Por: Liz Alderman.   20 abril
Una trabajadora en la línea de montaje final en Linet, empresa que fabrica camas de hospital de última generación, en República Checa. Las economías de rápida expansión en la región han provocado una grave escasez de mano Mano de obrade obra, por lo que las empresas están recurriendo a las máquinas.
Una trabajadora en la línea de montaje final en Linet, empresa que fabrica camas de hospital de última generación, en República Checa. Las economías de rápida expansión en la región han provocado una grave escasez de mano Mano de obrade obra, por lo que las empresas están recurriendo a las máquinas.

Cuando Zbynek Frolik necesitó nuevos empleados para manejar los pedidos en aumento en sus fábricas cavernosas en Bohemia central, repartió anuncios por toda la República Checa. Sin embargo, en una economía próspera donde casi todos tenían trabajo, hubo pocos interesados.

Ni los mejores salarios ni las ofertas de subsidio de vivienda fueron de ayuda.

Así que recurrió a los robots.

“No podemos encontrar suficientes humanos”, dijo Frolik, cuya empresa, Linet, hace camas de hospital de última generación que se venden en más de 100 países. “Estamos tratando de remplazar a la gente con máquinas donde podamos”.

Ese tipo de frases generalmente invoca imágenes de un futuro en el que los empleados ya no son necesarios. En muchas grandes economías, las empresas están experimentando al remplazar a los trabajadores de las fábricas, los conductores de camiones e incluso a los abogados con inteligencia artificial, lo cual plantea la posibilidad de una desaparición masiva de empleos.

Sin embargo, en el este de Europa, los robots se están convirtiendo en la clave para resolver la escasez de trabajadores. A menudo intentan crear nuevos tipos de empleos mientras los negocios en la República Checa, Hungría, Eslovaquia y Polonia intentan seguir siendo ágiles y competitivos. El crecimiento en estos países, que se volvieron centros de manufactura de bajo costo para Europa después de la caída del comunismo, ha sido en promedio del 5 % en años recientes, impulsado por la recuperación global.

A pocos les está yendo tan bien como a la República Checa, donde las plantas producen autos para empresas como Toyota y electrónicos de consumo para Dell, mientras que las compañías más pequeñas fabrican productos de especialidad que se venden en todo el mundo. Una economía en auge ha hecho que la tasa de desempleo sea de tan solo el 2,4%, la cifra más baja de la Unión Europea.

No obstante, la escasez de mano de obra ha limitado la capacidad de expansión de las empresas checas. Casi un tercio ha comenzado a rechazar pedidos, de acuerdo con la Confederación Checa de la Industria, un grupo comercial.

“Se está volviendo un freno para el crecimiento”, dijo Jaroslav Hanak, el presidente de la organización. “Si los negocios no aumentan la robotización y la inteligencia artificial, desaparecerán”.

Nueva generación de robots

Las fábricas del este de Europa ya están automatizadas. Ahora las instalaciones robóticas en la República Checa aumentaron un 40 % entre 2010 y 2015, de acuerdo con la Federación Internacional de Robótica. Actualmente, hay casi 101 robots por cada 10.000 trabajadores. Además, están llegando más máquinas conforme las empresas intentan mejorar su productividad, con lo que se acercan a los niveles de países como Alemania, que en promedio tiene 309 robots por cada 10.000 trabajadores, la cifra más alta en Europa.

En Elko EP, que fabrica temporizadores industriales para empresas como General Electric, el 70 % de la producción es automatizada, y la empresa tiene como propósito estar totalmente robotizada en algunos años. En una esquina blanca y elegante de la fábrica, los robots se han adueñado de las actividades rutinarias de manufactura. Jiri Konecny, el director ejecutivo de la compañía, les dio a los trabajadores de la planta tareas más complejas, y dirigió a cientos de empleados más a la investigación y el desarrollo.

“Si no hubiéramos invertido en la automatización de manera temprana, estaríamos muertos en este momento”, comentó.

“Seguirá habiendo escasez de trabajadores durante años. Debemos estar preparados para encontrar más empleados humanos o hallar una manera de sustituirlos”, dijo Bohdan Dovhanic, un director de negocios que vive en Praga y trabaja en Schneider Electric, una empresa industrial francesa.

Para la República Checa y sus vecinos, el cálculo es de vida o muerte. Se necesita una nueva generación de robots no solo para enfrentar la escasez laboral, sino también para aumentar la flexibilidad y el rendimiento mientras los consumidores exigen un rango más amplio de productos.

En una tarde reciente en Brno, la segunda ciudad más grande del país, cientos de proveedores exhibieron robots articulados, sensores robóticos y otros dispositivos en un salón del tamaño de un aeropuerto en Amper, una convención de automatización. Los compradores se agruparon alrededor de máquinas “inteligentes” que probaban faros de autos o que interactuaban con humanos en espacios compartidos de trabajo.

Muchos están haciendo negocios de manera veloz gracias a que las empresas de todo el este de Europa están incorporándose al impulso de la automatización. En Rittal, un fabricante de conmutadores y armarios de control para robots industriales, los pedidos aumentaron un 15 % el año pasado y un 25 % desde enero.

“Las empresas no pueden producir más, así que su competitividad está disminuyendo”, dijo Jaromir Zeleny, el director general de Rittal. “No quieren depender de la gente”.

El factor costo

El costo es otro factor. El este de Europa se convirtió en un motor de la manufactura al atraer a las multinacionales con bajos salarios. Sin embargo, esa ventaja está flaqueando. El pago mensual promedio en la República Checa aumentó un 8 % el año pasado para llegar a la cifra de 1160 euros, o cerca de $1.400. Aunque es un tercio del promedio en Europa, se espera que siga aumentando.

Los negocios dicen que permitir la entrada de más trabajadores extranjeros podría ser de ayuda. No obstante, el gobierno conservador ha prometido limitar la inmigración, y hace poco impuso límites estrictos a las visas de trabajadores extranjeros.

También están involucradas algunas tendencias de más largo plazo. Las familias no están teniendo hijos con la velocidad suficiente para remplazar a la gente que está a punto de retirarse. La automatización, según se argumenta, podría compensar esa disparidad. Skoda, el fabricante de autos más grande del país, dijo el mes pasado que “aceleraría de manera significativa” la automatización para enfrentar cambios demográficos y presiones salariales.

“Seguirá habiendo escasez de trabajadores durante años”, dijo Bohdan Dovhanic, un director de negocios que vive en Praga y trabaja en Schneider Electric, una empresa industrial francesa. “Debemos estar preparados para encontrar más empleados humanos o hallar una manera de sustituirlos”.

El tema de si los robots ayudarán o amenazarán el sustento de los humanos ha iniciado un feroz debate en el país que acuñó el término. La palabra “robot” se deriva del término eslavo “rabota”, que significa “trabajo arduo” y apareció por primera vez en una obra de teatro checa de 1920 acerca de máquinas creadas para realizar tareas repetitivas en las fábricas. Los robots cooperaron al principio, pero terminaron por tomar el control.

El riesgo, dicen los críticos, es que sean los trabajadores quienes sufran cuando lleguen las futuras recesiones. “No van a apagar los robots y traer de regreso a la gente”, dijo Michal Pechoucek, director del Centro de Inteligencia Artificial en la Universidad Técnica Checa en Praga.

Los sindicatos checos hacen eco de esas advertencias. “A menos que los líderes de negocios, los políticos y los sindicatos reaccionen como es debido y responsablemente a la próxima revolución industrial”, dijo Josef Stredula, presidente de la Confederación Checa-Morava de Organizaciones Sindicales, “incluso más empleos estarán amenazados”.