas empresas competitivas que continuarán sobresaliendo, dijo, “no sé si eso cambiará toda la ecuación”.

Japón también tuvo varios arranques en falso en los últimos 25 años, pero terminó regresando al estancamiento. Si esta vez es diferente, una razón importante serán las empresas como Irie Koken.

Irie señaló que, desde que asumió el cargo de presidente de la compañía hace 19 años, no le había ido tan bien al negocio como en este momento. Las ventas aumentaron más del doble en el pasado año fiscal.

“Ni siquiera podemos estar al día con todas las órdenes que tenemos”, dijo Irie.

Potencial

Conforme la tecnología de la información es cada vez más crucial en todos los sectores y empresas que buscan mejorar su eficiencia, se espera que aumente la demanda de robots, chips y otros productos de alta tecnología, así como las piezas y máquinas necesarias para fabricarlas, hechas en Japón.

“Incluso si hay una recesión, no creo que cambie la velocidad de la demanda”, dijo Rosen Diankov, director de tecnología en la empresa de robótica Mujin Inc.

Diankov, un especialista en robótica de EE. UU., cofundó Mujin en 2011 con el japonés, Issei Takino, un exgerente de ventas de herramientas de corte, para producir aparatos que controlen a robots industriales. Sus oficinas centrales en una bodega remodelada al este de Tokio tienen la vibra hípster de una empresa emergente instalada en una cochera, con oficinas y talleres repletos de equipo.

La tecnología de Mujin parece retro a primera vista. Un control remoto para manos parece parte de una consola de videojuegos de la década de 1990. Sin embargo, Mujin dice que sus avanzados componentes hacen que los robots sean más eficientes y fáciles de usar, y es difícil que la competencia los copie.

La mera complejidad de estos productos japoneses de especialidad puede ayudar a la economía a mantener un límite competitivo. A diferencia de las televisiones, los reproductores de CD y otros electrónicos que impulsaron el pasado auge de Japón, es mucho más difícil que los fabricantes chinos y de otros lugares reproduzcan los controles de Mujin y los fuelles de Irie Koken. Cuando el minorista en línea con sede en Pekín JD.com quiso automatizar un almacén sin empleados humanos en China, recurrió a Mujin.

Algunas de las grandes corporaciones japonesas están avanzando en la misma dirección.

El gigante de la electrónica Panasonic alguna vez fue sinónimo de televisores y videograbadoras. No obstante, en los últimos seis años, ha reducido drásticamente sus negocios con consumidores —ya no vende televisores en EE. UU.— y ha girado hacia la electrónica industrial, incluyendo las baterías para el Roadster de Tesla, así como cámaras y sensores para automóviles.

“Es muy importante que nos posicionemos sabiamente”, dijo Yasuyuki Higuchi, director ejecutivo de la unidad de soluciones de conexión de Panasonic. “De otra manera, no podemos ser competitivos”.

Sin embargo, incluso los sectores más competitivos no son inmunes a los problemas. Una grave escasez laboral ya está plagando los negocios, dijo Marcel Thieliant, economista sénior japonés de la firma de investigación Capital Economics, quien añadió que el país no está dando la bienvenida a suficientes extranjeros para contrarrestar el impacto.

“La contracorriente demográfica seguirá oponiendo resistencia”, dijo Thieliant, quien calcula que la avalancha de crecimiento actual de Japón en realidad ya terminó. “Si no aceptamos a más inmigrantes, terminaremos por estancarnos”.

“Es muy importante que nos posicionemos sabiamente. De otra manera, no podemos ser competitivos”, dijo Yasuyuki Higuchi, director ejecutivo de la unidad de soluciones de conexión de Panasonic.