Por: Keith Bradsher.   14 agosto
Pekín ha comenzado a explorar opciones para que Hecho en China 2025 destine más financiamiento a la investigación y el desarrollo, en vez de pagar la construcción inmediata de muchas fábricas. Las normas de la OMC autorizan los subsidios a la investigación.
Pekín ha comenzado a explorar opciones para que Hecho en China 2025 destine más financiamiento a la investigación y el desarrollo, en vez de pagar la construcción inmediata de muchas fábricas. Las normas de la OMC autorizan los subsidios a la investigación.

La relación comercial entre Estados Unidos y China ha sido de enfrentamientos continuos desde hace algún tiempo, en una lucha para ajustar cuentas que no parece calmarse. Las conversaciones entre funcionarios de alto rango se encuentran estancadas y ambos países han amenazado con imponer más aranceles.

Con todo y las aflicciones, parecen vislumbrarse dos posibles alternativas para China, según los funcionarios que participan en las negociaciones comerciales y sus asesores. Ambas opciones les darían un triunfo comercial al presidente Donald Trump y sus asesores más moderados, además de permitirle al gobernante chino Xi Jinping seguir impulsando su ambicioso plan industrial para generar paladines nacionales en tecnologías modernas.

El desenlace más probable parece ser el estancamiento, en cuyo caso los aranceles estadounidenses y chinos seguirán en vigor durante meses o incluso años. Hasta ahora, Estados Unidos ha impuesto aranceles a artículos tecnológicos chinos con un valor de $34.000 millones, y a $3.000 millones en acero y aluminio chinos, además de que planea afectar productos equivalentes a otros $16.000 millones. China ha actuado con total reciprocidad; el miércoles reveló las medidas que tiene planeadas, las cuales afectan artículos estadounidenses equivalentes a $16.000 millones.

Estas políticas han originado fuertes quejas de empresas estadounidenses que dependen de importaciones de China y han forzado a las multinacionales a considerar cambios en sus cadenas de suministro para comenzar a remplazar los eslabones de China. En algún tiempo, estos cambios podrían reducir el déficit comercial entre los dos países y aminorar las preocupaciones en cuanto a seguridad nacional, dos temas importantes que molestan a Trump.

¿Una tregua?

Otra posibilidad es negociar una tregua. A pesar de que ambas partes tienen posturas muy distintas, Pekín ha hecho cambios sutiles hacia una postura más conciliadora. Ahora, China parece estar dispuesta a considerar cambios a su plan estratégico Hecho en China 2025, que el gobierno de Trump identificó como una amenaza a largo plazo para importantes industrias estadounidenses como la fabricación de aeronaves, semiconductores y productos farmacéuticos.

La postura actual de China es que la resolución de las tensiones comerciales no debe bloquear su progreso económico, pero podrían hacerse ajustes al plan Hecho en China 2025. Las cifras comerciales más recientes, reveladas el miércoles, muestran que las exportaciones chinas siguen en aumento, lo que da cierta confianza a Pekín. “La línea roja es el derecho de China a desarrollarse, no las medidas y políticas industriales concretas de Hecho en China 2025”, explicó He Weiwen, exfuncionario del Ministerio de Comercio que todavía es uno de los principales expertos de China en materia de comercio.

Para Trump y sus colaboradores, China es el enemigo comercial número uno. Como justificación para esta postura citan los enormes y persistentes déficits comerciales con ese país, así como el hecho de que los bancos del gobierno otorgan financiamiento a los rivales potenciales de los gigantes estadounidenses en tecnología de punta y fabricación avanzada. También les preocupa el rápido crecimiento militar de China, que podría aumentar la influencia de Pekín en Asia y en todo el mundo.

Los aranceles resuelven algunas de las preocupaciones del presidente, principalmente porque gracias a ellos las empresas estadounidenses dependen menos de los proveedores chinos.

Cientos de empresas occidentales ya están evaluando cambios en el papel que desempeña China en sus cadenas de suministro, según varias personas involucradas en las decisiones pertinentes. Los ejecutivos muestran cada vez más interés en transferir las operaciones de ensamblado final de sus productos a fábricas fuera de China, en especial a países donde los salarios son bajos, como otras naciones asiáticas o México.

Realizar el ensamblado final fuera de China les permitirá a las empresas evitar los nuevos aranceles estadounidenses. También podría empezar a reducir el déficit con China en los siguientes dos años.

“China quizá también esté dando señales de estar dispuesta a hacer concesiones en cuanto a los aranceles. Durante gran parte de la guerra comercial, Pekín ha igualado dólar por dólar las medidas en represalia de Washington. Los aranceles impuestos tanto por Estados Unidos como por China pronto se ubicarán alrededor de los $50.000 millones en productos. En el caso de Estados Unidos, esta cantidad representa poco menos de una décima parte de las importaciones de China. Para China, representa casi un tercio de las importaciones estadounidenses”.

Sin embargo, quizá estos cambios no tengan gran efecto en el déficit comercial general de Estados Unidos, pues solo lo trasladarán a otros países. Las empresas solo están cambiando las últimas etapas de los planes de producción a lugares como Indonesia y Taiwán en vez de llevarlas de vuelta a Estados Unidos, donde la mano de obra es costosa. Pekín también conservará una gran influencia, dado que lo más probable es que la fabricación de una larga lista de componentes, desde cables y tornillos hasta motores eléctricos y controles digitales, se mantenga en China.

El gobierno de Trump puede darse el lujo de no dar marcha atrás en las medidas aplicadas. La economía estadounidense se mantiene fuerte y los aranceles que afectan a las empresas de ese país se compensan con creces gracias a los nuevos recortes fiscales.

Negociar el plan Hecho en China 2025 es más complicado. El gobierno de Trump ha hecho las siguientes peticiones a Pekín: suspender todas las subvenciones otorgadas a las industrias previstas en el programa, incluidos los préstamos a bajo costo otorgados por los bancos públicos, aceptar que Estados Unidos aplique algunos aranceles a estas industrias por motivos de seguridad nacional, ponerle fin al ciberespionaje para robar secretos comerciales y dejar de exigirles a las empresas estadounidenses que compartan tecnologías clave con sus contrapartes chinas.

Si bien China no está dispuesta a hacer tantas concesiones, es posible que ofrezca algunas opciones que podrían constituir una victoria ostensible.

China ha manifestado que está dispuesta a cambiar partes de su política industrial que contravienen las normas globales de comercio. No obstante, el programa de China tiene algunas áreas grises.

Aunque la Organización Mundial del Comercio ha establecido muchas normas para evitar que los gobiernos subsidien directamente a las empresas, las disposiciones aplicables a los préstamos preferenciales otorgados por sistemas bancarios dirigidos por el gobierno son más vagas. Este tipo de préstamos han sido el eje central de la política industrial china desde hace varios años, y todavía lo son dentro del programa Hecho en China 2025.

China también ha comenzado a explorar opciones para que Hecho en China 2025 destine más financiamiento a la investigación y el desarrollo, en vez de pagar la construcción inmediata de muchas fábricas. Conforme a las normas de la OMC, los subsidios a la investigación están autorizados.

El dilema es si algunos de estos ajustes al plan Hecho en China 2025 marcaría alguna diferencia para el gobierno de Trump y le daría algún tipo de reafirmación.

Cambio de estrategia

China quizá también esté dando señales de estar dispuesta a hacer concesiones en cuanto a los aranceles. Durante gran parte de la guerra comercial, Pekín ha igualado dólar por dólar las medidas en represalia de Washington. Los aranceles impuestos tanto por Estados Unidos como por China pronto se ubicarán alrededor de los $50.000 millones en productos. En el caso de Estados Unidos, esta cantidad representa poco menos de una décima parte de las importaciones de China. Para China, representa casi un tercio de las importaciones estadounidenses.

La semana pasada, China cambió de estrategia. Pekín respondió a la amenaza de imponer aranceles estadounidenses a dos quintas partes de las exportaciones de China a ese país, equivalentes a $200.000 millones al año, con una amenaza de aplicar aranceles a dos quintas partes de las exportaciones de Estados Unidos a China, con un valor de $60.000 millones al año. Este cambio hace pensar que China quizá esté dispuesta a aceptar una concesión en los aranceles en términos de la proporción del comercio total gravado en cada dirección.

China todavía no ha hecho ninguna oferta de este tipo y el miércoles el Ministerio de Comercio de ese país anunció que igualaría la siguiente ronda de aranceles del gobierno de Trump, sobre importaciones con un valor de $16.000 millones al año, que entrarán en vigor el 23 de agosto.

El enfoque más cauteloso de Pekín en respuesta a la mayor amenaza de aranceles sobre otros $200.000 millones en importaciones anuales también fue sencillamente práctica: China ni siquiera importa esa cantidad de productos de Estados Unidos al año.

“No solo cambia las reglas del juego”, señaló Andrew Polk, fundador de la consultora Trivium, con sede en Pekín, con respecto al conflicto comercial. “La guerra comercial, tal como se desarrolla en la actualidad, puede prolongarse algún tiempo, y ambas economías pueden sobrellevarla sin sufrir efectos graves”.