Por: Liz Alderman.   26 junio
Mensajeros para apps de entregas esperan pedidos en París, Francia. El reparto de alimentos se ha convertido en un negocio de miles de millones de euros. (Dmitry Kostyukov/The New York Times)
Mensajeros para apps de entregas esperan pedidos en París, Francia. El reparto de alimentos se ha convertido en un negocio de miles de millones de euros. (Dmitry Kostyukov/The New York Times)

París. Aymen Arfaoui se ajustó una maleta de plástico de Uber Eats y revisó su celular para encontrar la ruta más rápida en bicicleta antes de comenzar a pedalear entre el caudal de automóviles que circulaban alrededor de la plaza de la República. El tiempo era dinero, y Arfaoui, un nervioso migrante de 18 años, necesitaba dinero.

“Lo hago porque tengo que comer”, comentó, fijando una ruta que pudiera ahorrarle algunos minutos en su primera entrega del día. “Es mejor que robar o pedir dinero en la calle”.

Arfaoui no tiene documentos para trabajar, y se llevaría un poco más de la mitad de las ganancias de ese día. Mencionó que el resto se lo debía a un repartidor en bicicleta francés que consideraba que las condiciones de pago de Uber Eats eran demasiado baratas —3,50 euros (poco menos de $4) por pedido y un poco más por kilometraje— como para realizar el trabajo él mismo.

El repartidor parisino había subcontratado ilegalmente a Arfaoui, quien había estado viviendo en un coche abandonado durante un mes tras su llegada de Túnez. El migrante adolescente señaló que había ganado 17 euros ese día por cuatro horas de trabajo.

El reparto de alimentos se ha convertido en un negocio de miles de millones de euros debido a que el gigante estadounidense de transporte privado Uber, la plataforma de entrega a domicilio con sede en Londres, Deliveroo y algunas empresas competidoras ambiciosas luchan para captar mercados y consumidores. Sin embargo, la competencia ha comprimido las ganancias para los repartidores, provocando que algunos se aprovechen de quienes buscan empleo con mayor urgencia.

Trabajo precario

En Francia, donde el reparto de alimentos es una tendencia al alza, algunos repartidores registrados en esas aplicaciones están rentando sus cuentas. De acuerdo con información obtenida de agrupaciones laborales y humanitarias francesas, de algunas empresas, y de entrevistas con más de una decena de repartidores y migrantes, los repartidores suplentes por lo general son migrantes ilegales en el país, solicitantes de asilo y adolescentes menores de edad dispuestos a trabajar varias horas por salarios bajos, sin importar el tráfico ni el clima.

Los repartidores hacen esos tratos en la calle o a través de mensajes por Facebook, Whatsapp y Telegram, y se quedan con un 30% o 50% de las ganancias. Muchos de los repartidores y migrantes aceptaron conversar con la condición de mantener su anonimato debido a la naturaleza del trabajo.

Hasta ahora, esta actividad se ha desarrollado a pequeña escala entre los aproximadamente 20.000 repartidores de comida en Francia. Las empresas han bajado las puntuaciones de los repartidores que descubren haciendo tratos en el mercado negro. Sin embargo, los negocios y los reguladores están enfrentando nuevas quejas de otros indicios de explotación en la economía de los trabajos esporádicos.

“Estos empleos se han vuelto más precarios”, afirmó Jean-Daniel Zamor, presidente del Colectivo de Repartidores Independientes de París, un grupo que trabaja sobre cuestiones laborales para los repartidores. “El hecho de que las plataformas den menos dinero ha alentado a la gente pobre a subcontratar a gente todavía más pobre”.

Uber Eats y sus competidores, incluyendo Stuart, una aplicación francesa, y Glovo, con sede en España, señalaron que sabían de estas conductas indebidas. “Nos preocupa porque existen prácticas ilegales en las que la gente se aprovecha de la vulnerabilidad de los demás”, comentó Nicolas Breuil, gerente de mercadotecnia a nivel global de Stuart.

Las plataformas captaron a miles de trabajadores, en especial de los suburbios de alto desempleo en Francia, así como a estudiantes. No obstante, los repartidores que hablaron con The New York Times dicen que ahora las empresas están reclutando a más repartidores y que la paga es peor. Los repartidores tienen que emplearse como contratistas independientes, de tal modo que las empresas se ahorren gastos e impuestos relacionados con empleos de tiempo completo.

Deliveroo enfrentó huelgas en Francia después de cambiar su tasa de remuneración en 2017: de una tarifa fija por hora más comisión, a una tasa de cinco a 5,75 euros por entrega. Los repartidores de Uber Eats realizaron huelgas limitadas durante la Copa Mundial de fútbol de 2018 para protestar por lo que ellos consideraban salarios bajos y malas condiciones de trabajo.

Las empresas niegan que la remuneración esté empeorando.

Uber Eats señaló que los repartidores de Francia ganaban un promedio de 10 a 15 euros por hora en las horas pico, de 11:30 a. m. a 2:00 p. m. y de 7 a 10 p. m. Deliveroo y Stuart comentaron que sus repartidores ganaban un promedio de trece euros por hora. Glovo afirmó que sus repartidores ganaban aproximadamente diez euros por hora.

Los repartidores comentaron en las entrevistas que las tarifas oficiales no siempre reflejaban lo que se llevaban al bolsillo. Describieron un sistema en el cual la remuneración que otorgaban las plataformas de entrega de alimentos había descendido un 25% o más en los últimos años, lo que daba pie a la subcontratación.

Pese a que las empresas promueven sus políticas de responsabilidad social, de todas maneras se benefician sin importar quién haga las entregas, comentaron.

“Cada año ganamos menos”, señaló Florent, un repartidor veinteañero que aceptó que lo identificáramos solo por su nombre de pila. “Cambian las condiciones reduciendo salarios o modificando las reglas del pago”.

Florent mencionó que había trabajado para tres aplicaciones de entrega de alimentos y ahora rentaba ilegalmente su identidad de cada aplicación a trabajadores del país con una reducción del 30% de su ingreso. The Times se comunicó con Florent por Facebook, la red social que él y otras personas emplean para anunciar sus cuentas.

Youssef El Farissi, de 18 años, residente de Avignon, comentó que había rentado ilegalmente su cuenta de Uber Eats a una decena de trabajadores del país el mes pasado. Seis de sus amigos estaban haciendo lo mismo con diversas plataformas.

“Si fuera mejor pagado, todos usarían su propia cuenta y trabajarían”, señaló.