Por: Binyamin Appelbaum.   14 diciembre, 2018
Los inversionistas están mostrándose inquietos acerca de la capacidad del sector empresarial para mantener niveles elevados de rentabilidad.
Los inversionistas están mostrándose inquietos acerca de la capacidad del sector empresarial para mantener niveles elevados de rentabilidad.

Las señales emergentes de debilidad en los principales sectores económicos, que incluyen la fabricación de automóviles, la agricultura y la construcción de casas, están propiciando que algunos expertos en pronósticos económicos adviertan que uno de los periodos más largos en la historia del crecimiento económico de Estados Unidos quizás esté llegando a su fin.

La economía ha tenido una apariencia saludable y ha crecido a un ritmo anual del 3,5 % durante el tercer trimestre y ha llevado la tasa de desempleo al 3,7 %, el nivel más bajo en casi medio siglo. Sin embargo, los planes de General Motors de recortar 14.000 empleos y cerrar cinco fábricas reafirman otros indicios recientes de que la mejor parte del crecimiento ya quedó en el pasado.

“Estamos en el décimo año de crecimiento, y existen algunos puntos débiles”, comentó Ellen Hughes-Cromwick, ex economista en jefe de Ford Motor Co. y del Departamento de Comercio que ahora es profesora en la Universidad de Michigan. “El ciclo de las ventas de automóviles ha alcanzado su punto máximo, al igual que el ciclo de la vivienda”.

Hughes-Cromwick señaló que las tasas de interés más elevadas, junto con el aumento de la inflación y la titubeante confianza de las empresas, podrían preparar el camino para una recesión. En ese escenario, afirmó, “No veo en verdad la forma en que la economía pueda seguir acelerándose”.

La gran mayoría de los expertos en pronósticos económicos, incluyendo diversas ramas del gobierno federal y todos los principales bancos de Wall Street, siguen considerando un crecimiento sostenido como el resultado más probable para la economía estadounidense en 2019. No obstante, existe un amplio consenso en que el ritmo del crecimiento disminuirá debido a que está empezando a desaparecer la energía inyectada por el recorte de $1,5 billones del gobierno de Trump y los aumentos en el gasto. Además, algunos expertos ven una pequeña, pero creciente, probabilidad de recesión.

“En buena forma”

Larry Kudlow, principal asesor económico del presidente Donald Trump, intentó restarle importancia a esas inquietudes al insistir en que la salud general de la economía seguía siendo fuerte.

“Estoy leyendo que existe cierto pesimismo, tal vez tenga que ver con una leve corrección en el mercado de valores”, comentó Kudlow, antes de decir que ese pesimismo es infundado. Mencionó datos económicos —incluyendo los informes más recientes del empleo, los cuales describió como “muy sólidos”— para recalcar la fuerza de la economía estadounidense, antes de concluir: “Estamos en muy buena forma”.

Jerome H. Powell, presidente de la Reserva Federal, también se ha mostrado optimista al declarar recientemente en Texas que estaba “muy contento por el estado de la economía”.

La principal causa de preocupación es una brecha cada vez más amplia entre la fortaleza evidente de la economía este año y la debilidad de los indicadores económicos que se avecinan en los próximos años. Esta brecha se acentuó el martes con los datos más recientes sobre la confianza del consumidor, la cual mostró que los estadounidenses seguían estando satisfechos con las circunstancias actuales, pero que tenían menos confianza en que continuara el crecimiento.

Los inversionistas están mostrándose inquietos acerca de la capacidad del sector empresarial para mantener niveles elevados de rentabilidad. Los principales índices bursátiles están prácticamente sin cambios para el año.

“Estoy llegando a acuerdos y no me estoy adecuando a lo que decide la Reserva Federal”, afirmó. “Están cometiendo un error porque yo soy intuitivo y a veces mi intuición me dice más de lo que pueda decirme el cerebro de cualquier otro”.

Algunas empresas también están comenzando a preocuparse. Los agricultores están teniendo grandes pérdidas porque no pueden vender sus cosechas a China en esta guerra comercial entre Washington y Pekín. En los últimos meses, han disminuido las ventas de casas nuevas y ya existentes debido al aumento en las tasas de interés. Las ventas de automóviles, que también resienten la elevación de las tasas, han estado cayendo desde 2016.

“Es un crecimiento geriátrico”, comentó David Kelly, principal estratega global en JPMorgan Funds.

Kelly observó que si continuaba el crecimiento económico hasta el próximo verano, sería el crecimiento más largo en la economía estadounidense desde por lo menos la Guerra Civil.

Es sabido entre los economistas que los crecimientos no mueren por viejos. Pero es muy probable que el final de los estímulos fiscales de Trump provoque que el crecimiento económico regrese a una tasa anual del 2 %, dejando poco margen de error. “No sería difícil que si nos equivocamos, caigamos en una recesión”, señaló Kelly.

Muchos analistas consideran a Trump y Powell como las amenazas más grandes para el crecimiento económico.

Se espera que la guerra de Trump con China todavía tenga un impacto visible en el crecimiento interno, pero si el conflicto continúa o se incrementa, podría aumentar el impacto sobre la economía.

Otra inquietud es que la tendencia actual en los aumentos a las tasas de interés de la Reserva Federal sofoque el crecimiento.

Ambas presiones ya están afectando a la industria automotriz. Los aranceles de Trump sobre el acero y el aluminio han elevado los costos para los fabricantes de automóviles, quienes son los consumidores más importantes de esos materiales en el país. Mientras tanto, los aumentos en las tasas de interés de la Reserva Federal han elevado el costo de los préstamos para automóviles, lo cual desalienta a los posibles compradores.

Trump culpa a la FED

Trump señaló al Washington Post que la Reserva Federal estaba perjudicando el crecimiento económico y la culpó por las dificultades de General Motors.

“Estoy llegando a acuerdos y no me estoy adecuando a lo que decide la Reserva Federal”, afirmó. “Están cometiendo un error porque yo soy intuitivo y a veces mi intuición me dice más de lo que pueda decirme el cerebro de cualquier otro”.

Los recortes de GM reflejan los desafíos específicos que enfrenta la industria automotriz, los cuales incluyen el incipiente cambio hacia los vehículos eléctricos y autónomos. Mary T. Barra, directora general de la empresa, señaló que GM estaba despidiendo a algunos ingenieros mecánicos para contratar a más ingenieros informáticos. Además, afirmó que la empresa no estaba tomando medidas preventivas para una recesión. “Estamos tomando estas medidas mientras la empresa y la economía están fuertes para permanecer al frente de un mercado de rápidos cambios”, comentó.

Sin embargo, el recorte de la compañía destacó la fragilidad más general del crecimiento económico. GM debe financiar sus planes de inversión reduciendo otras áreas de su empresa pues sus costos están subiendo mientras que las ventas están bajando en sus dos mercados principales: Estados Unidos y China.

El gobierno de Trump señaló que sus políticas económicas darían un impulso duradero al crecimiento, y el presidente destacó concretamente a la industria automotriz, y a GM, como beneficiarios de esas políticas. No obstante, hasta ahora, esas políticas han provocado un aumento del gasto a corto plazo.

Algunos analistas mencionan que concentrarse en lo que podría salir mal está empañando la realidad de que la economía sigue siendo fuerte. El motor principal del crecimiento es el gasto del consumidor, el cual representa cerca de dos terceras partes de la actividad económica. Ha aumentado el ritmo de las mejoras salariales, la confianza del consumidor sigue cercana al punto máximo establecido después de la recesión de hace algunos meses, y los comerciantes están previendo una buena temporada de fiestas navideñas.

“A los consumidores todavía no se les ha terminado el dinero ni la confianza, lo que significa que el crecimiento económico sigue en marcha”, comentó Chris Rupkey, economista financiero en jefe en MUFG. Rupkey señaló que el 46,6 por ciento de los consumidores declararon en la encuesta de confianza del consumidor de noviembre que había muchos empleos de calidad, la mejor cifra durante la recuperación actual. “¿Por qué es tan alto el nivel de confianza?”, preguntó. “Es por los empleos, los empleos, los empleos”.