16 febrero
Seis meses después de que China revelara un plan para convertirse en el líder mundial en inteligencia artificial, los expertos en inteligencia artificial de Estados Unidos dicen que la Casa Blanca ha hecho poco por cumplir con el llamado a las armas de la administración anterior.

​En julio, China desveló un plan según el cual, en el 2030 será el líder dentro del ramo de la inteligencia artificial y su economía tendrá una industria valorada en $150.000 millones.

Para los tecnólogos que trabajan con inteligencia artificial en Estados Unidos, el comunicado de 28 páginas traducidas al inglés fue un desafío directo al liderazgo estadounidense en la que se podría considerar la investigación tecnológica más importante de las próximas décadas.

El anuncio describía el agresivo plan del gobierno asiático para tratar la inteligencia artificial como la versión china de la misión lunar del Apolo 11: una iniciativa total que pudiera avivar el orgullo nacional y encender la chispa de descubrimientos tecnológicos que determinen una agenda.

El manifiesto también tenía una similitud sorprendente con varios informes sobre el futuro de la inteligencia artificial que divulgó el gobierno de Obama a finales de 2016.

“Es increíble ver cómo la inteligencia artificial se ha convertido en una prioridad máxima para los líderes de China y qué tan rápido han puesto manos a la obra”, afirmó Elsa Kania, una profesora asociada del Center for a New American Security que ayudó a traducir el manifiesto y sigue el trabajo que están realizando los chinos en inteligencia artificial. “Los planes y las políticas que Estados Unidos divulgó en el 2016 al parecer fueron el incentivo para la formulación de la estrategia nacional de China sobre la inteligencia artificial”.

Sin embargo, seis meses después de que China pareciera haber imitado el mapa que se trazó en la era de Obama, los expertos en inteligencia artificial dentro de la industria y la academia en Estados Unidos aseguran que la Casa Blanca de Trump ha hecho poco por continuar con el grito económico de guerra del gobierno anterior.

“Estamos esperando que la Casa Blanca nos muestre alguna dirección” respecto de la forma en que daremos una respuesta a la competencia, señaló Tim Hwang, quien trabajó en políticas de inteligencia artificial para Google y es director del Fondo por la Ética y la Gobernabilidad de la Inteligencia Artificial, una nueva organización que crearon el fundador de LinkedIn, Reid Hoffman, y otros para financiar la investigación sobre inteligencia artificial.

Liderazgo menguante

La acogida que China le dio a la inteligencia artificial llega en un momento crucial en el desarrollo de la tecnología y justo cuando comienza a menguar el liderazgo que Estados Unidos disfrutó durante mucho tiempo.

Durante décadas, la inteligencia artificial fue más ficción que ciencia. No obstante, en los últimos años, las mejoras espectaculares han provocado que algunas de las empresas más grandes de Silicon Valley y Detroit —además de China— hayan invertido miles de millones de dólares en todo, desde vehículos autónomos hasta electrodomésticos que pueden conversar con un humano.

La inteligencia artificial también se ha convertido en una parte significativa de la política de defensa nacional, ya que los líderes militares y los especialistas en ética están debatiendo qué tanta autonomía debemos dar a las armas que pueden pensar por sí solas.Las empresas estadounidenses como Amazon y Google han hecho más que nadie para que los conceptos de inteligencia artificial se vuelvan productos reales.

Sin embargo, por una buena cantidad de razones, entre ellas la preocupación respecto de que el gobierno de Trump limite el número de ingenieros inmigrantes en Estados Unidos, la mayoría de la investigación esencial sobre inteligencia artificial está migrando a otros países, como los centros tecnológicos de moda que son Toronto, Londres y Pekín.

“Se necesitan inmensas cantidades de datos para “entrenar” los sistemas de inteligencia artificial, y en Estados Unidos la mayoría de estos se encuentran encerrados dentro de empresas como Facebook y Google. China tiene una enorme ventaja en este rubro porque su gran población generará más datos y sus empresas están más dispuestas a compartir”.

Para la creciente comunidad tecnológica de China, estar detrás de la próxima maravilla de la industria —un mantra de Silicon Valley— cada vez luce más como una posibilidad prometedora.

“Gracias al tamaño del mercado y a la rápida experimentación, China será uno de los países más poderosos del mundo en el ramo de la inteligencia artificial, si no es que el más poderoso”, comentó Kai Fu-Lee, un exejecutivo de Microsoft y Google que dirige una firma china de capital de riesgo que se dedica a la inteligencia artificial.

La Oficina de Política de Ciencia y Tecnología (OSTP, por su sigla en inglés) fue la encargada de llevar a cabo los informes sobre inteligencia artificial de 2016 durante el gobierno del presidente Barack Obama.

En la actualidad, el director adjunto de tecnología Michael Kratsios es el encargado de la OSTP, órgano que ha supervisado las actividades científicas y tecnológicas del gobierno federal durante más de cuatro décadas. Kratsios trabajó como analista en Wall Street antes de ser director de personal en un fondo de inversión que dirigía Peter Thiel, un capitalista de riesgo que apoyó la campaña presidencial de Trump.

El gobierno todavía debe nombrar a un director u ocupar otros cuatro puestos de adjuntos.

Sin preocupaciones

En una entrevista reciente, Kratsios insistió en que no había fundamentos para preocuparse por la estrategia del gobierno sobre la inteligencia artificial. “El asunto clave que debemos recordar es que la vanguardia de la política sobre inteligencia artificial se encuentra en las agencias”, explicó Kratsios. “La Casa Blanca es un convocante y un coordinador”.

En unos planes que recordaron a los planteados durante la presidencia de Obama, el gobierno de China mencionó que tenía la intención de aumentar de manera significativa el financiamiento a largo plazo para la investigación de la inteligencia artificial y de desarrollar una comunidad mucho más grande de investigadores especializados en el tema.Hay varias formas de lograr ese objetivo, según los gobiernos de Obama y de China.

Primero, debe haber más estudiantes que se capaciten en estas tecnologías. Segundo, se deben reclutar expertos de otros países.

Al mismo tiempo, las dos declaraciones de política instaban a las empresas a compartir más tecnología e información.

Se necesitan inmensas cantidades de datos para “entrenar” los sistemas de inteligencia artificial, y en Estados Unidos la mayoría de estos se encuentran encerrados dentro de empresas como Facebook y Google.

Lee aseguró que China tiene una enorme ventaja en este rubro porque su gran población generará más datos y sus empresas están más dispuestas a compartir. Durante algún tiempo, la inteligencia artificial ha sido uno de los puntos cruciales para los tecnólogos chinos.

En el 2013 China producía más trabajos de investigación que Estados Unidos en el área del “aprendizaje profundo”, la tecnología clave detrás del ascenso de la inteligencia artificial, según los informes de Obama.

El aprendizaje profundo permite que las máquinas aprendan tareas después de analizar cantidades gigantescas de datos.

No está claro cuánto está gastando China en total. Sin embargo, un estado chino ha prometido invertir $5.000 millones en inteligencia artificial, y el gobierno de Pekín ha dispuesto $2.000 millones en un parque de investigación y desarrollo dedicado a la inteligencia artificial que estará en la ciudad.

Corea del Sur apartó cerca de $1.000 millones por su lado.

Canadá, hogar de muchos de los mejores investigadores en el campo, ha destinado $125 millones en parte para atraer a nuevo talento de otros países.

También es difícil decir cuánto gasta el gobierno estadounidense. Las organizaciones gubernamentales como la Actividad de Proyectos de Investigación Avanzados de Inteligencia, el Instituto Nacional de Normas y Tecnología, y la Fundación Nacional para la Ciencia mantienen el financiamiento de nuevas investigaciones en las universidades y en el sector privado.

De acuerdo con un informe de la OSTP, en 2015, el gobierno federal gastó cerca de $1.000 millones.

La administración de Trump asegura que el gasto se disparó a $3.000 millones de dólares en el 2017. Sin embargo, señaló que no era una comparación directa con la suma del 2015, porque no había certeza en la forma que el gobierno de Obama había realizado sus cálculos.

“Tal vez a muchas pequeñas iniciativas dentro del gobierno les va bien, pero no tenemos una estrategia central a nivel nacional”, afirmó Jack Clark, quien trabajara de periodista y ahora supervisa estrategias políticas en OpenAI, el laboratorio de inteligencia artificial que cofundó Elon Musk, el director ejecutivo de Tesla. “Causa confusión que tengamos esta tecnología de un mérito y una potencia tan evidentes, pero que no tengamos conocimiento de un apoyo absoluto que incluya el respaldo económico”.

El presupuesto del gobierno de Trump para el 2018 busca recortar 15 % el financiamiento de la investigación científica y tecnológica, según un informe de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

“Justamente están yendo en una dirección equivocada”, mencionó Thomas Kalil, quien dirigió la División de Innovación y Tecnología de la OSTP en el mandato de Obama. “Es preocupante, en particular porque China ha identificado que el financiamiento debe ser una de sus prioridades estratégicas”.