Por: Elizabeth Paton.   2 enero
TOPSHOT - Protesters wearing yellow vests (gilets jaunes) do a human pyramide as they demonstrate against rising costs of living they blame on high taxes in Paris, on December 15, 2018. - The
TOPSHOT - Protesters wearing yellow vests (gilets jaunes) do a human pyramide as they demonstrate against rising costs of living they blame on high taxes in Paris, on December 15, 2018. - The "Yellow Vests" (Gilets Jaunes) movement in France originally started as a protest about planned fuel hikes but has morphed into a mass protest against President's policies and top-down style of governing. (Photo by Christophe ARCHAMBAULT / AFP)

París. Desde los Campos Elíseos hasta la avenida Montaigne y a lo largo de la calle St. Honoré, por las calles más deslumbrantes y glamorosas, donde se ubican las tiendas más finas en el centro de París, normalmente se percibe un gran bullicio los sábados de diciembre.

Turistas y residentes locales por igual, muchos de ellos cubiertos con pieles o prendas de cachemira y cargados de bolsas, recorren a toda prisa estos magníficos templos de la tradición francesa, como Chanel y Dior, Longchamp y Ladurée, para comprar regalos navideños.

Este año, todo es diferente.

El precio del descontento

Cinco fines de semana seguidos de manifestaciones convocadas por miembros del movimiento de chalecos amarillos en contra del presidente Emmanuel Macron y sus políticas económicas han provocado algunos de los peores disturbios civiles vistos en Francia en más de una década. Escaparates rotos en las tiendas, automóviles en llamas en las calles y daños a algunas de las atracciones más conocidas de París han sido el saldo de estos disturbios.

El número de manifestantes disminuyó notoriamente el sábado 15 de diciembre en comparación con los fines de semana anteriores; sin embargo, muchas tiendas permanecieron cerradas por temor a más actos de violencia, incluidas las del grupo francés Kering, como Gucci y Balenciaga.

La industria de los artículos de lujo, una de las principales categorías de exportación de Francia y un gran atractivo para el turismo en París, ha sufrido un duro golpe durante el mes más importante del año. Un bloqueo ordenado por la policía, sumado al temor de actos generalizados de vandalismo, hizo que los ejecutivos de muchas empresas célebres decidieran cerrar sus tiendas en París, y también su boca, después de que algunos manifestantes adoptaron logotipos de marcas francesas de moda como símbolos de desigualdad y elitismo.

Sin embargo, algunos directores ejecutivos se atrevieron a asomar la cabeza por encima del parapeto.

Jean-Philippe Hecquet, director ejecutivo de Lanvin, comunicó la decisión de la empresa de cerrar durante tres fines de semana su tienda principal, ubicada en las inmediaciones de Campos Elíseos, por motivo de la seguridad de sus empleados.

“Esta época del año es la más importante para las ventas de Lanvin; en diciembre registramos, por lo menos, el equivalente a dos meses de ventas a precios normales”, señaló Hecquet. “Podría pensarse que nuestro negocio en línea quizá cubra las pérdidas, pero en el sector de compras de prendas de vestir de lujo listas para usarse, las tiendas físicas todavía son muy importantes”.

Dior, Burberry y Kering se negaron a hacer comentarios sobre los efectos de las manifestaciones en sus ventas. Chanel solo confirmó que sus tiendas habían permanecido cerradas como medida de precaución por cuestiones de seguridad; por su parte, su director creativo, Karl Lagerfeld, destacó la semana pasada en una entrevista con la revista New York: “Me gusta el momento que atravesamos, pero no los chalecos amarillos en las calles”.

Temores

Algunos miembros de la industria expresaron cierta inquietud ante la posibilidad de que las marcas de lujo se conviertan en el blanco de revueltas organizadas por los trabajadores en contra de Macron, cuya popularidad disminuye cada vez más.

Las manifestaciones ya ocasionaron enormes pérdidas. Los minoristas de todos los sectores han perdido alrededor de mil millones de euros ($1.100 millones) desde que comenzaron las manifestaciones, según la Federación Francesa de Minoristas.

El ministro de Finanzas, Bruno Le Maire, declaró que los disturbios han sido “una catástrofe” para la economía francesa. Afirmó que los minoristas pequeños, muchos de los cuales también se han visto obligados a cerrar, registraron este mes ingresos entre un 20 y un 40 por ciento por debajo de las cifras esperadas.

Las reservaciones de hoteles bajaron un 25 por ciento y los ingresos de los restaurantes de París se desplomaron entre un 20 y un 50 por ciento, dependiendo de la ubicación, agregó.

Existe un temor creciente de que París sufra una recesión drástica similar a la ocurrida tras los atentados terroristas de 2015.

“Nadie querrá ir a comprar a la tienda Louis Vuitton de los Campos Elíseos si hay automóviles en llamas en las calles”, comentó Mario Ortelli, socio de la firma de asesoría para el sector de artículos de lujo Ortelli & Co. “Nadie va a atreverse a caminar por ahí con una bolsa Hermès mientras se realiza una manifestación violenta”.

Marc-Andre Kamel, director de la división de Ventas al Menudeo para Europa, África y Medio Oriente de Bain, subrayó que, si bien las ventas de otras ubicaciones quizá ayuden a las marcas de lujo con presencia global a compensar las pérdidas experimentadas en París, es más probable que las tiendas departamentales de venta al por mayor, como Galeries Lafayette y Printemps, sufran pérdidas tremendas debido a las manifestaciones, pues las tiendas regionales fuera de París sufren los efectos de los trastornos ocurridos en otras ciudades.

Con todo, se hizo patente una discreta reacción de desafío en algunas esquinas.

Por la plaza Vendôme, donde hay varias joyerías de lujo y tiendas de diseñador, los manifestantes rompieron escaparates y construyeron barricadas. Muchas de las tiendas cubrieron sus ventanas y bloquearon por completo la vista hacia el interior.

Otros establecimientos, como Louis Vuitton, optaron por crear barreras transparentes gigantes, que les permiten exhibir brillantes árboles de Navidad enmarcados con zapatos, bolsas y accesorios costosos, para indicar que esos artículos de ensueño todavía están disponibles, aunque no estén al alcance de muchos.

Jean Cassegrain, director ejecutivo de Longchamp, indicó que algunas de sus tiendas de París permanecían cerradas y se había reforzado la seguridad en otras. No obstante, enfatizó que las marcas de lujo no eran el objeto principal de la ira de los manifestantes.

“Las manifestaciones no eligieron como blanco específico a las tiendas de lujo, pues también sufrieron daños varias paradas de autobús, cafés, obras en construcción y automóviles”, aseveró. “Es un momento en la vida de la ciudad. París sigue siendo una ciudad maravillosa que pueden disfrutar sus residentes y también los turistas”.