Por: Joanna Klein.   19 diciembre, 2018
“No solo es probable que compre una cosa más”, dijo Michael Crossley, neurocientífico en la Universidad de Sussex en Inglaterra. “La percepción de todo queda alterada ligeramente cuando se tiene hambre”.
“No solo es probable que compre una cosa más”, dijo Michael Crossley, neurocientífico en la Universidad de Sussex en Inglaterra. “La percepción de todo queda alterada ligeramente cuando se tiene hambre”.

Si alguna vez ha ido a comprar comida cuando tiene hambre, quizá haya comprado combinaciones extrañas de alimentos de las que más tarde se arrepintió.

“No solo es probable que compre una cosa más”, dijo Michael Crossley, neurocientífico en la Universidad de Sussex en Inglaterra. “La percepción de todo queda alterada ligeramente cuando se tiene hambre”.

Crossley ha hallado que no somos las únicas criaturas en el reino animal que toman decisiones alimentarias inusuales cuando tenemos hambre: los caracoles de estanque hambrientos también ingieren alimentos potencialmente nocivos que normalmente escupirían. Sus cerebros funcionan básicamente de la misma manera que los nuestros.

“Prueban lo que sea, y pasa lo mismo con los seres humanos durante periodos largos de escasez de alimentos”, dijo Crossley, resumiendo la investigación que él y sus colegas publicaron recientemente en Science Advances.

Con una sola parte de su cerebro, y si tienen suficiente hambre, los caracoles de estanque pueden superar sus sentidos y considerar artículos incomibles como posibles alimentos. El hallazgo se basa en investigaciones previas, las cuales muestran que los caracoles de estanque y otros animales viajan más, exploran más e invierten muchísima energía en encontrar comida para sobrevivir cuando tienen hambre. También podría proporcionarle un pretexto cuando comience a sentirse mal por sus extrañas compras: para sobrevivir, a veces hay que tomar riesgos.

El cerebro de los caracoles de estanque es bastante simple. Mientras que los humanos tenemos miles de millones de pequeñas neuronas que nos guían cuando vamos a comprar comida de manera descabellada, el cerebro del caracol de estanque está hecho solo de aproximadamente 20.000 células relativamente gigantes.

Hambre extrama

Con tan pocas neuronas, cambiar solo una puede alterar significativamente el comportamiento del caracol de estanque. Además, los investigadores pueden encontrar las mismas neuronas exactamente de caracol en caracol. Al analizar estas neuronas, Crossley pudo diseccionar la neurociencia básica del hambre extrema.

En el estudio, los investigadores dieron a los caracoles de estanque cosas que normalmente rechazarían, como un pedazo de plástico o una sustancia que sabe más o menos a plátano. Algunos de los caracoles habían comido bien. Otros no habían comido durante días. Los caracoles satisfechos rechazaron los estímulos desagradables, pero los caracoles hambrientos los ingirieron. Ese comportamiento riesgoso aumentaba cuanto más hambrientos estuvieran.

En el cerebro del caracol, los investigadores también encontraron patrones de actividad que difirieron según el nivel de hambre del animal. La actividad se ubicó en una suerte de centro de control que definía si el caracol tenía suficiente hambre para entrar en modo de supervivencia y comenzar a tomar riesgos alimentarios. Cuando los investigadores bloquearon ciertas señales químicas en esta parte del cerebro, transformaron a los caracoles de estanque bien alimentados en animales hambrientos que tomaban riesgos.

No obstante, el hambre no afectó las partes del cerebro que se encargan de la información sensorial sobre los estímulos. No hizo que las cosas asquerosas supieran bien. Solo alteró la percepción del estímulo, lo cual permite que los animales se arriesguen a comer cosas posiblemente nocivas porque, pues, si no comen seguramente morirán.

“En cuanto se está en esta situación comerán cualquier cosa solo para alimentarse un poco”, dijo Crossley. “Todo se trata de maximizar la ingesta alimentaria del animal”.

Así regresamos a las compras vergonzosas de comida. Aunque el cerebro humano es más complejo que el de un caracol de estanque, el órgano que está dentro de su cabeza quizá le permita generalizar percepciones de la comida en su entorno e ignorar si es particularmente sabrosa, saludable o si está bien acompañada, porque solo pensará en comer. Aunque sea salmón ahumado y donas lo que haya combinado en su carrito.

En el caso de Crossley, se trata de combinaciones como coliflor y pescado, alimentos que no le parecen apetitosos. “Si necesitas comida, te arriesgarás a ponerte en peligro con el fin de encontrarla”.