Por: Choe Sang-Hun.   28 agosto
Donald Trump y Kim Jong Un dan un paseo después de almorzar en la isla Sentosa en Singapur, el 12 de junio de 2018. Desde entonces, las frustraciones han aumentado por la falta de progreso en el cumplimiento de la cumbre, oscureciendo las esperanzas de Corea del Norte para el alivio de sanciones y el deseo de Washington de una rápida desnuclearización del Norte.

Cuando el dirigente norcoreano, Kim Jong-un, visitó una presa hidroeléctrica en construcción el mes pasado, “montó en cólera” al enterarse de que aún no estaba terminada después de 17 años de trabajos.

Se dice que Kim descubrió que la presa, parte fundamental de sus intentos por solucionar la falta de electricidad crónica de su país, tenía escasez de trabajadores, equipo y materiales, y se enteró de que los funcionarios que supervisan el proyecto ni siquiera habían visitado la obra en construcción.

Según la Agencia Central Norcoreana de Noticias, Kim comentó: “Lo que más me enoja es que estos funcionarios nunca perderán la oportunidad de mostrar sus desvergonzados rostros y llevarse el crédito cuando haya una ceremonia para celebrar la conclusión de la central eléctrica. Estoy estupefacto”.

Los informes de los medios noticiosos en el Estado norcoreano sobre el enojo de Kim fueron un estridente contraste de las imágenes típicas en visitas de ese tipo, que muestran a Kim acosado por sus súbditos que lo adoran.

Desde finales de junio, Kim ha dedicado casi todas sus actividades públicas a visitar fábricas, granjas y obras en construcción en vez de las unidades del Ejército y los lugares de pruebas de armas que frecuentaba el año pasado. Y en lugar de presumir el talento militar de su país, está atacando la mala administración de las obras que visita, lo que destaca su profunda concentración en corregir la economía.

“Sanciones de bandoleros”

El mensaje de Kim está dirigido tanto a Estados Unidos como a su pueblo, afirmaron los expertos en política norcoreana, ya que su compromiso de otorgar prosperidad económica depende de persuadir a Washington para que atenúe las dañinas sanciones internacionales. Durante el fin de semana, Kim dijo que su pueblo estaba comprometido con “una lucha de vida o muerte” contra las “sanciones de bandoleros”, que, según dijo, dieron un “grave revés” a su economía.

“Lo que está claro es que Kim Jong-un está desesperado por aminorar las sanciones y encontrar su propia forma de impulsar la producción y mejorar la vida de su pueblo”, comentó Koh Yu-hwan, catedrático de estudios norcoreanos en la Universidad Dongguk de Seúl. “Al mismo tiempo, está trasladando la culpa a sus subordinados al criticar a los funcionarios perezosos”.

Al mostrarse concentrado en la economía, y no en programas armamentistas, Kim tal vez esté mandando señales de que está dispuesto a negociar la eliminación de sus armas nucleares si Washington ofrece los incentivos correctos, comentó Koh. Pero persiste mucho escepticismo relacionado con que Kim las deponga algún día o con que Estados Unidos ofrezca el tipo de incentivos que exige Corea del Norte, como un tratado de paz que termine con la guerra de Corea.

Cuando Kim re reunió en junio con el presidente Donald Trump en Singapur, ambos acordaron construir “nuevas” relaciones y trabajar hacia la desnuclearización total de la península coreana”. Pero a su acuerdo le faltaron los detalles y desde entonces ha aumentado la frustración en ambos lados sobre los pocos avances en la realización del acuerdo de la cumbre, lo que atenúa la esperanza de Corea del Norte de mitigar las sanciones y el deseo de Washington de una rápida desnuclearización de Corea del Norte.

Washington ha cancelado hasta ahora sus ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur a fin de ayudar a la desnuclearización de Corea del Norte. Pero se ha rehusado a aminorar las sanciones, exigiéndole al país que primero proceda a una rápida eliminación de las armas nucleares, empezando por declarar todo su patrimonio nuclear.

Corea del Norte ha tomado algunas medidas para tranquilizar a Washington, como la suspensión de sus pruebas nucleares y de misiles, la demolición de su zona de pruebas nucleares subterránea y la destrucción de una zona de pruebas de motores de misiles. Pero antes de avanzar más, quiere que Washington declare fin a la guerra de Corea y siente las bases para un tratado de paz formal que remplace el armisticio que detuvo la guerra en 1953.

El atolladero entre Corea del Norte y Estados Unidos está dificultando los intentos de Corea del Sur por ampliar los lazos económicos y de otro tipo con Corea del Norte. El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, tiene programado reunirse la próxima semana con Kim en Pionyang, la capital norcoreana. El miércoles habló de una visión innovadora para la cooperación económica con Corea del Norte, incluyendo la construcción de zonas económicas conjuntas en la frontera y la vinculación de los ferrocarriles del país, siempre y cuando Corea del Norte comience la eliminación de armas nucleares.

Al impulsar el desarrollo económico, Kim tiene mucho en juego conforme busca cimentar su poder en un país que sufrió una carestía devastadora en la década de 1990 y apenas recientemente ha visto el surgimiento de una clase media incipiente y con ambiciones.

“Ahora los norcoreanos son tan materialistas, codiciosos e insatisfechos como alguna vez lo fueron sus camaradas de la Unión Soviética y Alemania Oriental, y como lo somos la mayoría de nosotros en occidente”, escribió Rüdiger Frank, un experto en Corea del Norte de la Universidad de Viena. “Corea del Norte ha comenzado a jugar el juego capitalista y ha ido mucho más lejos de lo que fueron la mayoría de los países socialistas europeos”.

“Ajustarse el cinturón”

En 2012, en su primer discurso público como dirigente norcoreano, Kim prometió que su pueblo “nunca más tendría que ajustarse el cinturón”.

Al llevar al país de una política nuclear arriesgada a la diplomacia, espera construir lazos comerciales y aminorar la presión de las sanciones. Desde marzo, además de reunirse con Trump, se ha reunido tres veces con el presidente Xi Jinping de China y dos con Moon, de Corea del Sur.

En abril, anunció el final de su política byungjin, explicando que había logrado una de las dos metas paralelas: la construcción de un arsenal nuclear. Ahora, afirmó, Corea del Norte concentraría todos los recursos nacionales en la reconstrucción de la economía.

Desde entonces, los analistas de Corea del Sur se han preguntado si eso significa que Kim está dispuesto a negociar la eliminación de sus misiles nucleares a cambio de concesiones económicas y de seguridad por parte de Estados Unidos y sus aliados. ¿Y el gobierno de Trump está dispuesto a poner a prueba las intenciones de Kim al comprometerlo en un toma y daca?

“Lo que está claro es que las piezas del rompecabezas no encajarán hasta que no veamos mejoras en las relaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte, así como la atenuación y el levantamiento de las sanciones”, señaló Hwang Jae-jun, especialista en Corea del Norte del Instituto Sejong, un centro de estudios en Corea del Sur.