Por: Jack Ewing.   20 abril, 2018
Asumir el papel de simples observadores y contemplar desde una distancia segura las discusiones entre China y Estados Unidos, a raíz de las amenazas comerciales de Donald Trump, no es una buena opción para Europa. Su economía tiene lazos demasiado profundos con ambos países.
Asumir el papel de simples observadores y contemplar desde una distancia segura las discusiones entre China y Estados Unidos, a raíz de las amenazas comerciales de Donald Trump, no es una buena opción para Europa. Su economía tiene lazos demasiado profundos con ambos países.

Por un lado, tenemos a un buen cliente que ha sido nuestro aliado militar y amigo desde hace mucho tiempo, pero cuya conducta últimamente es errática.

Por el otro, una relación con otro buen cliente que todavía no es de total confianza y genera algunos problemas, pero se trata de un socio de negocios que cada vez es más lucrativo y confiable.

¿A cuál de ellos elegirían?

Esta situación, grosso modo, describe el dilema que enfrenta Europa ante el creciente conflicto entre sus dos mayores socios comerciales, Estados Unidos y China.

Estados Unidos es el mayor mercado de Europa para exportaciones como automóviles y otros productos, aparte de ser su aliado en la OTAN. Sin embargo, China también es enorme y cada vez crece más.

Además, el gobierno de Trump también amenazó a las instituciones que rigen las relaciones globales cuando llamó obsoleta a la OTAN y atizó las tensiones en el sector comercial. Así que cuando alguien pregunta quién es el socio menos confiable, China ya no es la opción automática que viene a nuestra mente.

Después de que el presidente Donald Trump amenazó con imponer otros $100.000 millones en aranceles a los productos chinos, la mayoría de los líderes europeos se abstuvieron de hacer declaraciones.

No obstante, asumir el papel de simples observadores y contemplar desde una distancia segura las discusiones entre China y Estados Unidos no es una buena opción para Europa. Su economía tiene lazos demasiado profundos con ambos países.

“¿Qué pueden hacer para mantenerse fuera de la línea de fuego?” preguntó Adam Slater, el principal economista de Oxford Economics en el Reino Unido. “No hay mucho que puedan hacer”.

Si bien las amenazas de Trump van dirigidas a China, Europa con seguridad sufrirá efectos secundarios si el presidente estadounidense decide concretarlas.

Guerra de aranceles

Una guerra interminable de aranceles recíprocos entre ambos países interferiría con el flujo global de materia prima y componentes necesarios para la fabricación de artículos, así que alteraría la economía europea.

Encima de todo, algunas empresas europeas, como el fabricante de automóviles BMW, realizan operaciones de manufactura en Estados Unidos y exportan a China. Las ventas de las empresas que operan conforme a tal esquema se verían afectadas si China impusiera aranceles a los productos estadounidenses.

Tan solo la amenaza de una guerra comercial ya ha causado inquietud en los mercados financieros, por lo que ahora es más complicado para las empresas obtener dinero, según dijo el viernes Benoît Coeuré, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo. “Esta situación no apoya para nada el crecimiento y el empleo”, subrayó Coeuré durante una conferencia en Cernobbio, Italia.

Estas alteraciones en el comercio mundial se presentan en un momento nada propicio para Europa. Algunos indicadores económicos recientes sugieren que la recuperación del continente, tras una década de crisis, está perdiendo impulso. La producción industrial en Alemania se redujo un 1,6 % en febrero, según datos oficiales publicados la semana pasada.

Si bien los líderes europeos emplean una retórica más moderada, comparten algunas de las inquietudes expresadas por Trump en cuanto a la competencia injusta de las empresas chinas que reciben subsidios gubernamentales. También les preocupa que las empresas chinas estén robando tecnología europea y vayan acumulando poder económico.

Con todo, el principal temor de los líderes europeos quizá sea que el enfoque beligerante de Trump en el tema comercial acabe por destruir el sistema de resolución de conflictos creado en la posguerra, que incluye reunir a todas las partes en una sola habitación. Trump ya logró que algunos países se vean obligados a suplicar exenciones individuales a los aranceles sobre el acero y el aluminio, sin ninguna intervención de la Organización Mundial de Comercio, el foro usual para resolver controversias comerciales.

“Ha creado un ambiente de división entre países”, señaló el investigador André Sapir, quien colabora con la organización de investigación Bruegel, con sede en Bruselas. “Quizá el año 2017 pasará a la memoria como el último año de operaciones del sistema multilateral”.

Cautela europea

Es posible que Europa se vea beneficiada a corto plazo por los enfrentamientos entre China y Estados Unidos. Por ejemplo, si China aumenta los aranceles a las aeronaves Boeing, podría ser ventajoso para el rival europeo de esa empresa, Airbus. Sin embargo, no es probable que este tipo de efectos positivos superen los riesgos.

Las empresas europeas han invertido mucho más en Estados Unidos desde hace años que en China. No obstante, China se convierte gradualmente en el centro de la acción. El comercio total de Alemania con China, considerando tanto exportaciones como importaciones, ya es mayor que el que tiene con Estados Unidos. Además, China es el mayor mercado único para empresas como Volkswagen, el mayor fabricante europeo de automóviles.

Aun así, Europa mantiene una postura de cautela con respecto a las intenciones de China. Si bien los líderes europeos emplean una retórica más moderada, comparten algunas de las inquietudes expresadas por Trump en cuanto a la competencia injusta de las empresas chinas que reciben subsidios gubernamentales. También les preocupa que las empresas chinas estén robando tecnología europea y vayan acumulando poder económico.

Desde hace algunos años, los inversionistas chinos han adquirido activos europeos, como puertos en Grecia, empresas alemanas del sector de maquinaria y una participación del diez por ciento en el fabricante de automóviles Daimler. La campaña del gobierno chino “Hecho en China 2025”, cuyo objetivo es dominar las industrias más modernas, constituye una amenaza para las empresas alemanas que surten maquinaria de precisión que las empresas chinas todavía no pueden fabricar.

Varios líderes en Bruselas, Berlín y París han urgido a supervisar más de cerca las adquisiciones chinas en Europa, aunque no ha quedado muy claro cuán estrictas serán estas medidas.

Tampoco hay que olvidar que Europa y Estados Unidos han superado muchas situaciones juntos, en especial la Guerra Fría. Ambas son democracias con múltiples partidos y economías de libre mercado, mientras que China es una autocracia unipartidista. Además, los lazos históricos y culturales entre Europa y Estados Unidos tienen siglos de antigüedad.

De cualquier forma, una guerra comercial podría acercar más a Europa a China.

La preocupación más inmediata de Europa es resolver sus propias controversias comerciales con Trump. Cecilia Malmström, la comisaria europea de Comercio, se encuentra en negociaciones con Wilbur Ross, el secretario de Comercio estadounidense, para lograr una exención permanente de los aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio. La actual exención temporal de estos aranceles expira el 1 de mayo.