Por: Ana Swanson.   27 julio
FILE — A General Motors assembly line in Lansing, Mich., March 5, 2017. Perhaps no state has more to lose from the Trump administration’s trade policy than Michigan, where China’s ties to the auto industry run deep. (Brittany Greeson/The New York Times)
FILE — A General Motors assembly line in Lansing, Mich., March 5, 2017. Perhaps no state has more to lose from the Trump administration’s trade policy than Michigan, where China’s ties to the auto industry run deep. (Brittany Greeson/The New York Times)

Detroit. La bandera de China ondea en lo alto de Henniges Automotive, junto a las de Alemania, México, Canadá y otros países, lo que refleja la naturaleza global de la industria automotriz de Michigan y, cada vez más, su confianza en Pekín.

Henniges, que fabrica productos de sellado para autos, fue adquirida en 2015 por Aviation Industry Corporation de China, una empresa estatal que ha hecho otras inversiones en el área de Detroit, incluyendo en la proveedora de autopartes Nexteer, ubicada justo enfrente de Henniges en la carretera interestatal 75.

Durante los últimos años, Pekín ha inyectado continuamente miles de millones de dólares de inversiones en Michigan, en la compra de fábricas derruidas, en la construcción de nuevas fábricas y en el respaldo a más de 10.000 empleos en el estado.

No obstante, donde Michigan ve un socio financiero, el presidente Donald Trump ve un “enemigo financiero”, un intento de superar la ventaja competitiva de Estados Unidos robando tecnología, secretos comerciales y empleos a las empresas nacionales.

Mientras Trump trata de castigar a China con aranceles y otras restricciones, Michigan queda atrapada en la mira, pues su capacidad para mantenerse competitiva y desarrollar tecnologías emergentes como los vehículos autónomos, la robótica y la inteligencia artificial es muy dependiente de los vínculos con los mercados internacionales, incluyendo a China.

Entrelazados

“La industria automotriz es una industria global”, afirmó Michael O’Kronley, un alto ejecutivo de la empresa A 123 Systems, fabricante de baterías para vehículos eléctricos salvada de la quiebra en 2013 por la empresa china Wanxiang. “Si vas a proporcionar productos en esa industria, tienes que ser global”.

General Motors ahora vende muchos más autos en China que en Estados Unidos, y el mayor exportador en valor total de autos de Estados Unidos no es una marca estadounidense, sino BMW. Según algunos cálculos, el auto con mayor proporción de partes estadounidenses y canadienses es el Honda Odyssey, e incluso ese modelo tiene aproximadamente un 25% de partes hechas en el extranjero. Las empresas —y sus trabajadores— dicen que reconocen que existen algunos riesgos de compartir sus secretos tecnológicos con los competidores chinos, pero afirman que ya no es opcional para Michigan, la capital automotriz de Norteamérica, participar con China, el mercado automotriz más grande del mundo.

“No se pueden separar estos dos”, expresó de China y Michigan Jerry Xu, expresidente de la Asociación Empresarial China de Detroit. “Si lo intentas, vas a matar a la industria”.

La inevitabilidad de los vínculos extranjeros ha llegado incluso a las filas de los trabajadores, que, después de vivir años de despidos y cierres de plantas, dicen que lo que menos importa es quién posea su empresa, sino que siga sobreviviendo.

A fin de mantenerse competitiva, Michigan ha pasado gran parte de la última década tratando de atraer inversión extranjera de Pekín junto con antiguos inversionistas de Japón, Europa y Corea del Sur. A principios de mayo, mientras el gobierno de Trump se preparaba para lanzar aranceles y restricciones de inversión contra China, Rick Snyder, el gobernador republicano de Michigan, recibió a más de 150 posibles inversionistas chinos para recorrer Detroit, Ann Arbor y Grand Rapids.

Aunque Washington estaba proyectando un clima hostil, Snyder dijo a la delegación que Michigan estaba “abierta a los negocios”. En cada uno de los últimos siete años, Snyder ha viajado a China para visitar empresarios y solicitar inversiones.

Atracción

Las propuestas han rendido frutos. El condado de Oakland, un suburbio de Detroit que alberga muchos proveedores automotrices, se ubica en el tercer lugar a nivel nacional entre los condados de Estados Unidos en términos del número de empleos que dependen de la inversión china, de acuerdo con un seguimiento de MacroPolo, un laboratorio de ideas de Chicago. Las empresas chinas también han llegado al condado de Wayne, que incluye el centro de Detroit, para adquirir edificios de oficinas en decadencia y fábricas vacías.

El gobierno de Trump tiene un punto de vista mucho más pesimista sobre la inversión china, especialmente en la tecnología y la manufactura, y apoya la legislación que dificultaría que las empresas extranjeras inviertan en empresas estadounidenses como Henniges. Peter Navarro, asesor comercial sénior de Trump, ha argumentado que el superávit comercial de China con Estados Unidos le ha proporcionado amplios recursos financieros para comprar empresas estadounidenses, un proceso que él describe como “conquista mediante la compra”. Otros funcionarios de la Casa Blanca han dicho que no hay que preocuparse por algunas pérdidas en las inversiones chinas, en especial en áreas de tecnologías vulnerables.

“Existen muchas áreas en donde no queremos inversiones chinas: áreas militares confidenciales y algunas de alta tecnología”, afirmó Wilbur Ross, el secretario de Comercio. “Hay muchas otras áreas en donde sí las recibimos y ese es el derecho de cualquier país”.

Las políticas comerciales de Trump están empezando a enfriar las inversiones chinas. A fin de presionar a Pekín para que cambie sus prácticas comerciales, el presidente ha impuesto aranceles a productos chinos con valor de decenas de miles de millones de dólares, y ha amenazado a cientos de miles de millones de dólares más, en especial a productos que están dentro del plan “Hecho en China 2025” para desarrollar las industrias de alta tecnología. También ha propuesto ampliar las revisiones gubernamentales de la inversión extranjera.

Esas acciones, combinadas con restricciones más estrictas por parte del gobierno chino sobre el flujo de dinero al exterior, están frenando las inversiones chinas en Estados Unidos. Se desplomaron más del 90% entre la primera mitad de 2017 y la primera mitad de 2018, llegando a su nivel más bajo en siete años, de acuerdo con un seguimiento de Rhodium Group.

He Xian, un abogado de la empresa Butzel Long, que ayuda a tramitar las inversiones chinas en Michigan, dijo que los aranceles en realidad están alentando a algunas empresas chinas a trasladar sus operaciones a Estados Unidos, especialmente a las que buscan abastecer al mercado estadounidense. Pero muchos otros clientes chinos que dependen de vínculos internacionales están decidiendo invertir en otro lado debido a los aranceles y otras barreras, así como por el creciente antagonismo general hacia China.

Uno de los clientes de Butzel Long, un empresario chino que planeaba establecer en Michigan instalaciones de investigación y desarrollo con un valor de $10 millones, recientemente optó por irse a Alemania debido al temor a nuevas normas en la transferencia de licencias y tecnología. Otra empresa china con la que Xian trabajó había estado planeando importar de Michigan 5.000 toneladas de carne de res al año, un triunfo para el gobierno de Trump, que llegó a un acuerdo el año pasado para finalmente abrir el mercado chino a la carne de res estadounidense. Pero en meses recientes, la empresa china decidió abandonar el trato al considerar como un riesgo demasiado alto la amenaza de un arancel por parte de China del 25% sobre la carne de res estadounidense.

“Necesitamos políticas predecibles y estables”, señaló Xian. “Sin certeza, nada puede suceder”.